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Rol de enfermería en el manejo del insomnio: medidas de higiene del sueño.

23 noviembre 2021

AUTORES

  1. Irene Fernández Badía. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Especialista en Atención Familiar y Comunitaria.
  2. Inés Moreno Arjol. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en Centro de Salud Torre Ramona de Zaragoza.
  3. María Emilia Vargas Escuer. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en Centro de Salud La Almozara de Zaragoza.
  4. Álvaro Fernández Álvarez. Graduado en Enfermería por la Universidad de Valladolid. Enfermero en Centro de Salud Fuentes Norte de Zaragoza.
  5. Guillermo Embid Sáez. Graduado en Enfermería por la Universidad San Jorge. Enfermero en Centro de Salud Fuentes Norte de Zaragoza.
  6. Raquel Cantín Barrera. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en Centro de Salud Fuentes Norte de Zaragoza.

 

RESUMEN

El insomnio es la dificultad para conciliar el sueño y/o para mantenerlo o un despertar precoz acompañado de una sensación de sueño insuficiente o no reparador y que repercute sobre la vigilia diurna. Este trastorno del sueño es un factor de riesgo muy importante e independiente para diversas enfermedades cardiovasculares, metabólicas, neurológicas o mentales, como la ansiedad o la depresión. Es clave que haya un consenso entre los diversos profesionales para así realizar una detección temprana e identificar qué situaciones requieren tratamiento farmacológico y/o actividades de educación para la salud en higiene del sueño. Es de vital importancia que el profesional de enfermería sepa realizar una educación sanitaria adecuada para dar a conocer medidas básicas sobre la higiene del sueño y, a su vez, los cambios normales que se producen como consecuencia del envejecimiento.

 

PALABRAS CLAVE

Higiene del sueño, enfermería, atención primaria, insomnio.

 

ABSTRACT

Insomnia is the difficulty in falling asleep and/or maintaining sleep or early awakening accompanied by a feeling of insufficient or non-refreshing sleep and which has an impact on daytime wakefulness. This sleep disorder is a very important and independent risk factor for various cardiovascular, metabolic, neurological or mental diseases, such as anxiety or depression. It is essential that there is a consensus among the various professionals in order to make an early detection and identify which situations require pharmacological treatment and/or health education activities on sleep hygiene. It is of vital importance that the nursing professional knows how to carry out an adequate health education to teach basic measures on sleep hygiene and, in turn, the normal changes that occur as a result of aging.

 

KEY WORDS

Sleep hygiene, nursing, primary care, insomnia.

 

DESARROLLO DEL TEMA

La ciencia y la experiencia han demostrado que el dormir es una actividad absolutamente necesaria para el ser humano, ya que durante la misma se llevan a cabo funciones fisiológicas imprescindibles para el equilibrio psíquico y físico de los individuos: restaurar la homeostasis del sistema nervioso central y del resto de los tejidos, restablecer almacenes de energía celular y consolidar la memoria1.

La inadecuada cobertura de la necesidad de sueño se considera un problema de salud de especial repercusión en la población dando lugar a trastornos, siendo el más común el insomnio2.

 

IMSOMNIO, ¿QUÉ ES?

El insomnio es la dificultad para conciliar el sueño y/o para mantenerlo o un despertar precoz acompañado de una sensación de sueño insuficiente o no reparador y que repercute sobre la vigilia diurna3. Un paciente con insomnio presenta consecuencias diurnas como fatiga, somnolencia, deterioro de la memoria, cambios en el estado de ánimo, en la concentración, así como en su desempeño social o familiar, entre otros4.

Las causas que con más frecuencia originan insomnio son las debidas a una mala higiene del sueño: irregularidades en los horarios, acostarse demasiado pronto, trabajo o actividades con excesiva estimulación mental realizadas por la noche, ingesta de bebidas excitantes (café, té, etc.) o de sustancias estimulantes cerca de la hora de acostarse, presencia de ruidos, calor o fríos excesivos, cambios de horario, etc.5.

 

¿A QUIÉNES AFECTAN LOS TRASTORNOS DEL SUEÑO?

Los trastornos del sueño son muy frecuentes en la población general, por lo que resultan un habitual motivo de queja en las consultas de medicina genera6l.

La prevalencia de mala calidad del sueño en nuestro medio es de 63,8 %. Se describe que hasta una de cada tres personas mayores de 60 años reportan insomnio y que una de cada dos toma algún medicamento para dormir. La prevalencia en este grupo etario ha sido estimada entre el 20% y el 40%, con una incidencia anual de aproximadamente en 5%. Se muestra un incremento notable en la década de los 70-79 años (23 % en los hombres y 26 % en las mujeres, y en estas llega a ser de 41 % en aquellas que son mayores de 80 años) 4,7,8.

