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Revisión bibliográfica sobre las consecuencias psicológicas del maltrato infantil.

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26 junio 2021

AUTORES

  1. Alba Medina Castillo. Enfermera Urgencias Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  2. Celia Manjón Fernández. Enfermera Urgencias Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  3. Claudia Sanz Barrio. Enfermera urgencias Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  4. Carmen Elena Salinas Reyes. Enfermera Urgencias Hospital Clínico Lozano Blesa. Zaragoza.
  5. Laura Sebastián Millán. Enfermera Centro de Salud Sagasta-Ruiseñores. Zaragoza.
  6. María Palacín Larroy. Enfermera Urgencias Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.

 

RESUMEN

Introducción: El maltrato infantil es un problema de gran magnitud con graves consecuencias que pueden durar toda la vida. Además, cuenta con un difícil diagnóstico y abordaje.

Objetivo: Realizar una actualización sobre las secuelas y/o consecuencias psicológicas que causa el maltrato infantil y que interviene en su posterior desarrollo e identificar las consecuencias tanto a corto como a largo plazo

Resultados: Se ha evidenciado que el maltrato infantil acarrea una serie de consecuencias. A corto plazo podríamos destacar trastornos disociativos, problemas en las relaciones con otros niños, bajo rendimiento escolar, y desregulaciones en el eje hipotálamo-hipofisario. Mientras que a largo plazo destacaría el desarrollo de trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión, problemas para relacionarse con otros, disfunciones sexuales y baja autoestima, entre otros.

Conclusión: Las víctimas de maltrato deben ponerse en manos de profesionales de la salud mental cuanto antes para poder evitar el desarrollo de secuelas y/o reducirlas en la medida de lo posible. Los profesionales sanitarios son en parte responsable de la detección de estos signos y la notificación de estos a las autoridades correspondientes, por tanto, deben conocer en profundidad la problemática.

 

PALABRAS CLAVE

Maltrato a los niños, impacto en la salud, síndrome del niño maltratado.

 

ABSTRACT

Background: Child maltreatment is a major problem with serious consequences that can last a lifetime. It is also difficult to diagnose and address.

Objective: To carry out an updated review of the psychological sequelae and/or consequences caused by child maltreatment and which intervene in the subsequent development of the child and to identify the consequences in both the short and long term.

Results: It has been shown that child maltreatment has a series of consequences. In the short term we could highlight dissociative disorders, problems in relationships with other children, poor school performance, and dysregulation of the hypothalamic-pituitary axis. While in the long term we could highlight the development of post-traumatic stress disorder, anxiety, depression, problems relating to others, sexual dysfunctions and low self-esteem, among others.

Conclusion: Victims of abuse should get into the hands of mental health professionals as soon as possible in order to avoid the development of sequelae and/or reduce them as much as possible. Health professionals are partly responsible for detecting these signs and reporting them to the relevant authorities, therefore, they must have a thorough knowledge of the problem.

 

KEY WORDS

Child abuse, impact of health, battered child syndrome.

 

INTRODUCCIÓN

El maltrato infantil es un problema de salud a nivel mundial con gran importancia biopsicosocial, que conlleva múltiples consecuencias que en muchas ocasiones son irreparables, esta problemática entraña una gran dificultad debido a la situación en la que suele producirse. Los últimos estudios han señalado que un 25% de los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos en la infancia, 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declara haber sido víctima de abusos sexuales. Además, existen numerosos casos descritos de maltrato psicológico, emocional y víctimas de desatención1.

Anualmente fallecen por homicidio 41000 niños menores de 15 años, muchas de esas muertes son debidas al maltrato, aunque no se atribuyen al mismo. Se trata de datos que están subestimados, pues muchas veces el diagnóstico se relaciona con caídas, quemaduras, ahogamientos u otras causas, pasando desapercibido el caso de maltrato1.

