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La importancia del diagnóstico y tratamiento precoces del déficit auditivo en la población pediátrica y sus familias. Artículo monográfico.

23 noviembre 2021

AUTORES

  1. Raquel Cantín Barrera. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en Centro de Salud Las Fuentes Norte (Zaragoza).
  2. Juan Castro Pueyo. Graduado en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermero en Centro de Salud Las Fuentes Norte (Zaragoza).
  3. Irene Fernández Badía. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera Especialista en Familiar y Comunitaria del Servicio Aragonés de Salud.
  4. Inés Moreno Arjol. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en Centro de Salud Torrerramona (Zaragoza).
  5. María Emilia Vargas Escuer. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en Centro de Salud Almozara (Zaragoza).
  6. Álvaro Fernández Álvarez. Graduado en Enfermería por la Universidad de Valladolid. Enfermero en Centro de Salud Las Fuentes Norte (Zaragoza).

 

RESUMEN

El déficit auditivo es la pérdida de la capacidad para percibir los sonidos y constituye la discapacidad sensorial más prevalente a nivel mundial. Puede ser de origen prelocutivo o postlocutivo y existen distintos grados atendiendo a la intensidad de la pérdida y la localización de la lesión. Dificulta la adquisición del lenguaje, teniendo grandes repercusiones sobre el desarrollo del niño y sobre sus familiares. Por ello se han instaurado programas de detección precoz que permitan iniciar el tratamiento del niño y la familia lo antes posible.

 

PALABRAS CLAVE

Pérdida auditiva, niño, familia, diagnóstico precoz, desarrollo infantil.

 

ABSTRACT

The hearing loss is the loss of the ability to perceive sounds and it is the most prevalent sensory disability worldwide. It can be prelingual or postlingual and there are different degrees according to the severity of the loss and the lesion’s location. This disability complicates language acquisition which has a major impact on the development of the child and on their family. Therefore, we had to set up screening programs that provide treatment for the child and their family as soon as possible.

 

KEY WORDS

Hearing loss, child, family, early diagnosis, child development.

 

INTRODUCCIÓN

La audición es la vía a través de la cual se adquiere el lenguaje oral, una de las características más importantes que define a los seres humanos. Mediante este las personas adquieren conocimientos, comparten sus ideas, dudas, emociones y sentimientos y se integran, conviven y se socializan con los demás. Por ello, cuando se produce una alteración en este sistema sensorial, sobre todo durante los primeros meses o años de vida, la adquisición y el desarrollo del lenguaje se ven alterados. Esto conlleva consecuencias en el desarrollo cognitivo, académico, social y emocional del individuo, afectando notablemente a su calidad de vida y su posterior integración en el medio social y laboral 1-11.

El déficit auditivo es la pérdida de la capacidad para percibir los sonidos. Esta pérdida puede ser parcial y recibir el nombre de hipoacusia, o total o casi total, puesto que en la mayoría de los casos quedan restos auditivos, denominándose sordera, anacusia o cofosis1,2,8,11-13.

Según los datos epidemiológicos, la discapacidad sensorial más prevalente a nivel mundial es la auditiva con un total de 360 millones de personas afectadas, lo que supone un 5,3 % de la población mundial. De estos, 32 millones son niños7,12.

En España, los resultados de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de dependencia (EDAD) realizada por el INE en 2008 indican que un 8,5 % de la población declara tener alguna discapacidad, suponiendo la discapacidad auditiva un 2,3 % de la población afectada14,15.

 

Por otro lado, según los datos de la OMS y de la Comisión para la Detección Precoz de Hipoacusia (CODEPEH), uno de cada mil recién nacidos vivos padece hipoacusia severa o profunda, especialmente importante por la repercusión que tendrá en la adquisición del lenguaje, y cinco de cada mil presentan sordera de cualquier grado. Esto supone que en España alrededor de dos mil familias, cada año, tienen un hijo con deficiencia auditiva1,2,6,11,12,16.