Por otro lado, el insomnio también afecta al 30% de los niños entre 6 meses y 5 años. En nuestro medio, el 27% de los niños de 5-12 años presentan resistencia para ir a dormir, el 11% latencia de sueño prolongada, el 6% despertares frecuentes y el 17% dificultades para levantarse por la mañana. En adolescentes, el 38,5% presenta mala calidad subjetiva del sueño y el 23,1% latencia mayor de 30 minutos9.

 

¿QUÉ CONSECUENCIAS EXISTEN AL TENER UNA MALA CALIDAD DE SUEÑO?

Es de sobra conocida la importante repercusión de los trastornos del sueño sobre la calidad de vida. Habitualmente, se escucha que no conseguir un sueño reparador, ya sea por disminución en la calidad o cantidad de éste, puede impactar negativamente en nuestro estado de salud, y la mayoría de las personas están muy familiarizadas con los efectos negativos a corto plazo que puede producir una o algunas malas noches de sueño. Entre los distintos efectos que pueden aparecer en la vigilia del día siguiente encontramos: somnolencia diurna, irritabilidad, problemas de concentración, dolor de cabeza, fatiga, trastornos de memoria, etc. En la actualidad existe una gran cantidad de evidencia científica con relación a que los trastornos del sueño crónicos son un factor de riesgo significativo para una gran diversidad de enfermedades crónicas, que van desde las enfermedades cardiovasculares, hasta los trastornos psiquiátricos, emocionales y cognitivos 10,14.

Los trastornos del sueño son un factor de riesgo muy importante e independiente para diversas enfermedades cardiovasculares, entre ellas la hipertensión, el infarto agudo de miocardio, la insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular… 11 Además en un incremento en el riesgo de otras enfermedades crónicas (sobre todo metabólicas) que adicionalmente aumentan el riesgo cardiovascular y la mortalidad, entre ellas están la obesidad, la diabetes y el síndrome metabólico12.

En la esfera neurológica, los TS también son un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedad vascular cerebral (infarto cerebral), y además son un factor de pronóstico negativo para la recuperación funcional del mismo10.

Paralelamente estos trastornos del sueño, en especial el insomnio, se ha relacionado con el desarrollo de depresión y ansiedad; sin embargo, establecer con claridad la causalidad entre insomnio y depresión resulta complejo ya que existe una asociación bidireccional entre ellos10.

Es de vital importancia realizar una educación sanitaria adecuada para dar a conocer medidas básicas sobre la higiene del sueño y, a su vez, los cambios normales que se producen como consecuencia del envejecimiento. Es necesario promover medidas higiénico-dietéticas destinadas a mejorar aquellos aspectos de la vida diaria que afectan de manera negativa a la calidad del descanso. En su mayoría, los trastornos del sueño están relacionados con una deficiente higiene del sueño, hábitos de cada individuo que favorecen el buen dormir y lograr una calidad del sueño óptima con relación a factores relacionados con la salud (alimentación, ejercicio, consumo de medicamentos y otras sustancias…) y factores ambientales (ruido, temperatura, luz…)7.

La repercusión que tiene el insomnio sobre la calidad de vida del paciente que lo padece puede conllevar, además, tanto a accidentalidad laboral como de tráfico13.

 

¿CÓMO SE COMBATE EL INSOMNIO EN LA ACTUALIDAD?

En base a lo redactado anteriormente, es inminente la necesidad de un correcto enfoque diagnóstico y terapéutico del insomnio.

Para abordar este problema es fundamental una completa anamnesis para poder analizar las causas, definir el problema y concretar su evolución que permita analizar las posibles causas, definir de forma concreta el problema y determinar su evolución. El tratamiento debe ser individualizado teniendo en cuenta el paciente de manera global, comenzando con la valoración y promoción de medidas de higiene del sueño (priorizando esta área) y, en caso necesario, medidas psicológicas (técnicas cognitivo-conductuales) y/o farmacológicas 13.

Está demostrada la relación entre el insomnio con un peor estado de salud en general y con percibir nuestra propia salud como mala. La persona con insomnio es fundamental que conozca todos los tratamientos disponibles y, entre ellos, las posibilidades no farmacológicas15. Es clave que haya un consenso entre los diversos profesionales para así realizar una detección temprana e identificar qué situaciones requieren tratamiento farmacológico y/o actividades de educación para la salud en higiene del sueño. Debemos tener claro que el tratamiento del insomnio debe ir dirigido a eliminar la causa y lograr, así, una mejoría sintomática15.

Podemos diferenciar dos alternativas para el tratamiento de los trastornos del sueño: tratamiento farmacológico y no farmacológico.

 

Terapia farmacológica:

En relación con el tratamiento farmacológico, diversos estudios afirman que el uso de determinados medicamentos puede acarrear riesgos y, aun así, se está haciendo un excesivo consumo de ellos en la población (sobre todo en la población mayor). Por otro lado, esto aumenta los costes sanitarios14.

