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Síndrome de Willis-Ekbom y su relación con problemas psiquiátricos. Una revisión bibliográfica.

28 febrero 2021

AUTORES

  1. Daniel Candala Ramírez. Grado Universitario en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud.Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  2. Guillermo Sánchez Barrón. Grado Universitario en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  3. Violeta Pedragosa González. Grado Universitario en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
  4. Alba Berrocal Elu. Diplomado Universitario de Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
  5. Margarita Elu Escalante. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  6. Noemí Pérez Caamaño. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Servicio Aragonés de Salud. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.

 

RESUMEN

El síndrome de Willis-Ekbom es un trastorno neurológico sensitivo-motor primario, con una variedad clínica importante, caracterizado por una necesidad imperiosa de mover las piernas en situaciones de reposo. El diagnóstico es esencialmente clínico y el tratamiento sintomático. Se realiza una revisión bibliográfica para valorar la relación entre esta enfermedad y problemas psiquiátricos.

 

PALABRAS CLAVE

Síndrome de Willis-Ekbom, ansiedad, síndrome de piernas inquietas.

 

ABSTRACT

Willis-Ekbom syndrome is a primary motor-sensory neurological disorder, with an important clinical variety, characterized by an urgent need to move the legs in resting situations. The diagnosis is essentially clinical, and the treatment is symptomatic. A bibliographic review is carried out to assess the relationship between this disease and psychiatric problems.

 

KEY WORDS

“Willis-Ekbom syndrome, anxiety, restless legs syndrome.

 

INTRODUCCIÓN

El síndrome de piernas inquietas (SPI) o síndrome de Willis-Ekbom es un trastorno neurológico sensitivo-motor primario, con una variedad clínica importante, caracterizado por una necesidad imperiosa de mover las piernas en situaciones de reposo, acompañada generalmente por una sensación desagradable en las piernas1.

 

Por años se consideró como una forma de neurastenia o histeria por su asociación a cuadros ansioso-depresivos. En 1944, el neurólogo Karl Ekbom lo denomina Restless Legs Syndrome. Hoy se conoce como síndrome o enfermedad de Willis-Ekbom, ya que el término restless no refleja la potencial severidad de los síntomas ni tampoco su presentación es exclusiva de las piernas, ya que en casos más graves puede afectar otras zonas, como abdomen, brazos, genitales o cara.

 

El SPI es uno de los trastornos del sueño más frecuentes, afectando entre 5 y 15% de la población general en los países europeos y Estados Unidos de Norteamérica, con una prevalencia que aumenta con la edad1,2, siendo menor en Asia, África y en países hispánicos3,4. Sin embargo, pese a la alta prevalencia, se considera una patología subdiagnosticada.

 

El SPI ocurre de manera más frecuente y más precoz en mujeres (2-3 años antes) 5,6. Aumenta su prevalencia en el embarazo, especialmente durante el séptimo y octavo mes, disminuyendo la severidad de los síntomas después del parto. El riesgo de aparición aumenta con el número de partos, lo que podría estar relacionado con deficiencias de hierro ocurridas con cada embarazo7.

 

La edad de aparición sigue una distribución bimodal, siendo más frecuente entre la tercera y cuarta década de vida16, está influida principalmente por la historia familiar de SPI y el género femenino8.

 

El SPI puede dividirse en una forma idiopática (con o sin historia familiar) y una forma secundaria a diversas patologías. Las formas idiopáticas serían más frecuentes, tendrían un mayor componente genético y se caracterizarían por un inicio más precoz9

 

El SPI puede presentarse secundariamente a deficiencia de hierro, diabetes mellitus, uremia, embarazo, Parkinson, neuropatías, mielopatías, artritis reumatoídea, uso de antipsicóticos y antidepresivos, etc.

 

La clínica se caracteriza por: la necesidad de mover las piernas mejora al movimiento, empeora en el descanso (estando acostado, sentado o durmiendo), presenta un empeoramiento en la tarde y una pequeña mejoría en la mañana después de levantarse. La urgencia de mover las piernas se asemeja a una compulsión, el paciente puede controlarla durante un tiempo, pero cuanto más está sin moverse mayor es la necesidad de hacerlo.

 

Las sensaciones desagradables son difíciles de describir, definiéndose como hormigueo, quemazón, presión, dolor, tirantez, burbujeo, inquietud o desasosiego.