La etiología de la pérdida auditiva es variada, pudiendo permanecer incierta en el 30-40 % de los niños. De los casos restantes, el 83 % se deben a causas congénitas, ya sean de origen genético (las más frecuentes) o como consecuencia de complicaciones prenatales y perinatales, y el 17 % son adquiridas y pueden aparecer a cualquier edad, siendo la causa principal en niños la otitis media crónica1,2,7,11,12,16.

El déficit auditivo puede clasificarse en función de la intensidad de la pérdida, que depende a su vez de la zona del oído afectada, y en función del momento de aparición de esta1,2,8,9,11,12.

Según la intensidad de la pérdida, que se mide en decibelios (dB), el umbral de audición de las hipoacusias leves se sitúa entre 20 y 40 dB, el de las moderadas, entre 40 y 70 dB, el de las severas está entre 70 y 90 dB y el de las profundas se sitúa por encima de los 90 dB. En último lugar, está la pérdida total o casi total de la audición, la llamada cofosis, y en cuyo caso los restos auditivos se encuentran por encima de 120 dB1,2,8,11,12.

 

Asimismo, en función de la zona del oído afectada, si la pérdida es inferior a 60 dB, se tratará de una hipoacusia de transmisión o conductiva producida por una lesión en el oído externo y/o medio. Y, si es superior a 60 dB, podrá tratarse de una hipoacusia de percepción o neurosensorial, por lesiones que afectan al oído interno y/o al nervio auditivo, o de una hipoacusia mixta, producida por fallos a varios niveles del aparato auditivo1,2,8,11.

Por último, según el momento de aparición del déficit auditivo, podemos diferenciar entre hipoacusias prelocutivas o prelinguales, que son aquellas que se instauran antes del desarrollo del lenguaje oral, es decir, entre los cero y los dos años; hipoacusias perilinguales, que tienen su inicio durante la etapa de adquisición del lenguaje, es decir, entre los 2 y los 5 años; e hipoacusias postlocutivas o postlinguales, que son las que aparecen una vez que ya se ha consolidado el lenguaje1,2,8,9,11,13.

Cuanto mayor sea el grado de pérdida auditiva y más temprano se adquiera, mayores serán las dificultades del individuo para adquirir y/o desarrollar el lenguaje oral y comunicarse a través de él1,2,8,9,11-13.

Según los datos epidemiológicos, cada año en España dos mil familias tienen un recién nacido con problemas de audición. De estas, el 90 % son normoyentes y utilizan la lengua oral como canal habitual para comunicarse, la cual va a resultar inaccesible para el nuevo miembro, por lo que la familia va a tener que adaptarse a esta nueva situación4,5,11,16,17.

El proceso de adaptación va a desencadenar una serie de consecuencias en la familia y, puesto que es el primer ambiente en el que se desarrolla el niño, algunas de estas pueden ser incluso más perjudiciales para él que el propio déficit5,8,10,13,17.

 

La falta de habilidades comunicativas va a ser el principal obstáculo para que se establezca una buena relación entre ambos, por lo que es fundamental que el déficit se diagnostique lo más pronto posible para poder iniciar precozmente el tratamiento y la rehabilitación del niño, pero también de la familia, disminuyendo las consecuencias negativas para ambos1-5,10,13,17.

Por ello, desde hace unos años la deficiencia auditiva se ha convertido en un tema de análisis prioritario para la OMS y la Salud Pública, desencadenando la puesta en marcha de programas de detección precoz de la hipoacusia basados en el cribado auditivo neonatal universal3,12.

En España, el Programa de Detección Precoz de la Sordera fue aprobado en el año 2003 por el Ministerio de Sanidad y Consumo y por las Comunidades Autónomas. Gracias a su implantación se ha reducido considerablemente la edad de diagnóstico y de instauración del tratamiento y la rehabilitación tanto del individuo afectado como de su familia, previniendo o minimizando las consecuencias negativas derivadas de crecer sin un lenguaje1-5,8-11,13,17.

