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Síndrome post-cuidados intensivos en la unidad de cuidados intensivos.

26 diciembre 2021

AUTORES

  1. Virginia Beatriz Heredia Diez. Graduado en enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  2. María del Pilar Suarez Gorris. Graduado en enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  3. Elena Badía Romano. Graduado en enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  4. Carlos Martín Gracia. Graduado en enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  5. Lucía Torralba Elía. Graduado en enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  6. Carmen Prieto Sancho. Graduado en enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Militar. Zaragoza. España.

 

RESUMEN

La mayoría de los pacientes que ingresan en una Unidad de Cuidados Intensivos sufren complicaciones e importantes secuelas psíquicas, funcionales y neurocognitivas que afectan a su calidad de vida. Estas secuelas se conocen como el síndrome post-cuidados intensivos, que se desarrollan rápidamente durante el ingreso y pueden persistir tras el alta hospitalaria. Su abordaje multidisciplinar permitirá su pronta detección y tratamiento para evitar que se desarrollen secuelas incompatibles con una vida social, familiar y laboral adecuada.

OBJETIVO: Comprender qué es el síndrome post-cuidados intensivos en el paciente crítico en la Unidad de Cuidados Intensivos.

MÉTODO: Realizar una revisión sistemática de las publicaciones científicas sobre el tema consultando las bases de datos Scielo, Medline, Cuiden y ScienceDirect. A través de ellas se profundizará en el síndrome post-cuidados intensivos para poder detectarlo lo antes posible y poder mejorar la calidad de vida de los pacientes.

 

PALABRAS CLAVE

Unidad de Cuidados Intensivos, síndrome, rehabilitación, cuidados intensivos.

 

ABSTRACT

Most patients admitted to an Intensive Care Unit suffer complications and important psychological, physical and neurocognitive sequelae that affect their quality of life. These sequelae are known as the Post-intensive care syndrome, which develops quickly during admission and it can persist after hospital discharge. Its multidisciplinary approach will allow this early detection and treatment to avoid the development of sequelae that are incompatible with an adequate social, family and work life.

 

KEY WORDS

Intensive Care Unit, syndrome, rehabilitation, critical care.

 

DESARROLLO DEL TEMA

Los avances tecnológicos de la Unidad de Cuidados Intensivos (en adelante: UCI) han aumentado la tasa de supervivencia de los pacientes en estado crítico. Ello sumado a que la esperanza de vida cada vez es mayor, contribuye a que el perfil del paciente crítico sea cada vez más complejo y a que se incremente el número de pacientes que tienen cabida en esta unidad y que sobreviven a la misma 1,2,3,4,5.

La mayoría de los pacientes que ingresan en una UCI sufren complicaciones e importantes secuelas psíquicas, funcionales y neurocognitivas que afectan a su calidad de vida. A estas secuelas se les conoce como el síndrome post-cuidados intensivos (en adelante: PICS) o síndrome post terapia intensiva (en adelante: SPTI) 1,2,4,5.

El PICS proviene del inglés “Post Intensive Care Syndrome”. Dicho término se referenció por primera vez en la Conferencia de la Sociedad de Medicina de Cuidados Críticos en el año 2010 y afecta a un 30-50% de los pacientes que han estado en estado crítico. El PICS es un síndrome que engloba síntomas físicos, cognitivos y mentales que afectan al paciente durante su estancia en la UCI y que pueden persistir tras el alta hospitalaria. Éste se desarrolla rápidamente y puede persistir durante 5 años tras el alta. Su abordaje debe ser multidisciplinar, evaluando y abarcando todos los componentes e iniciando el tratamiento lo antes posible 2,3,6.

Además, estos síntomas pueden afectar también a los familiares, conociéndose como el síndrome post-cuidados intensivos en la familia (en adelante: PICS-f), provocando un problema social. Aparece en las familias del paciente crítico o en el cuidador principal ansiedad, depresión, fatiga, estrés postraumático, problemas de sueño y trastornos de la alimentación. Algunas de estas dificultades no aparecen en la fase aguda, sino que se van desarrollando a lo largo de las primeras semanas tras el alta de la UCI, lo cual podría estar asociado a la dificultad en la adquisición de los nuevos roles de cuidados 2,4,6.

 

Este síndrome se debe entender como un todo, cuyas disfunciones más importantes son las disfunciones físicas, mentales y cognitivas. A continuación, se detalla cada una de ellas 2,3,4,5:

Dentro de las disfunciones físicas se encuentra la debilidad muscular provocada por el estado crítico, la cual no estaba presente previa al ingreso en la UCI. Se produce una disminución de la fuerza y de la resistencia, así como fatiga, disfagia y un patrón respiratorio restrictivo. Todo ello contribuye a un aumento de los días bajo ventilación mecánica, aumento de los días ingresado tanto en la UCI como en el hospital y a un aumento de la mortalidad.

Dentro de las disfunciones mentales destaca la ansiedad, la depresión, el síndrome de estrés postraumático y los trastornos del sueño. Los pacientes críticos están sometidos a niveles elevados de estrés físico y psicológico durante su ingreso, estrés que pueden experimentar durante los procesos invasivos, el delirium, la reducción de la autonomía, la sedación ligera o el estado inflamatorio entre otros. Según Inoue et al. (2019) y Sheehy et al. (2020) se consideran factores de riesgo la existencia de enfermedades psiquiátricas previas, ser joven, ser mujer, consumir alcohol, la sedación con opiáceos en la UCI y la aparición de síntomas durante el ingreso.

