Type to search

Síndrome disfórico premenstrual. la importancia del tratamiento no farmacológico.

Categoría: ,
16 julio 2020

AUTORES

  1. Patricia García Lucas. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Máster en Gerontología Social. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  2. María Ángeles Val Lorente. Diplomada en Fisioterapia por la Universidad de Valladolid (Campus de Soria). Servicio Provincial IES Rodanas.
  3. María Egea Auría. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Máster en Gerontología Social. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
  4. Gloria Cucalón Leciñena. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Máster en Biología Molecular y Biomedicina. Hospital Clínico Lozano Blesa (Zaragoza, España).
  5. Eva Monge Pelegrín. Diplomada en Fisioterapia por la Universidad de Zaragoza. Máster en Osteopatía Estructural. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza (España).
  6. Silvia Gran Embid. Diplomada en Fisioterapia y Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Máster en Gerontología Social. Hospital Clínico Lozano Blesa (Zaragoza, España).

RESUMEN

Las mujeres padecen gran variedad de síntomas que, en mayor o menor medida, acompañan a la menstruación. El conjunto de síntomas que pueden aparecer en las semanas previas a la menstruación se denomina síndrome premenstrual. Cuando estos síntomas invalidan o impiden aspectos de la vida cotidiana de las mujeres se denomina síndrome disfórico premenstrual. En este artículo, se aborda las características de estos síndromes, así como las posibilidades que tenemos de beneficiar a nuestras pacientes desde la perspectiva de un equipo multidisciplinar en el abordaje del tratamiento no farmacológico desde los estudios de distintos autores.

PALABRAS CLAVE

Síndrome premenstrual, trastorno disfórico premenstrual.

INTRODUCCIÓN

El ciclo menstrual de la mujer se divide en cuatro fases: fase folicular, ovulación, fase lútea y menstruación, que se caracterizan por el aumento o disminución de hormonas como la FSH, LH, estrógenos y progesterona. Para este artículo nos vamos a centrar en la fase lútea y los primeros días de la menstruación que son aquellas en las que un gran porcentaje de mujeres sufren más de 150 síntomas que componen el síndrome premenstrual, que pueden afectar negativamente de forma leve pero también de forma importante a la vida diaria de las mujeres. 1

La definición más utilizada de síndrome premenstrual es la propuesta por la psiquiatra Silvia Gaviria, que lo define como el conjunto de síntomas emocionales, comportamentales y somáticos que se presentan al final de la fase luteínica y que se resuelven con la menstruación. Entre un 20- 40% de las mujeres afirman tener síntomas premenstruales durante la fase lútea, que pueden durar desde unos días hasta varias semanas y que son definidos como clínicamente relevantes. Entre ellas alrededor de 5- 8% cumplen los criterios del trastorno disfórico premenstrual (TDPM). El TDPM es una variante severa del síndrome premenstrual en el que se dan síntomas físicos y emocionales, que se pueden presentar en mayor o menor intensidad. Sin embargo, los más invalidantes son cambios de humor extremos, irritabilidad, tensión, depresión y ganas de llorar.2,3

El TDPM está infradiagnosticado, su prevalencia aumenta entre la tercera y la cuarta década de la vida. Sus síntomas pueden aumentar o disminuir tras los partos, con la edad o al iniciar o concluir un tratamiento anticonceptivo, es decir, en cualquier momento vital en el que se producen cambios hormonales. Además, el TDPM está relacionado con el aumento del riesgo de trastorno depresivo mayor, depresión posparto y otros cuadros del espectro serotonérgico. 2-4

Aunque aún no se ha establecido su mecanismo fisiopatológico, se cree que están causados por factores genéticos, neurobiológicos y endocrinos. No obstante, también existen hipótesis que los relacionan con las hormonas sexuales, fármacos y la regulación serotonérgica. Una gran parte de los autores ha evidenciado que el SPM y TDPM se manifiestan por reactividad aumentada del Sistema Nervioso a niveles normales de hormonas o a fluctuaciones en los niveles de esteroides gonadales. Algunos autores defienden que los estrógenos regulan el nivel de serotonina, por lo que cuando hay una disminución de los mismos en la fase lútea hay un descenso evidenciado de los niveles de serotonina que podrían causar muchos de los síntomas emocionales de SP y el TDPM. 3-5

