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Síndrome de inmovilidad en las personas mayores.

16 noviembre 2021

AUTORES

  1. Mónica Ferrer Gracia. Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud.
  2. María Sanmartín Xifré. Fisioterapeuta Diputación General de Aragón.
  3. Laura María Cuadra Giménez. Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud.
  4. María de las Mercedes Díez Angulo. Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud.
  5. Raúl Fernández Peñarroya. Fisioterapeuta Globalitè Fisioterapia.
  6. Alaitz Saiz Ferrer. Fisioterapeuta Servicio Aragonés de Salud.

 

COMUNICACIÓN BREVE

CONCEPTO:

El síndrome de inmovilidad es uno de los síndromes geriátricos más frecuentes, aunque muchas veces es ignorado1.

Se define como una forma común de presentación de la enfermedad, originada por cambios fisiopatológicos en múltiples sistemas condicionados por el envejecimiento y el desuso, manifestándose como deterioro funcional con limitación de la capacidad de movilización, siendo multifactorial y potencialmente reversible en función de la etiología1,2,5.

Se considera que, a partir de los 65 años, un 18% de los individuos tiene problemas para movilizarse sin ayuda y, de los mayores de 75 años, un 50% tiene problemas para salir de casa y el 20% queda confinado en ella1,2,4,5.

 

ETIOLOGÍA:

El síndrome de inmovilidad tiene un origen multifactorial, donde los factores predisponentes (físicos, psicológicos y sociales) no sólo desencadenan la enfermedad, sino que la agravan2, destacando: debilidad muscular, rigidez, dolor, alteración del equilibrio y trastorno mental1.

A los cambios intrínsecos del envejecimiento de órganos y sistemas, hay que añadir los cambios producidos por enfermedades (insuficiencia cardíaca y respiratoria, osteoporosis, diabetes, ictus, demencia, depresión, etc.) y los provocados por factores extrínsecos iatrogénicos (inmovilización prescrita, fármacos, sobreprotección, medidas de restricción física, etc.), ambientales (hospitalización, barreras arquitectónicas, ausencia de ayudas técnicas, etc.) y sociales (soledad, escaso soporte social y familiar, etc.)1,2,4,5.

El riesgo de comorbilidad aumenta con la edad, lo que lleva al paciente geriátrico a la inmovilidad, ya sea por disminución paulatina de su movilidad para amoldarse a una situación más tolerable aunque suponga pérdida funcional, o por un proceso agudo que requiera hospitalización y que resultará agravado a su vez por la inmovilidad (“cascada de acontecimientos”)3; de hecho, el 50% de los ancianos con inmovilidad por un proceso agudo fallece en 6 meses1.

 

COMPLICACIONES:

El síndrome de inmovilidad conlleva consecuencias en el estado general y la capacidad de autonomía y funcionalidad (actividades de la vida diaria, AVD) de la persona mayor, incluso puede comprometer la vida. La gravedad de estas consecuencias dependerá del grado y duración del síndrome; en cualquier caso, acabarán llevando a la fragilidad y dependencia. Entre ellas, destacan:

  • En el sistema cardiovascular: hipotensión ortostática, disminución de la tolerancia al ejercicio, reducción del volumen circulante y de la reserva funcional cardíaca, disnea, trombosis venosa profunda, tromboembolismos, etc.
  • En el sistema respiratorio: disminución de la capacidad vital respiratoria, neumonías por aspiración, aumento de producción de moco y disminución de movilidad ciliar, que junto al menor reflejo tusígeno dificulta la expulsión de secreciones bronquiales produciendo infección respiratoria, etc.
  • En el sistema musculoesquelético: debilidad muscular, atrofia por desuso, contracturas, rigidez y deformidad articular, retracciones tendinosas, posturas viciosas, osteoporosis que aumenta el riesgo de fracturas, etc.
  • En el sistema nervioso y a nivel psicológico: deprivación sensorial por falta de estímulos, mayor deterioro cognitivo, cuadros de síndrome confusional, alteración del equilibrio y coordinación con miedo a caídas, trastorno de la atención, falta de motivación, depresión, etc.
  • En el sistema digestivo: pérdida de apetito, trastorno de la deglución y enlentecimiento digestivo, reflujo gastroesofágico, estreñimiento e impactación fecal, etc.
  • En el sistema genitourinario: retención urinaria, incontinencia, cálculos, infecciones urinarias, etc.
  • En el sistema endocrino: pérdida de minerales y oligoelementos, mayor resistencia a la insulina con tendencia a la hiperglucemia, deficiencias inmunológicas y alteración de su respuesta, etc.
  • En la piel: áreas cutáneas dolorosas y eritematosas, maceración y atrofia, úlceras por presión (principal complicación de la inmovilidad), etc.
  • En el área social: aislamiento de la sociedad, incapacitación para el propio cuidado, agotamiento del cuidador, institucionalización, etc1,2,4,5.

 

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO:

Es necesario realizar una valoración geriátrica integral por un equipo multidisciplinar, con el fin de detectar a los pacientes geriátricos en riesgo de desarrollar inmovilidad e implementar las acciones necesarias para prevenir la instalación del síndrome de inmovilidad y, si este se ha instaurado, programar intervenciones para intentar revertirlo o tratar las complicaciones ya establecidas y prevenir la instauración de otras nuevas15.

La prevención e identificación precoz del síndrome de inmovilidad es fundamental. Se distinguen tres grandes apartados en su tratamiento: cuidados generales, rehabilitación o aproximación progresiva al movimiento y uso de ayudas técnicas, y adaptación del entorno1,2,4,5.

La educación para la salud ayuda al mantenimiento de un adecuado nivel funcional, basándose en: ejercicio físico, cambios posturales, cuidados básicos de la piel, efectos secundarios de la medicación y recursos técnicos de movilización y protección, principalmente1-5.

Una vez establecida la inmovilidad, es importante iniciar cuanto antes los cuidados específicos de prevención y/o tratamiento de las complicaciones orgánicas, psicológicas y sociales, y la adaptación del entorno. El programa de cuidados generales será similar, pero el tratamiento rehabilitador (fisioterapia y terapia ocupacional) ha de ser individualizado, teniendo en cuenta el tiempo de evolución del desacondicionamiento, la reserva funcional del individuo y el soporte del entorno1,2,4,5.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Fierro A, Solari P, Pérez A. Síndrome de inmovilidad. Tendencias en Medicina [Internet]. 2015 [consultado 6 nov 2021]; 47: 73–76. Disponible en: http://tendenciasenmedicina.com/Imagenes/imagenes47/art_10.pdf
  2. Abizanda Soler P, Rodríguez Mañas L. Tratado de medicina geriátrica. Fundamentos de la atención sanitaria a los mayores. 2ª edición. Barcelona: Elsevier; 2020.
  3. Osuna-Pozo CM, Ortiz-Alonso J, Vidán M, Ferreira G, Serra-Rexach JA. Revisión sobre el deterioro funcional en el anciano asociado al ingreso por enfermedad aguda. Rev Esp Geriatr Gerontol [Internet]. 2014 [consultado 6 nov 2021]; 49(2): 77–89. Disponible en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0211139X13001613
  4. Gómez Ayala AE. Grandes síndromes geriátricos. Farmacia profesional [Internet]. 2005 [consultado 7 nov 2021]; 19(6): 70-74. Disponible en: http://www.elsevier.es/es-revista-farmacia-profesional-3-articulo-grandes-sindromes-geriatricos-13076255
  5. Torres Haba R, Nieto de Haro MD. Inmovilidad. En: Sociedad Española de Geriatría y gerontología. Tratado de geriatría para residentes [Internet]. Madrid: SEGG; 2008 [consultado 8 nov 2021]. P. 211-216. Disponible en: http://www.gecotend.es/resources/segg-tratado-de$2Bgeriatria$2Bpara$2Bresidentes$2B01.pdf