La OMS1 define como maltrato infantil todo tipo de abusos (físico, psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo) que puedan causar daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder, a todo menor de 18 años. Cabe destacar la exposición que sufren los niños en los casos de violencia de pareja, también se incluye en la definición de maltrato infantil.

Realizar el diagnóstico es una tarea complicada debido al entorno en el que se produce, pues en la mayoría de los casos se trata de maltrato intrafamiliar o de personas muy cercanas al niño. Este hecho no hace que pase desapercibido durante mucho tiempo dejando una huella emocional, que va dificultando el tratamiento con el paso del tiempo. Asimismo, la confirmación del diagnóstico es una ardua tarea puesto que está basada en el relato del niño, sus juegos, la historia clínica, el examen físico y los exámenes complementarios. En muy pocas ocasiones se cuenta con signos físicos de certeza para su confirmación como pueden ser enfermedades venéreas, desgarros en zona genital o embarazo. Muchas veces se evidencia en la alteración de la conducta del niño, por ejemplo, si se observa irritabilidad, nutrición deficiente, letargia, cambios en el estado mental, crisis convulsivas unido con historia clínica con mecanismos de lesión que no cuadra con la descripción de los padres o la gravedad el traumatismo2.

También está comprobado que el maltrato causa estrés y se asocia con trastornos de desarrollo cerebral temprano, y, en casos extremos, puede causar patología nerviosa e inmunitaria. A largo plazo se pueden observar problemas conductuales físicos y mentales como: actos de violencia, depresión, consumo de tabaco, obesidad, comportamientos sexuales de alto riesgo, embarazos no deseados, consumo indebido de alcohol y otras sustancias. Por otro lado, a raíz de las consecuencias producidas tanto en la conducta como en la salud mental, puede causar otras patologías de tipo cardiaco, cáncer, infección de transmisión sexual o suicidio1,3.

Si bien es cierto, se han identificado factores de riesgo de maltrato infantil, aunque no están presentes en todos los contextos sociales ni culturales. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS)1 existen determinadas características que se ha visto que pueden aumentar la probabilidad de que un niño se maltratado como ser menor de cuatro años y adolescente, no ser deseado o no cumplir las expectativas de los padres, tener necesidades especiales, llorar mucho o contar con rasgos físicos anormales. Además, el Observatorio de la Infancia3 añade como vulnerables a aquellos niños que tengan trastornos en la conducta, trastornos psicológicos o problemas de salud.

Por otro lado, los agresores suelen responder a un perfil determinado, se trata de factores de riesgo de tipo biológico (hiperactividad ante un estímulo, el llanto de un bebe, etc.) o psicológico. Los factores de riesgo psicológicos pueden ser de tipo emocional como la ausencia de empatía, problemas de autoestima, angustia personal; de tipo cognitivo como la aparición de expectativas inapropiadas respecto al niño o distorsiones cognitivas; y de tipo conductual donde se puede observar un comportamiento impulsivo, dificultad para manejar emociones negativas, falta de comunicación con el menor y altos niveles de exigencia. Estos sujetos, los agresores, suelen experimentar altos niveles de estrés, se sienten más aislados y tiene una menor capacidad para la aplicación de recursos individuales y sociales3.

El daño producido va a depender de factores como el tipo de maltrato, la gravedad y la frecuencia, la edad y las características del niño. Se ha dado el caso de niños que sufren situaciones graves de maltrato sin consecuencias ni a corto ni a largo plazo, pero la mayoría de las situaciones de maltrato tiene consecuencias negativas sobre el niño sobre todo en su desarrollo emocional, social e intelectual3.