 

CLASIFICACIÓN DEL DÉFICIT AUDITIVO Y SUS CONSECUENCIAS EN LA ADQUISICIÓN Y EL DESARROLLO DEL LENGUAJE:

El déficit auditivo se puede clasificar según la edad de aparición, la intensidad de la pérdida auditiva y la zona del oído afectada, variando sus consecuencias en la adquisición y el desarrollo del lenguaje.

Según la edad de aparición tenemos tres grupos, siendo sus consecuencias más graves cuando más temprano se produzca la pérdida:

  • Deficiencia auditiva prelocutiva o prelingual:
  • Aparición anterior al desarrollo del lenguaje oral, es decir, entre los cero y los dos años.
  • Aproximadamente el 80 % son congénitas.
  • Interfiere en la adquisición del lenguaje que no se va a desarrollar espontáneamente.
  • Compromete seriamente las posibilidades de comunicación.
  • Deficiencia auditiva perilingual:
  • Instauración durante la etapa de adquisición del lenguaje, entre los dos y los cinco años.
  • El lenguaje elemental ya se ha adquirido, por lo que no va a tener grandes dificultades para hacerse entender.
  • Sus conocimientos van a estar por debajo del nivel que le corresponde a su edad, puesto que el proceso de educación no podrá completarse al ritmo normal para su edad.
  • Deficiencia auditiva postlocutiva o postlingual:
  • La pérdida es posterior a la adquisición del lenguaje, es decir, a partir de los cinco años.
  • Su repercusión sobre el desarrollo va a ser menor.
  • Va a suponer un hándicap social, pero con una adecuada rehabilitación podrá seguir haciendo uso del lenguaje ya consolidado1,2,8,9,12,13,16.

 

La intensidad de la pérdida auditiva se mide en dB y viene determinada por la zona del oído afectada, de tal manera que:

  • Si la pérdida auditiva es menor de 60 dB, la lesión estará localizada en el oído externo o medio, considerándose una deficiencia auditiva de transmisión o conductiva.
  • Si la pérdida es mayor de 60 dB hay dos opciones:
  • Que se trate de una deficiencia auditiva neurosensorial pura o de percepción, en cuyo caso la lesión estará localizada en el oído interno y/o en el nervio auditivo.
  • Que sea una deficiencia auditiva mixta, es decir, neurosensorial y de transmisión1,2,8,11.

 

Así pues, tendremos varios grados de pérdida auditiva en función de la intensidad de esta, diferenciando entre:

  • Hipoacusia leve:
  • Umbral de audición entre 20-40 dB.
  • Se mantiene la comunicación a través del lenguaje oral, aunque esporádicamente aparece alguna alteración fonética.
  • Existe dificultad para mantener una conversación si esta tiene lugar en un ambiente ruidoso o en voz baja.
  • Hipoacusia moderada:
  • Umbral de audición entre 40-70 dB.
  • Tienen problemas en la adquisición del lenguaje y la producción de sonidos, pudiendo aparecer alteraciones fonéticas y prosódicas más importantes.
  • Su vocabulario será reducido y las estructuras sintácticas tendrán alteraciones.
  • Existe dificultad para mantener una conversación con la voz normal si no usan un audífono.
  • Hipoacusia severa:
  • Umbral de audición entre 70-90 dB.
  • No pueden oír adecuadamente, oyendo solamente cuando se grita.
  • La aparición del lenguaje no es espontánea.
  • Pueden utilizar audífonos potentes.
  • Frecuentemente necesitan apoyarse en la labiolectura para seguir una conversación.
  • Hipoacusia profunda:
  • Umbral de audición por encima de 90 dB.
  • Tampoco se produce desarrollo espontáneo del lenguaje.
  • La comunicación es prácticamente nula puesto que apenas oyen nada, incluso utilizando amplificadores.
  • Deberán comunicarse a través de la lectura labial y el lenguaje de signos.
  • Cofosis:
  • Restos auditivos por encima de 120 dB.
  • Pérdida total de la audición1,2,8,12.