Por último, las disfunciones cognitivas afectan al 70-100% de los pacientes críticos. Las funciones más frecuentemente afectadas son la atención, la memoria, el lenguaje, la orientación temporo-visual-espacial y la función ejecutiva. Podrían ser causadas por las fluctuaciones en los niveles de glucosa (hipoglucemia, hiperglucemia y fluctuaciones en la glucosa sérica), por el estrés agudo y por el delirium. A los tres meses de ser dado de alta de la UCI, el 40% de los pacientes muestra un rendimiento cognitivo equivalente al de un paciente con un traumatismo craneoencefálico moderado y el 26% de los pacientes muestra un rendimiento similar al de un Alzheimer leve. Frecuentemente persiste ese bajo rendimiento durante los 12 meses posteriores al alta.

Por otro lado, el PICS tiene un alto impacto en la vida laboral de los pacientes y de las familias. En torno al 49% de los pacientes retomarán su trabajo previo al año del alta de la UCI, aproximadamente un tercio no volverán a trabajar y otro tercio trabajarán en otro trabajo diferente al que tenían previo al ingreso 3,5.

Es evidente que sus consecuencias a medio y largo plazo impactan en la calidad de vida de los pacientes y de las familias, de ahí la importancia de detectarlo y abordarlo prontamente por parte de los profesionales y la familia. Sin olvidar la premisa de que el alta no debe ser el único objetivo: la calidad de vida final y el grado de dependencia son fines igual de importantes 2,6.

 

Existen diferentes medidas que ayudarán a prevenir y tratar el PICS. Por ejemplo, para abordar la función física se recomienda reducir el tiempo de inmovilización de los pacientes con rehabilitación temprana, ya que previene la debilidad adquirida en la UCI. Se recomiendan sesiones diarias en las que se combinan ejercicios de fuerza de miembros junto con ejercicios de mejora de fuerza respiratoria. Se debe concienciar al equipo de los beneficios existentes de la movilización precoz. Otras medidas beneficiosas son el control de los niveles de glucemia y minimizar la sedación (optando por una sedación intermitente o mínima) 2,3,4.

Para abordar la función mental se recomienda identificar los grupos de riesgo de sufrir el síndrome de estrés postraumático, como son los pacientes que sufren ingresos de larga estancia, los destetes complicados o la sedación prolongada (aquella que dura más de 48 horas). Se ha demostrado que la intervención psicológica temprana por especialistas y la creación de un diario de UCI resulta beneficiosa 2,3,4.

Por último, para abordar la función cognitiva se debe detectar el delirium durante el ingreso, entendiéndolo como el factor de riesgo más importante para evitar la disfunción cognitiva. Se recomiendan medidas no farmacológicas como la luz natural diurna, el respeto del sueño nocturno, la orientación del paciente fomentando el uso de gafas o audífonos, la comunicación con dispositivos, evitar el ruido, la sed y la desnutrición. Agrupar los cuidados para no interferir en el descanso, el acompañamiento familiar, las adecuadas técnicas de movilización y el empleo de diferentes escalas como la escala CAM-ICU (Confusion Assessment Method for the ICU) y la ICDSC (Intensive Care Delirium Screening Checklist) ayudarán a prevenir el delirium. Otra medida beneficiosa es también el control de los niveles de glucemia, ya que sus fluctuaciones pueden producir secuelas cognitivas 2,3,4,7.

Tras el alta, se recomienda un seguimiento para identificar, evaluar y tratar aquellas deficiencias y así iniciar lo antes posible un programa de rehabilitación multidisciplinar. Se hará un primer encuentro dentro del primer mes tras el alta hospitalaria, y en función de las secuelas existentes, el equipo encargado del seguimiento establecerá la frecuencia de visitas posteriores 3,4.

 

Tal es su importancia, que el PICS se incluye como una de las siete estrategias a abordar para humanizar los cuidados de la UCI según el proyecto de Investigación Internacional “Humanizando los Cuidados Intensivos” (HU-CI). Dicho proyecto recomienda el uso de protocolos para prevenir, detectar y atender el PICS tanto en el paciente como en la familia y realizar un seguimiento al alta que incluya valoraciones cognitivas, psicológicas y funcionales. Siguiendo sus premisas se recomienda prevenir el delirium, realizar una movilización precoz, seguir las estrategias de analgesia y sedación, incluir protocolos de fisioterapia respiratoria temprana, de paseos fuera de UCI en pacientes seleccionados y de seguimiento intrahospitalario tanto a pacientes como a familiares con PICS al alta de la UCI. Se recomienda llevar a cabo una atención centrada en la persona y familia, así como el empleo de instrumentos validados para valorar la calidad de vida del paciente antes y después del ingreso en la UCI 6,8.

Promover la realización de estas intervenciones favorecerá la recuperación del paciente crítico, minimizando la aparición de posibles secuelas y mejorando su calidad de vida 4,5.

Todas las alteraciones físicas, cognitivas y emocionales pueden ser profundas y duraderas, produciendo un impacto en la calidad de vida que genere secuelas incompatibles con una vida social, familiar y laboral adecuada. La alta prevalencia de estas secuelas en los pacientes críticos de la UCI hace necesaria una evaluación para descartar la presencia de estas dificultades en todos los pacientes que han ingresado en la UCI. De esta manera, se detectará cualquier dificultad y se podrá iniciar un programa de rehabilitación para recuperar las funciones afectadas, o en su defecto, minimizar el impacto para conseguir la mayor recuperación posible 4.

 

BIBLIOGRAFÍA

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