En 2006 fueron identificados el 6,36% menores entre 0 y 7 años víctimas de maltrato en España. El 59,68% sufrió maltrato físico, el 37,10% negligencia, el 17,74% maltrato psicológico y el 4,84% abuso sexual. Según este estudio, el padre biológico era el causante en un porcentaje del 43,75% del maltrato físico y en un 63,64% del emocional, mientras que la madre biológica era la responsable en un 72,73% de los casos de negligencia. Se demostró que el 50% de los casos el abuso sexual era realizados por padre o hermanos de la víctima. De los menores entre 8 y 7 años un 4,25% fueron víctimas de maltrato familiar. El padre biológico es responsable de los porcentajes más altos de maltrato físico (43,75%) y emocional (63,64%), mientras que la madre biológica lo es de la negligencia (72,73%). Cabe destacar que el abuso sexual es perpetrado en un 50% de los casos por el padre biológico o los hermanos de las víctimas3.

Entre los 8 y los 11 años existe una mayor prevalencia (5,05%), seguida de menores entre 12 y 14 años (4,65%) y de los menores de 15 a 17 años (2,90%). De los tipos de maltrato que se da en esta franja de edad presenta una mayor prevalencia el maltrato psicológico (2,35%), seguida del físico (2,24%), el abuso sexual (0,89%) y la negligencia (0,78%). De estos un 70,27% de los menores que sufren maltrato en la familia sólo padecen un tipo de maltrato; el 18,92% dos; y el 10,81% los cuatro tipos. Según el sexo, los niños entre 0 y 7 años presentan mayores porcentajes de todos los tipos de maltrato, excepto del abuso sexual. Mientras, en el tramo de 8 a 11 años, las niñas tienen mayores tasas de abuso, excepto para el maltrato emocional. La edad comprendida entre los 12 y los 17 años las chicas sufren más maltrato emocional y abuso sexual, y los chicos más maltrato físico3.

Debido a la magnitud del problema, en España se promulgó la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero4, de Protección Jurídica del Menor que recoge las actuaciones que se deben llevar a cabo por parte de los poderes públicos en los casos de desprotección social del menor hacer frente a este problema. En la comunidad autónoma de Aragón la protección del menor se regula según la ley 12/20015 de la infancia y adolescencia.

Por todo ello, esta revisión bibliográfica busca realizar una actualización sobre las secuelas y/o consecuencias que causa el maltrato infantil y que interviene en su posterior desarrollo e identificar las consecuencias psicológicas tanto a corto como a largo plazo.

 

METODOLOGÍA

Se realizó una búsqueda bibliográfica las bases de datos IBECS y PUBMED, las estrategias de búsqueda utilizadas fueron:

  • IBECS: “consecuencias AND maltrato AND infantil” en los últimos 10 años en idioma español, obteniendo 15 resultados, de los que se han seleccionado 3 artículos.
  • PUBMED:
    • “(Child Abuse”[Mesh] AND consequences [All Fields] AND (“loattrfree full text”[sb] AND “2010/03/22″[PDat]: “2020/03/18″[PDat] AND “humans”[MeSH Terms]), con texto libre en los últimos 10 años obteniendo 139 resultados de los cuales se han elegido 2
    • (“Child abuse”[MeSH Terms] OR (“child”[All Fields] AND “abuse”[All Fields]) OR “child abuse”[All Fields]) AND (posttraumatic[All Fields] AND (“diagnosis”[Subheading] OR “diagnosis”[All Fields] OR “symptoms”[All Fields] OR “diagnosis”[MeSH Terms] OR “symptoms”[All Fields])) AND (“loattrfree full text”[sb] AND “2010/03/22″[PDat] : “2020/03/18″[PDat] AND “humans”[MeSH Terms]) free full text, en los útlimos 5 años obteniendo 104 resultados de los que se ha usado 1 artículo.

A esta búsqueda se añadieron: el informe del Centro Reina Sofía del Observatorio de la Infancia realizado en 2011 en nuestro país y el informe de la OMS de 2016 sobre el maltrato infantil.

Los criterios seguidos para la inclusión de artículos fueron artículos que aportaran evidencia sobre las consecuencias o secuelas que acarrea cualquier tipo de abuso en niños tanto a corto como a largo plazo, mientras que se excluyeron aquellos que versaran sobre prevención, detección y tratamiento, o que relacionan un trastorno en concreto. De esta manera, se contó con un total de 8 documentos para la actualización.