 

DIAGNÓSTICO DEL DÉFICIT AUDITIVO EN LA POBLACIÓN INFANTIL:

El diagnóstico del déficit auditivo se puede realizar mediante métodos subjetivos o técnicas fisiológicas objetivas 1.

Los métodos subjetivos se basan en la valoración de la audición a través de la observación directa del niño o de preguntas sistemáticas que se realizan a los padres con el objetivo de detectar alguno de estos signos de alarma:

  • La falta de respuesta al sonido.
  • El retraso en el desarrollo.
  • El retraso en el lenguaje oral.
  • El aislamiento social.
  • La depresión paterna (generalmente debida al retraso en la adquisición del lenguaje oral)1,6.

Pero cuando nos enfrentamos al grupo de edad que comprende a los recién nacidos y lactantes, detectar el déficit mediante métodos subjetivos va a resultar muy complicado1.

 

Por ello, es necesaria la utilización de técnicas fisiológicas objetivas para el cribado auditivo en este grupo de edad. En la actualidad se utilizan estas cuatro:

  1. Otoemisiones acústicas (OEA): son sonidos que se generan en la cóclea y llevan la dirección opuesta a la vía auditiva, siendo registrados en el conducto auditivo externo. Son fáciles de utilizar en este grupo de edad, siendo una prueba rápida, sencilla y económica. El problema es que solamente detectan las alteraciones precocleares.
  2. Potenciales evocados auditivos troncoencefálicos (PEATC): mediante la provocación de una estimulación acústica, miden la actividad del nervio auditivo hasta el mesencéfalo. También son fáciles de utilizar en este grupo. A diferencia de las anteriores, permiten detectar las alteraciones neurológicas.
  3. Potenciales evocados auditivos automatizados (A-PEATC): en este caso, la detección se realiza de forma automática, sin necesidad de una lectura posterior, siendo el propio sistema el que determina si pasa o no pasa la prueba. Por ello no precisan que el profesional que los realiza esté altamente especializado. Son tan rápidos y sencillos como las OEA, e igual de caros, pero a diferencia de estas, exploran toda la vía auditiva.
  4. Audiometrías convencionales: se realizan con un audiómetro de vía aérea que emite sonidos con frecuencias de 500, 1000, 2000 y 4000 Hz a diferentes intensidades. Son llevadas a cabo en los centros de salud para detectar pérdidas auditivas en niños mayores de cuatro o cinco años1,18,19.

 

Programas de Detección Precoz de la Hipoacusia:

En la actualidad existen dos tipos de estrategias dirigidas a detectar la hipoacusia de forma precoz. Lo ideal sería que siempre se llevara a cabo el screening auditivo neonatal universal. Pero, en aquellas ocasiones en las que esto no sea posible, se realizará el screening auditivo restringido a la población de riesgo19.

Para que un programa de detección, diagnóstico e intervención precoz sea implantado con éxito, es necesario que cumpla una serie de condiciones:

  • Cribado auditivo mediante pruebas fisiológicas al que tengan acceso todos los niños.
  • Debería realizarse en el área de maternidad antes del alta hospitalaria.
  • Aseguración de un sistema de repesca y citación, principalmente a través del pediatra del centro de salud, para los niños a los que no se les haya realizado antes del alta o que hayan nacido en centros en los que no se dispone de los medios para su realización.
  • En caso de no superar la prueba, se iniciará un estudio audiológico para que, en el caso de que exista, el déficit sea confirmado antes de los tres meses de edad.
  • Los niños que sean diagnosticados con déficit auditivo permanente deberán remitirse a programas de tratamiento interdisciplinar antes de los seis meses de edad.
  • Aquellos niños que pasen la prueba de cribado, pero tengan algún factor de riesgo, deberán recibir una vigilancia audiológica, además de la monitorización del desarrollo comunicativo1,4,18,20.