El TDPM no tiene un diagnóstico objetivo basado en pruebas diagnósticas ni análisis clínicos. Según el DMS V, los síntomas se asocian a malestar clínicamente significativo o interferencia en el trabajo, la escuela y las actividades sociales. La alteración no es simplemente una exacerbación de los síntomas de otro trastorno, como el trastorno de depresión mayor, el trastorno de pánico, el trastorno depresivo persistente o un trastorno de la personalidad (aunque puede coexistir con cualquiera de estos) ni se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o a otra afección médica. Los criterios diagnósticos del DMS V concluyen que deben estar presentes uno (o más) de los siguientes síntomas: Labilidad afectiva intensa (p. ej., cambios de humor, de repente está triste o llorosa, o aumento de la sensibilidad al rechazo); irritabilidad intensa, o enfado o aumento de los conflictos interpersonales; estado del ánimo intensamente deprimido, sentimiento de desesperanza o ideas de autodesprecio y/o ansiedad, tensión, y/o sensación intensa de estar excitada y/o nerviosa. Y además, uno (o más) de los síntomas siguientes también han de estar presentes, hasta llegar a un total de cinco síntomas cuando se combinan con los síntomas afectivos: disminución del interés por las actividades habituales, dificultad subjetiva de concentración, letargo, fatigabilidad fácil o intensa falta de energía, cambio importante del apetito, sobrealimentación o anhelo de alimentos específicos, hipersomnia o insomnio, sensación de estar agobiada o sin control y/o síntomas físicos como dolor o tumefacción mamaria, dolor articular o muscular, sensación de “hinchazón” o aumento de peso. Las pacientes deben apuntar en un cuaderno los síntomas durante varios meses para corroborar el diagnóstico. 6,7

OBJETIVO

El objetivo de este artículo es contrastar diferentes autores, para así, evidenciar los distintos tipos de tratamiento. Haciendo hincapié en el no farmacológico, para que, en la labor de los profesionales de enfermería, poder ayudar a paliar los síntomas propios del SP y el TDPM y así conseguir que afecten de la menor manera posible a las pacientes que los padecen y tratar de evitar las connotaciones negativas que afectan a la vida diaria de las pacientes.

MÉTODO

Se ha realizado una revisión bibliográfica en Google Académico, con una acotación temporal de los 10 últimos años (2010- 2020). Con las palabras clave: síndrome disfórico premenstrual, se encontraron 819 artículos, de los que se seleccionaron 9, utilizados en el artículo por su relevancia con el tema a tratar.

DISCUSIÓN

Como tratamiento farmacológico, todos los autores consultados están de acuerdo en sus estudios que la terapia más efectiva son los Inhibidores de la Recaptación de la Serotonina (ISRS), de forma diaria o durante la fase lútea. 4

En cuanto al tratamiento no farmacológico existen diferentes campos. En las medidas dietéticas León- García, Fernández, Dick Paredes et al. y Chavarría hablan de reducir hábitos perjudiciales como el consumo de cafeína, alcohol, azúcar refinado y sal, (Alba y Rodríguez añaden además de estos disminuir el chocolate). Además todos los autores mencionados coinciden en aumentar el consumo de carbohidratos complejos, así como de la importancia de algunas vitaminas y minerales (pueden ser mediante suplementos) en la formación de serotonina cómo el triptófano, ácidos grasos esenciales, ácido fólico, zinc, vitaminas E, B6, B12, calcio y magnesio, siendo estos últimos los más relevantes. Así mismo Land-Goñi y Avellana-Moreno también se suman a los suplementos de Calcio y Magnesio, aunque hablan de que tienen una eficacia no muy demostrada y le dan más importancia al suplemento de B6.1,2-5,8,9

Además, algunos autores como León- García, Chavarría, Alba y Rodríguez y Cedeño Franco et al hablan de la planta medicinal Vitex agnus castus para la reducción de los síntomas. 3-5,8