 

RESULTADOS-DISCUSIÓN

Tras la revisión de los estudios citados se observó que existían diferencias en cuanto a las consecuencias del maltrato entre los diferentes grupos de edad y el sexo. Así, de acuerdo con el Observatorio de la Infancia4, entre 0-7 años son comunes las lesiones físicas (41,6%), tristeza y depresión (40%), bajo rendimiento escolar (23,33%) y aislamiento (21,67%), en menor porcentaje se puede observar un aislamiento, comportamientos violentos, nerviosismo, problemas de atención y autoestima, inseguridades, miedo y rechazo, además de absentismo escolar, inquietud e inapetencia; entre los 8 y los 17 años las consecuencias son sentimientos de tristeza y depresión (57,58%), el nerviosismo (27,27%) y los comportamientos violentos (27,27%). Únicamente 7,84% de las víctimas no sufrió ninguna consecuencia por el maltrato. En función del sexo de la víctima, las dos principales consecuencias que presenta el sexo femenino son sentimientos de tristeza y depresión (73,68%) y nerviosismo (36,84%). Mientras que, en el sexo masculino, son la tristeza y depresión (35,71%), y con una proporción menor, los comportamientos violentos (28,57%) y las lesiones físicas (28,57%).

 

Consecuencias a corto plazo:

Durante la infancia, según Cantón y Cortés6 en los niños en edad escolar que sufren maltrato se observaron problemas somáticos cómo eneuresis, encopresis, dolores de cabeza y estomacales, retrasos en el desarrollo, ansiedad y retraimiento. Cabe destacar que también pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático (TEP) y conductas sexualizadas como la masturbación excesiva o en público. Este último es uno de los síntomas más característico que se puede apreciar a través del juego libre con muñecos anatómicos, o cuando los niños dibujan figuras humanas. También se evidenció que es más frecuente que esto ocurra entre niños víctimas de abuso sexual, que entre niños no víctimas, además de trastornos disociativos, problemas en las relaciones con otros niños, bajo rendimiento escolar, y desregulaciones en el eje hipotálamo-hipofisiario.

Por su parte, Forero et al.7 postula que los niños que sufren maltrato presentan retrasos en las habilidades matemáticas, y que un grupo con antecedentes de negligencia mostraba alteraciones en el área del lenguaje y con las habilidades sociales. También evidenciaron que los niños adquirían más destrezas para tener habilidades que les permitieran desarrollar su funcionalidad frente a la sociedad.

Para Ashraf et al.8 las experiencias de maltrato en la niñez aumentan la probabilidad de estar expuesto a los síntomas de TEP en la adolescencia. Asimismo, los adolescentes presentan conductas similares a los niños de edad escolar, además de conductas delictivas, trastornos en la alimentación, problemas físicos de salud, consumo de drogas, conductas sexuales tempranas o de riesgo e incluso que lleven a cabo ideas autolíticas o autolesivas6,8.

 

Consecuencias a largo plazo:

En cuanto a las consecuencias psicológicas a largo plazo, diversos estudios destacaron la disminución de sintomatología con el paso del tiempo. Sin embargo, si las víctimas no reciben tratamiento al inicio esta sintomatología parece agravarse, traduciéndose en conductas agresivas o cuestiones sexuales como apoyan Cantón y Cortes6. Existen opiniones contradictorias, según Adams et al.9, el abuso físico se vinculó con el TEP contradiciendo las teorías que afirman que las víctimas olvidan intencionalmente el abuso. Por su parte, López et al.10 evidenció que se produjeron trastornos disociativos en menores víctimas de abuso referidos a situaciones en las que se altera la función integradora de la conciencia, identidad, memoria y percepción del entorno.

Por su parte, los autores Cantón & Cortés6 describieron el sleeper effect como consecuencia de estos abusos, se trata de una situación en la que el niño no muestra problemas después del abuso, pero transcurrido un tiempo se manifiestan estos problemas tanto conductuales como emocionales sin una causa clara durante la edad adulta.