El objetivo de estos programas de cribado auditivo neonatal universal es detectar el déficit auditivo congénito durante el primer mes de vida, diagnosticar antes de los tres meses e iniciar el tratamiento antes de los seis. Y, en los casos adquiridos o de aparición tardía, detectarlo lo más pronto posible entre el nacimiento y los tres años1,3.

 

En la Comunidad Autónoma de Aragón, el protocolo para llevar a cabo el screening auditivo neonatal universal consta de cuatro fases:

  • Fase 1: exploración pediátrica y realización de OEA.
  • Si presencia de OEA en ambos oídos y ausencia de factores de riesgo: Alta protocolo.
  • Si ausencia de OEA: Repetición OEA de una semana a un mes después.
  • Si OEA negativos, dudosos o presencia de factores de riesgo: Fase 2.
  • Fase 2: exploración otorrinolaringológica y realización de PEATC.
  • Si respuesta auditiva troncoencefálica reproducible a 40 dB en ambos oídos: Alta protocolo.
  • Si ausencia de esta respuesta: Fase 3.
  • Fase 3: realización de PEATC tres meses después.
  • Si respuesta auditiva troncoencefálica a 40 dB en ambos oídos: Alta protocolo.
  • Si ausencia de esta respuesta: Fase 4.
  • Fase 4: derivación al hospital de referencia.
  • Realización de un estudio.
  • Inicio del tratamiento en los casos necesarios11,20.

 

COMUNICACIÓN: NECESIDAD DE UN LENGUAJE COMÚN:

El principal obstáculo en la relación entre los niños sordos y sus familiares normoyentes es la falta de comunicación debida a la ausencia de una lengua común. Esto se debe a que la familia utiliza la lengua oral para comunicarse y, para adquirir esta, es necesaria la audición para poder escuchar los sonidos, imitarlos y, finalmente, interpretarlos2,5.

El déficit auditivo va a suponer un impedimento para que esto se produzca, retrasando la adquisición del lenguaje si la hipoacusia es moderada e imposibilitándolo si esta es profunda1,2,3.

De esta manera, lo que en cualquier familia es una situación normal, se convierte en un reto para estas familias5.

A esto hay que sumarle que, si la primera lengua no se adquiere antes del periodo crítico, que se corresponde con los cinco años, el niño puede quedarse privado lingüísticamente con las consecuencias que esto conlleva en su desarrollo global, siendo frecuentes:

  • Los problemas de atención.
  • El aumento de la dependencia.
  • La limitación de la experiencia.
  • La tendencia al concretismo.
  • El sentimiento de inferioridad.
  • El sentimiento de soledad.
  • La acentuación de la afectividad.
  • La agresividad y/o brusquedad2,4,6

Para que esto no ocurra, es necesaria la detección precoz del déficit, siendo la edad idónea para diagnosticar, como se ha expuesto en el punto anterior, antes de los tres meses de edad y así poder iniciar el tratamiento antes de los seis meses1,2.

Un tratamiento adecuado tiene que cumplir dos premisas, que se inicie precozmente y que el abordaje sea multidisciplinar, incluyendo a otorrinolaringólogos, logopedas, foniatras, radiólogos, audiólogos, audioprotesistas y psicólogos2,6.

Además, se debe llevar a cabo a varios niveles, comenzando con una rehabilitación logopédica tan pronto como se diagnostique y así poder implantar un sistema de comunicación y que no se paralice su desarrollo. Más adelante, si es preciso, se procederá a la elección de un dispositivo de sustitución 2.

Puesto que estos niños son demasiado pequeños para decidir acerca del tratamiento que se va a implantar, serán los padres los que decidan por ellos, por lo que tienen que ser educados recibiendo la información necesaria para su orientación.