 

El diagnóstico es esencialmente clínico, basado en la descripción de los síntomas e incluye cuatro síntomas cardinales10,11. El primero implica la imperiosa necesidad de mover las piernas, usualmente asociado a una sensación displacentera. El segundo a que la urgencia de mover las piernas comienza o empeora en reposo. El tercero dice relación con el alivio parcial o total de los síntomas con el movimiento. Finalmente, el cuarto a que la urgencia de mover las piernas es más intensa en las tardes o durante la noche y mejora durante el día. En 2014 se agregó un quinto criterio que implica que los síntomas no sean primarios de otras patologías (neuropatías, éstasis venoso, etc.)12

 

Existen otros elementos accesorios en el diagnóstico, como la presencia de movimientos involuntarios periódicos y estereotipados de las piernas durante el sueño (PLMS) (80% de los casos) y detectados solo por polisomnografía.

 

El tratamiento es sintomático. Antes de comenzar es fundamental indagar comorbilidades, causas primarias o situaciones que pudieran estar empeorando los síntomas: deficiencia de hierro (ferritina < 75 ng/mL), mala higiene del sueño (deprivación), uso de alcohol y tabaco, y uso de fármacos (antagonistas dopaminérgicos, antihistamínicos, etc.)13.

 

OBJETIVO

El objetivo del trabajo es la realización de una revisión bibliográfica con el fin de proporcionar información sobre una enfermedad subdiagnosticada como es el síndrome de Willis-Ekbom y su relación con problemas psiquiátricos.

 

METODOLOGÍA

Se ha realizado una revisión bibliográfica en las bases de datos Scielo, Dialnet y Science Direct. Para buscar información complementaria se ha utilizado el buscador Google Académico.

 

RESULTADOS-DISCUSIÓN

 

Existe mayor prevalencia de ansiedad y depresión en SPI14. Kallweit et al. (2016) identificaron algún diagnóstico psiquiátrico en el 39% de los pacientes. El SPI precede a los cuadros depresivos en el 75%, en cambio, los síntomas ansiosos aparecen antes del SPI en el 83%49. El SPI sería un factor de riesgo para depresión, habiendo una relación bidireccional entre ambos 15,16

 

Una de las dificultades para entender la relación entre ambos cuadros es la complejidad diagnóstica que surge dado que comparten síntomas comunes, como las alteraciones del sueño, la fatiga, los problemas de concentración y la agitación psicomotora. Para Gupta et al (2013), el SPI y la depresión no tendrían una relación genética, sino que compartirían mecanismos neurobiológicos comunes. Al igual que como ocurre con otras enfermedades crónicas, el SPI se ha asociado a un aumento del estrés oxidativo y de la actividad simpática, lo que explicaría el aumento de prevalencia de depresión en estos pacientes17.

 

El insomnio de conciliación y mantención son comorbilidades comunes en estos pacientes (62,2%) 18.

 

Existe asociación entre los trastornos de ansiedad y el SPI, la onicofagia y otros trastornos del control de impulsos19, patologías que se encuentran fisiopatológicamente asociadas mediante vías dopaminérgicas centrales.

 

Los trastornos del sueño, el disconfort asociado y la anticipación de los síntomas pueden contribuir a la predisposición de los pacientes a trastornos mentales. Por el contrario, las condiciones psiquiátricas pueden aumentar la conciencia de los períodos de vigilia por la noche, cuando los síntomas son más importantes.

 

Existen mayores tasas de aislamiento social autoinformado, disminución de la líbido, actividad física menos frecuente, peor evaluación autoreportada del estado general de salud mental y reducción de la calidad de vida 20.

Se ha encontrado asociación entre SPI y trastorno de déficit atencional e hiperactividad (TDAH), tanto en niños como adultos. La relación entre ambos cuadros pareciera ser también bidireccional. Entre 20 y 26% de los niños con TDAH, cumplen criterios para SPI y hasta 12-35% de niños con SPI tienen TDAH21. Ambos cuadros poseen una fisiopatología común (déficit de dopamina y deficiencia relativa de hierro) 22,23. Otra explicación plausible se refiere a la mala calidad del dormir en personas con SPI, que puede llevar a síntomas similares al TDAH o exacerbar los síntomas del TDAH como la falta de atención, déficit de concentración y control de impulsos.

 

Con respecto a la asociación entre esquizofrenia y SPI existen muy pocos estudios, solo reportes de casos aislados. Hay evidencia del mayor riesgo de presentar SPI (21%) en pacientes esquizofrénicos con antipsicóticos24.

 

Respecto a la personalidad, se ha descrito asociación con neuroticismo, introversión, histeria, hipocondriasis y psicoastenia, lo que podría predisponer a otras patologías como ansiedad y depresión25.

 

CONCLUSIÓN

Identificar las comorbilidades psiquiátricas resulta importante, porque pueden complicar el diagnóstico de SPI al cursar con síntomas similares y porque la mayoría de los antidepresivos y antipsicóticos pueden empeorar sus síntomas.

 

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