Según Forero et al.7 el abuso sexual asociado a coito, falta de confidente, familiaridad y presencia de violencia se ha relacionado con el desarrollo de problemas psiquiátricos en la edad adulta. Para Cantón & Cortés6 las víctimas adultas de abuso sexual infantil tienen mayor probabilidad de padecer trastorno emocional como depresión, ansiedad, baja autoestima o problemas de relaciones sexuales. De tal manera que la depresión es uno de los problemas más frecuentes, la probabilidad de presentar trastornos de ansiedad, fobias, trastorno de pánico, o trastorno obsesivo compulsivo es 5 veces mayor que el resto de la población.

Ashraf et al.8 hablan de la aparición de síntomas de ansiedad como aprehensión y miedo cuando este maltrato se da por parte de uno de los padres o un hermano. También Adams et al.9 relaciona el abuso físico al inicio de la infancia con depresión, ansiedad y TEP, no lo asoció con ninguna psicopatología pero sí se describió como factor predictor del TEP, estableció que la duración o la severidad no se asocian con ningún tipo de patología. Asimismo, el TEP se desarrolló hasta en un 40-50% de las víctimas, y se demostró que existía relación entre el abuso infantil con el TEP y el grado de gravedad de estos abusos7,8. Existe una relación directa de los abusos con síntomas de ansiedad y depresión en personas que sufrieron abuso sexual en la primera infancia y adolescencia, y es directamente proporcional a su gravedad y duración6-10.

Adams et al.9 indicó que los abusos sexuales tienen efectos más perjudiciales en las mujeres. El abuso sexual en la adolescencia en mujeres puede llevar a padecer TEP en las mujeres, sin embargo, no es un factor predictor para el desarrollo de TEP en los hombres. Cantón y Cortés6 describieron que las mujeres que han sufrido este tipo de abuso sexual infantil presentan mayor probabilidad de padecer conductas sexuales inadaptadas del tipo evitación, o realización de prácticas sexuales de riesgo, además de una mayor cantidad de problemas y disfunciones sexuales. Por el contrario, Ashraf et al.8 se observó que los varones sufrían más abusos sexuales a diferencia de otros estudios, estas variaciones pueden deberse a factores geográficos, culturales y tradicionales involucrados en el maltrato. Para Hornor el al.11 y Adams et al.9 las mujeres que han sufrido abuso sexual en la infancia experimentan mayores trastornos psicológicos que los hombres. Sin embargo, éste último describe que los hombres con abuso sexual más severo tenían menos probabilidades sufrir TEP.

Otra de las consecuencias más frecuentes es el desarrollo de problemas emocionales, como el desarrollo de trastorno disociativo, de personalidad, depresivo, bipolar, antisocial, dependiente, evitativo o esquizoide, llegando incluso a padecerlo el 36% de las personas que han sufrido este tipo de abuso. En cuanto al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria se observó que era 2-3 veces mayor que en los casos de abuso sexual y físico la aparición de atracones compulsivos, mientras que en el maltrato emocional se denotó una gran insatisfacción corporal, depresión y baja autoestima.

En cuanto a la conducta y adaptación social se observaron altos niveles de hostilidad en víctimas, así como una mayor presencia de conductas antisociales y/o trastornos de conducta. Estos trastornos de la conducta, en ocasiones, suelen estar relacionados con el desarrollo de conductas de riesgo. De igual forma, el abuso de drogas o alcohol, conductas delictivas, agresivas y violencia se relacionó en mayor medida con menores que han sido víctimas de abuso sexual infantil6,7,10.

Existe documentación acerca de la alta probabilidad que hay de que estas víctimas abusen de otros niños. No obstante, el hecho de haber sido víctima de maltrato infantil puede ser un factor de riesgo para convertirse en agresor en la edad adulta, este hecho es denominado transmisión intergeneracional del maltrato. Se evidenció que del 45,83% de los familiares que tenía un historial de maltrato, maltrataron a su vez a algún menor 10.