 

TRATAMIENTO DEL DÉFICIT AUDITIVO INFANTIL:

El tratamiento del déficit auditivo debe iniciarse lo antes posible una vez diagnosticada la sordera, preferiblemente antes de los seis meses, de ahí la importancia de los programas de detección precoz 1-3.

Esta deficiencia requiere un tratamiento multidisciplinar dirigido tanto al niño que la padece como a sus familiares, puesto que estos van a ser los que, con ayuda de la información y orientación que reciban de los profesionales, tengan que elegir entre un tipo de tratamiento u otro2,4,5,8,17.

El tratamiento se va a llevar a cabo a dos niveles. El primero de ellos es la rehabilitación logopédica y va a permitir la adquisición de un lenguaje a través del cual pueda existir una comunicación efectiva entre el individuo sordo y su entorno. Para ello, existen diferentes métodos:

  • Método auditivo puro: consiste en la estimulación de los restos auditivos sin ningún soporte visual. Suele utilizarse en casos de hipoacusia leve o moderada.
  • Métodos audio-orales: se estimulan los restos auditivos, pero apoyándose en la labiolectura. Si esta no es suficiente, debido a las ambigüedades del habla vista a través de los labios, se puede recurrir a técnicas gestuales complementarias.
  • Métodos gestuales, pudiendo distinguir entre:
  • Lengua de Signos (LS): es considerada la lengua natural de las personas sordas y sus características principales son:
  • No es una lengua universal, sino que cada país tiene su LS propia.
  • Posee las mismas características que las lenguas orales: una estructura, un vocabulario y una gramática propias.
  • Evoluciona en función de las necesidades comunicativas, pudiendo crear nuevos signos.
  • El canal a través del que se transmite es visogestual.
  • Existen clasificadores que permiten asignar varios conceptos simultáneamente.
  • La kinesia o, lo que es lo mismo, las posturas corporales y la expresión facial son imprescindibles para la comunicación a través de la LS.
  • Sistema Dactilológico: se trata de la representación del abecedario a través de las manos. Se utiliza cuando se quiere hacer referencia a algún elemento para el que no existe un signo concreto en la LS (como los nombres propios), o para conocer cómo se escribe una palabra.
  • Método bimodal: es la expresión de un mismo concepto a través de dos códigos diferentes, el acústico y el manual. Toma el vocabulario de la lengua de signos, pero manteniendo la estructura gramatical de la lengua oral14,17,21-24.

El profesional que informe a los padres debe aportar información imparcial acerca de estos sistemas de comunicación para que sea la familia la que decida cuál de ellos va a ser utilizado en casa y, a partir de ahí, se llevará a cabo la adaptación a dicho sistema6.

 

Sin embargo, lo ideal para las necesidades lingüísticas del niño con déficit auditivo sería la exposición tanto a la lengua oral como a la lengua de signos, convirtiéndose en un individuo bilingüe. Por ello, también debería informarse a los padres acerca de los beneficios del bilingüismo, que son los siguientes:

  • Se garantizan dos lenguas a través de las que se va a poder comunicar con el resto de las personas, ya sean signantes o no, teniendo la posibilidad de adaptarse a cada situación.
  • Supone un pensamiento más creativo en cuanto a procesos verbales y resolución de problemas.
  • Tendrá acceso a al menos un lenguaje que le permita comunicarse cómodamente, teniendo mejores resultados académicos.
  • El acceso a un ambiente auditivo va a expandir sus oportunidades profesionales y laborales.
  • Va a suponer la eliminación del riesgo inherente a la imposibilidad de detectar señales de alarma que se transmiten únicamente por vía auditiva ante una emergencia5,6,25.