Algunos ejemplos son: benzodiacepinas (Lorazepam), receptores agonistas de las benzodiacepinas (zolpidem), antidepresivos (mirtazapina), melatonina o la valeriana15.

 

Terapia no farmacológica:

Técnicas cognitivo-conductuales:

Las técnicas cognitivo-conductuales están siendo de gran utilidad en la mejora del descanso. Estas técnicas consisten en identificar pensamientos que impiden dormir y en el reemplazo por hábitos que favorezcan el sueño, eliminando de esta manera las causas que originan el insomnio14.

Las técnicas de relajación como la respiración abdominal, el mindfulness, la desactivación cognitiva o la visualización son útiles para controlar nuestro estado fisiológico y nuestras emociones para favorecer así el descanso14.

La importancia de la higiene del sueño:

Frente a esta situación, se está demostrando que diversos tratamientos no farmacológicos están mejorando la calidad del sueño.

Las medidas de la higiene del sueño son las más cercanas al papel de enfermería y las menos agresivas para el paciente. Engloban un conjunto de hábitos de conducta que favorecen el inicio o mantenimiento del sueño. Consiste en una serie de recomendaciones para facilitarles un sueño normal, minimizando su problema y sus consecuencias15.

El profesional sanitario presenta un importante papel en la mejoría de esta situación. Para ello, debe conocer e identificar las medidas que deben llevarse a cabo para realizar una correcta higiene del sueño16.

 

Entre las medidas principales podemos destacar10,15,16:

  • Mantener un horario fijo de acostarse y levantarse.
  • En la cama solo estar el tiempo suficiente. Permanecer durante mucho tiempo puede provocar un sueño ligero y fragmentado. Emplear la cama solo para dormir: no para leer, ver la televisión…
  • Preferiblemente, no echar la siesta. En casos concretos y necesarios, después de comer no más de 30 minutos.
  • Evitar tomar cafeína y teína por lo menos 6 horas antes de acostarse. No consumir tabaco y alcohol en la medida de lo posible (además de sus efectos negativos inherentes a la salud, alteran el sueño).
  • Practicar ejercicio al menos una hora al día, no durante las tres horas antes de acostarse. Evitar realizar actividades intensas o estresantes antes de dormir.
  • Lograr un ambiente del cuarto adecuado con relación a la temperatura, luz y ruido. Evitar colchones muy duros.
  • No acostarse con hambre, sed, ni realizar cenas copiosas ni ingestas excesivas de bebida. Echarse a dormir mínimo 2 horas tras la cena. Si tomamos algo antes de acostarnos mejor un vaso de leche templada o alimentos suaves (evitar alimentos con mucho azúcar o líquidos abundantes). Si nos levantamos a mitad de noche es aconsejable no comer nada dado que nuestro cuerpo se acostumbrará a este hábito.
  • Valorar el tratamiento farmacológico ya que puede interferir en el sueño. No tomar estimulantes antes de acostarse y evitar los que provocan sueño diurno (antihistamínicos, benzodiacepinas, etc.). Evitar los diuréticos por la noche.
  • Es aconsejable estar al aire libre durante el día y tomar el sol con precaución.
  • Establecer una rutina diaria antes de acostarse que indique la proximidad a la hora de dormir: ejercicios relajantes, aseo…
  • Si no se consigue conciliar el sueño a los 15-20 minutos, salir del cuarto y realizar alguna actividad tranquila.
  • Evitar pensar sobre sus actividades del día o planear futuras actividades y evitar acostarse estresado, preocupado…
  • La musicoterapia en pacientes con demencia ha demostrado ser una buena medida a incluir dado que produce cambios en las ondas cerebrales que conducen a estados de tranquilidad, relajación y desarrollo adecuado de estados de vigilia-sueño.

 

CONCLUSIONES

Podemos afirmar que los trastornos del sueño están en aumento en la población en general. En este aumento están influyendo múltiples factores, y aunque se está poniendo más interés en su detección temprana por su importancia en la salud, resulta evidente que afecta de manera importante al estilo de vida actual. La mayor preocupación es la asociación entre los trastornos del sueño y las enfermedades crónicas.

Para combatir el insomnio suele emplearse tratamiento farmacológico, sobre todo, suelen prescribirse benzodiacepinas por su comodidad y rapidez. Sin embargo, muchos de los problemas de sueño son de origen extrínseco; es decir, están causados por malos hábitos de sueño. Por ello, es de vital importancia una buena información y educación sobre las medidas de higiene del sueño y otras medidas no farmacológicas que pueden prevenir y minimizar las consecuencias que genera el insomnio para poder disfrutar de una mejor calidad de vida.

Por todo lo comentado, es imprescindible un manejo adecuado de este problema de salud desde los equipos de Atención Primaria, coordinando médicos y enfermeras para la realización de planes de salud individualizados para los pacientes con insomnio, en el que los mismos sean partícipes de sus cuidados.

 

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