De igual manera el maltrato afectó a las relaciones interpersonales con dificultad para iniciar, mantener y desarrollar relaciones o problemas de confianza, así como conlleva a tener dificultades de pareja, relaciones inestables y una evaluación negativa de sí misma. En ocasiones se observó la presencia de aislamiento o incluso ansiedad social, menor cantidad de amigos e interacciones sociales, por esta razón el maltrato infantil es visible tanto en el transcurso de la vida adulta, como en la sociedad que lo rodea6,7,10.

Por lo que se refiere a problemas sexuales, la sexualidad desadaptativa es una de las consecuencias más extendidas, el abuso sexual infantil sería un factor de riesgo de padecer está desadaptación. Así, las víctimas de abuso sexual tuvieron mayor riesgo de tener una sexualidad insatisfactoria o disfuncional, conductas de riesgo sexuales, fruto de la precocidad de las relaciones que presentan las victimas y del entorno en el que se sufren este maltrato. También se evidenció el ejercicio de la prostitución y de la maternidad en edades tempranas10.

Los antecedentes de abuso sexual hacen que una persona corra un mayor riesgo de revictimización sexual en la adolescencia y la edad adulta, especialmente en el caso de las mujeres. Se entiende como violencia física o sexual en víctimas de abuso sexual infantil ejercida por un agresor distinto al causante inicial, no hay una cifra concreta puesto que existe mucha diversidad en los datos10,110.

Además, existe una relación entre el maltrato infantil y la aparición de problemas graves de la salud como trastornos somáticos, gastrointestinales, dolores crónicos y de alimentación. Incluso de padecer enfermedades cardiovasculares o cáncer. Hornor et al.10 nombrado los estudios de Noll et al., señaló una asociación entre el abuso sexual infantil y el desarrollo posterior de la obesidad. De igual modo fueron documentadas historias de crisis convulsivas no epilétipicas fruto de la vivencia de acontecimientos muy estresantes, o trastornos de somatización. Además, el estrés emocional puede producir un efecto gastrointestinal, efectos del daño o hipersensibilización del sistema nervioso visceral6-10.

 

CONCLUSIÓN

El maltrato infantil es un problema infradiagnosticado pues es muy difícil llegar a un diagnóstico certero debido al entorno en el que se produce, en muy pocas ocasiones se diagnostica por medio de signos claros. Sin embargo, ante cualquier signo de sospecha debemos realizar las notificaciones pertinentes que actualmente están al alcance tanto de profesionales sanitarios como de otro tipo de profesionales. Cabe destacar que la sospecha nace fruto de la alteración de la conducta del niño por ejemplo si se observa irritabilidad, nutrición deficiente, letargia, cambios en el estado mental, crisis convulsivas unido con historia clínica con mecanismos de lesión que no encaja con la descripción de los padres o la gravedad el traumatismo pues son los síntomas que desarrollan estos a corto plazo.

Las consecuencias del maltrato infantil difieren según el sexo de la víctima. Las chicas tienen mayor tendencia a sufrir depresión, ansiedad o aislamiento, mientras que los chicos suelen presentar problemas de conducta. La vivencia de una experiencia de maltrato durante la infancia que es un hecho fuertemente estresante desemboca en el desarrollo de múltiples problemas emocionales, sociales, conductuales y físicos. Se debe llevar a cabo programas de prevención, adquiere gran importancia tanto la detección como la notificación de las sospechas.

Las víctimas de maltrato deben ponerse en manos de profesionales de la salud mental cuanto antes para poder evitar el desarrollo de secuelas y/o reducirlas en la medida de lo posible. Los profesionales sanitarios son en parte responsable de la detección de estos signos y la notificación de estos a las autoridades correspondientes, por tanto, deben conocer en profundidad la problemática.

 

BIBLIOGRAFÍA

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