El segundo nivel para completar el tratamiento es la valoración de la implantación de una ayuda técnica que le permita percibir un sonido con la mejor calidad, dentro de las posibilidades del niño. Para ello, se deberá tener en cuenta la intensidad de la pérdida y la localización de la lesión. La primera opción son las ayudas técnicas que no requieren de intervención quirúrgica, es decir, los audífonos, la segunda son las técnicas quirúrgicas reconstructivas y, la tercera opción son los dispositivos implantables quirúrgicamente2,26.

 

Las ayudas técnicas existentes en la actualidad son:

  • Los audífonos o prótesis acústicas: su objetivo es amplificar el sonido hasta alcanzar la intensidad del umbral de audición del deficiente auditivo. Existen diferentes tamaños y lugares de colocación, pudiendo ser:
  • Retroauriculares:
  • Se sitúan detrás del pabellón auricular y a través de un molde al que están conectados ocluyen completamente el conducto auditivo externo.
  • Indicados en cualquier grado de déficit auditivo.
  • Un tipo de este es el “open fit” en el que en lugar de un molde solamente se introduce una varilla, pero sus indicaciones se limitan al déficit auditivo que afecta únicamente a las frecuencias agudas.
  • Intra-auriculares:
  • Se sitúan en la concha auricular ocluyéndola completamente.
  • Indicados en hipoacusias entre moderadas y severas.
  • Intracanales:
  • Se sitúan en el interior del conducto auditivo externo.
  • Indicados únicamente en hipoacusias entre leves y moderadas.
  • Un tipo de estos son los audífonos intracraneales de inserción profunda (CIC), que se sitúan en la parte más profunda del conducto.
  • Implantes: son prótesis que precisan de tratamiento quirúrgico. Estos pueden ser:
  • Osteointegrados:
  • A destacar el sistema BAHA, que consiste en la colocación de un implante de titanio detrás del pabellón auditivo, unido a un pedestal encima del cual se sitúa un procesador de sonido.
  • Su colocación puede realizarse mediante anestesia local.
  • Indicado en niños con malformaciones congénitas en el oído externo y en casos de supuración crónica.
  • Edad de implantación: entre los 3 y los 5 años. Hasta que lleguen a esta edad pueden utilizar el procesador de sonido mediante una banda elástica.
  • Activos de oído medio:
  • Pueden ser semi-implantables o implantables totalmente.
  • A destacar el Vibrant Soundbridge, que consiste en una prótesis semi-implantable que consta de dos partes, un trasductor implantable y un procesador de sonido con un micrófono situado detrás de la oreja, ocultándose entre el pelo.
  • Indicado en hipoacusias de transmisión o mixtas.
  • Cocleares:
  • Su proceso de implantación incluye la elección del candidato adecuado, la intervención, la programación y la rehabilitación, por lo que es necesaria la participación de un equipo multidisciplinar formado por otorrinolaringólogos, programadores y logopedas.
  • El sistema tiene dos partes, una externa y otra interna cuya comunicación se realiza sin la existencia de ningún contacto físico, convirtiendo los sonidos en impulsos codificados para ser interpretados por el cerebro, todo ello en cuestión de microsegundos.
  • Indicado en hipoacusias neurosensoriales entre severas y profundas.
  • Edad de implantación: lo antes posible desde el diagnóstico del déficit, intentando realizar la cirugía alrededor del año de vida.
  • De tronco cerebral:
  • Se colocan en la superficie del núcleo coclear troncoencefálico.
  • Para su programación el paciente debe estar monitorizado.
  • Los riesgos que conlleva la intervención quirúrgica lo convierten en un tema controvertido.
  • Sus indicaciones se limitan a los pacientes con neurofibromatosis tipo 2 intervenidos por neurinoma del acústico bilateral con lesión en ambos oídos o a niños con ausencia de ambos nervios auditivos2, 26.

 

PROCESO DE AFRONTAMIENTO:

El diagnóstico del déficit auditivo en un hijo, nieto, hermano u otro familiar allegado es extremadamente doloroso, especialmente para los familiares normoyentes4-6,17.