En relación a la práctica de ejercicio físico, cabe señalar que, aunque León- García no lo menciona como tal, sí menciona la importancia para la serotonina de la luz natural para la serotonina. Tanto Fernández como Bustos et al. concluyen que no hay evidencia científica suficiente que avale la mejora de los síntomas mediante el ejercicio. Chavarría defiende que los ejercicios aeróbicos producen alivio de los síntomas, las terapias de relajación, respiración, meditación y yoga. Alba y Rodríguez, en su artículo, hablan de que practicar ejercicio durante 30 minutos, 2 o 3 veces por semana, puede ser beneficioso, aunque no hablan de que tipo de ejercicio. Dick Paredes et al habla de ejercicios aeróbicos sin diferenciar cantidad ni intensidad y el yoga, junto con ejercicios focalizados al manejo del estrés.3-5,8

Entre resto de métodos no farmacológicos podemos encontrar a Chavarría que habla de que pueden ser beneficiosos los masajes terapéuticos y acupuntura cómo método de reducción del estrés y con ello los síntomas. También habla de la importancia de dormir suficiente y que la psicoterapia puede ayudar a las mujeres, a conocer sus síntomas y aceptar la situación. Dick Paredes también defiende que las mujeres podrían beneficiarse de la psicoterapia, grupos de apoyo y reducción del estrés. 3,8

CONCLUSIÓN

Tras la revisión bibliográfica podemos concluir que, como profesionales de la enfermería podemos encontrar un amplio campo de trabajo en los hábitos de las mujeres para reducir, no sólo la sintomatología del SP y el SDPM, también los molestos síntomas que acompañan a la menstruación, aunque no sean considerados invalidantes. La promoción de un estilo de vida saludable, mediante la realización regular de ejercicio; la reducción del estrés a través de la práctica de ejercicios respiratorios, meditación, yoga, etc. Y la reeducación alimentaria con la reducción de elementos perjudiciales como la cafeína, el alcohol, la sal, los azúcares refinados, las grasas; y el aumento de alimentos ricos en carbohidratos complejos y vitaminas y minerales, especialmente de vitamina B6, magnesio y calcio.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Fernández Míguez, M. Estudio epidemiológico de los factores de riesgo del síndrome premenstrual y del trastorno disfórico premenstrual. Universidad de Santiago de Compostela.; 2019.
  2. O’Brien PM, Backstrom T, Bown C, Dennerstein L, Endicott J, Epperson CN et al. Towards a consensus on diagnostic criteria, measurement and trial desing of the premenstrual disorders: the ISPMD Montreal consensus. Arch Womans Mental Health 2011: 14(1), 13- 21.
  3. Chavarría SJ. Diagnostico y tratamiento del síndrome premenstrual. Rev Med Cos Cen. 2013;70(608):709-715.
  4. León-García, M.. Serotonina, ciclo menstrual y síndrome premenstrual. Medicina Naturista. 2015, 9 (2) I.S.S.N.: 1576-3080, [online] (Vol. 9 – N.º 2: 103-108). Available at: <http://file:///C:/Users/z2hi4b/Downloads/Dialnet-SerotoninaCicloMenstrualYSindromePremenstrual-5171319.pdf>.
  5. Alba, P. and Rodríguez, C. Síndrome premenstrual y trastorno disfórico premenstrual. VERTEX Rev. Arg. de Psiquiat. 2014, XXV: 370-376. [online]. Available at: <http://www.editorialpolemos.com.ar/docs/vertex/vertex117.pdf#page=51>.
  6. Bustos ÁR, Arriagada CV, Briceño QK., Matamala CY, Pozo LP, Merino AF et al. Influencia de la Actividad Física en la Sintomatología del Síndrome Premenstrual en universitarias. REV CHIL OBSTET GINECOL. 2018; 83(1): 45-50.
  7. Agostini, G. Trastorno Disfórico Premenstrual (TDPM). PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL. 2018; XXXV (3/4): 238 – 243.
  8. Dick Paredes, D. F., Pazmiño Farfán, J. C., Franco Orellana, J. M., & Bravo Legarda, A. A. Trastorno disfórico premenstrual. RECIAMUC. 2019. 3(1), 199-217.
  9. Cedeño-Franco AE; Gianella-Solórzano S; Barrezueta-Tumbaco G, Giles-Zambrano RM. Síndrome disfórico premenstrual. Revista Científica de Investigación actualización del mundo de las Ciencias, 2015.