Para darnos cuenta de la extraordinaria importancia que tienen las relaciones paterno-filiales en el desarrollo del niño, existen estudios a través de los que se han comparado los resultados a nivel académico, de adquisición del lenguaje escrito y de adaptación personal y social, siendo mejores en los niños con padres sordos, que son una minoría (10 %). Esto se debe a que, desde el principio, existe una comunicación familiar que le permite al niño participar en todas las conversaciones familiares, manifestar sus sentimientos y deseos y sentirse uno más13.

La nueva situación, va a desencadenar unas consecuencias en la familia que forman parte del proceso de adaptación a está, siendo frecuentes:

  • La sensación de angustia debida a:
  • Dificultad para comprender las necesidades del familiar afectado.
  • El aumento del nivel de estrés provocado por:
  • Inseguridad para ejercer los roles familiares adecuadamente.
  • Exigencia de toma de decisiones respecto a los enfoques metodológicos de comunicación y las ayudas técnicas para su tratamiento.
  • Los cambios en las relaciones sociales:
  • Por un lado, tendencia al aislamiento social, restringiendo las relaciones a los contactos con familiares.
  • Por otro, establecimiento de nuevas relaciones con familiares en su misma situación4,5,13,17.

El grado de afectación emocional y, por consiguiente, la actitud que van a adoptar los familiares ante el déficit, va a depender en gran medida de la existencia de alguna sospecha previa al diagnóstico4,13.

Debido a la importancia que tiene la familia en la etapa inicial del desarrollo del niño con deficiencia auditiva, es muy importante que, una vez diagnosticada la sordera, la atención vaya dirigida en primer lugar a la familia para que sea capaz de afrontar la realidad y buscar las estrategias que minimicen al máximo las consecuencias de la deficiencia en el niño4,13.

 

Para que la actuación de los especialistas sobre la familia sea eficaz, es muy importante conocer el momento en el que se encuentra respecto al proceso de afrontamiento. Las etapas de este proceso no están bien definidas, pudiendo solaparse unas con otras. Pero, por norma general, todos los familiares pasan por las siguientes fases:

  • Choque emocional: el diagnóstico produce sentimientos de dolor, abatimiento, preocupación. Suele ser una fase muy corta.
  • Periodo de aflicción: cuando este dolor permanece reprimido.
  • Negación: es frecuente que algunas familias no sean capaces de aceptar la situación, negando la realidad como mecanismo de defensa. El problema aparece cuando esta negación se mantiene de forma crónica.
  • Reconocimiento: a través de la orientación e información recibidas por parte de los especialistas la familia comienza a afrontar la realidad, aunque pueden seguir despertándose los sentimientos de angustia e inseguridad en aquellas etapas de la vida del niño que supongan cambios importantes.
  • Negociación: en esta fase, la familia busca estrategias para mejorar la calidad de vida del niño.
  • Aceptación: se da en el momento en que la familia acepta al niño con su deficiencia y las consecuencias que esta conlleva.

Pero estas etapas no se dan de la misma manera en todas las familias. Esto se debe a que existen una serie de variables que influyen en el proceso de afrontamiento y que se pueden clasificar de la siguiente manera:

  • Características del niño: grado de pérdida auditiva, edad, género y carácter.
  • Recursos personales: características personales para afrontar situaciones difíciles y solucionar problemas, capacidad para asumir el rol y la responsabilidad que le corresponde, autoestima y optimismo.
  • Recursos familiares: cohesión familiar, calidad de la relación matrimonial y condición económica y social.
  • Recursos sociales: apoyo que los padres reciben de sus redes:
  • Naturales: familiares, amigos…
  • “Artificiales”: profesionales, nuevas amistades con padres en su misma situación, grupos de apoyo.13

La actitud que adoptará el niño ante su deficiencia va a depender fundamentalmente de la actitud que han tenido los padres ante su limitación5,13.

 

BIBLIOGRAFÍA

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