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La importancia de la regulación emocional en los niños durante la cuarentena por Covid-19

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26 abril 2020

AUTORES

Gemma Cordero Giménez. Residente de Psicología Clínica CRP Nª Sra. del Pilar, Zaragoza

Cristina Soler González. Psiquiatra Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza

David José Romera Morales. Residente de Psicología Clínica. Hospital General San Jorge, Huesca

RESUMEN

Debido a las circunstancias de confinamiento que está viviendo nuestra sociedad en estos momentos, creemos que es importante aprender a mantener la calma y a regular nuestras emociones. Uno de los varios colectivos que pueden verse afectados por este estado de alarma son lo niños. Por definición, su etapa del ciclo vital se fundamenta, entre otros eventos, en la exploración del mundo, la expansión de sus aprendizajes y el conocimiento de todo aquello que se encuentra más allá de las paredes de sus hogares. En la actualidad, requerido por las autoridades de muchos países y velando por la salud de todos, es fundamental que todos nosotros nos refugiemos en nuestras casas temporalmente, por lo que nuestros pequeños pueden ver diezmadas sus expectativas para con el mundo. Estas dificultades actuales pueden generar malestar y diferentes desregulaciones emocionales también en los más pequeños de la casa. Así pues, lo que se pretende con este trabajo es abordar, gracias a la ilustración con un caso clínico, cómo se pueden intentar manejar mejor las emociones y fomentar una mayor la regulación emocional en los más pequeños de la casa, consiguiendo con ello una mejor convivencia familiar.

PALABRAS CLAVE

Confinamiento, regulación emocional, ansiedad, relación diádica, conexión interpersonal.

RESUMEN DEL CASO

El caso que pretendemos presentaros es el de una niña de cuatro años, la mayor de una fratría de dos, a la que llamaremos Lola. Conocimos a su madre cuando se quedó embarazada de su hija menor. Ella acudió a nuestra consulta por la aparición de miedos, sensación de incapacidad para los futuros cuidados del bebé y ansiedad frente a la maternidad de dos criaturas. Realizamos varias sesiones de psicoterapia y, la madre, consiguió llegar al parto con tranquilidad, sintiéndose empoderada y fuerte para afrontar, junto con el padre, la crianza de las dos niñas.

Seguimos con alguna sesión más tras el parto para comprobar la estabilidad de aquello adquirido en la terapia con el hándicap que el estado de alarma incapacitó las sesiones presenciales. A pesar de todo, acordamos seguir con la madre vía telefónica y por e-mail para evitar que el confinamiento pudiera resultarles demasiado abrumador.

En una de las sesiones, la madre nos comenta que el confinamiento estaba generando unas dinámicas en Lola que les estaban sobrepasando.

La pequeña ha sido hija única hasta hace un par de meses; sus padres siempre han apostado por una educación muy respetuosa, intentando ser para Lola una base segura, gracias a la cual, ella pueda iniciarse en la exploración del mundo y, además, a estos progenitores les parece fundamental ayudar a su hija en la expresión y comprensión emocional.

Ambos son autónomos y, con el confinamiento, han tenido que seguir con su actividad laboral desde casa (aunque en el caso de la madre a un ritmo más reducido puesto que recién había dado a luz). Nos explica la madre que, desde el nacimiento de la hija menor, Lola parecía sentirse algo más irascible, le costaba separarse de su madre, lloraba con más facilidad y quería realizar menos actividades con su padre. A pesar de todo, antes de la cuarentena iban llevando bastante bien la situación porque al ir al colegio, la madre tenía más horas para dedicárselas a la bebé y más espacio para ella; además, dedicaban unas horas por la tarde al juego al aire libre y eso generaba una mejoría anímica en Lola.

Entre el confinamiento y el malestar de Lola, en la madre empiezan a surgir sentimientos de culpa y ansiedad por la situación que viven sus hijas y por no saber cómo afrontar las dificultades de su hija mayor. El padre intenta ayudar a gestionar mejor las emociones de Lola y de la madre, pero muchas veces es el que recibe los comentarios airados de la pequeña, lo cual también le genera cierta frustración.

Tal y como plantea Porges en su Teoría Polivagal, cuando nos asalta el miedo o una situación que nos resulta difícil, lo primero que hacemos es buscar esa figura de apego, esa conexión interpersonal que nos pueda ayudar y que nos active la rama ventral del nervio vago de nuestro sistema nervioso parasimpático. Si la persona de referencia no está en sintonía con nosotros, se iniciarán otros mecanismos entre los cuales encontramos la lucha o la huida, pero si, el otro sintoniza con nosotros, conseguiremos calmarnos. Con sencillez, se le explicó esto a los padres para que entendieran que era necesario que ellos estuvieran calmados y en sintonía cuando tenían que hablar con Lola. Trabajamos con ambos padres la necesidad de explorar, en primer lugar, las emociones personales para después, con más calma, explorar las necesidades emocionales de la pequeña. Se les indicó la necesidad de tener un espacio con la pequeña para hablar de lo que estaba sintiendo utilizando herramientas como el termómetro emocional y las caras con emociones para que le resultará más sencillo, a Lola, expresar lo que sentía en cada momento. Además, intentamos fomentar espacios de juego con los cuatro componentes de la familia durante los cuales, la madre, realizaba pequeñas ausencias físicas que se le explicaban a la pequeña Lola para ir fomentando la aceptación en la niña de la separación de la madre. Poco a poco, Lola empezó a poder expresar sus emociones mediante el uso de herramientas lúdicas y a perder el miedo a estar alejada de su madre temporalmente.

DISCUSIÓN

Desde mediados de marzo de este mismo año, en nuestro país se decretó la clausura de las escuelas, entre muchos otros espacios. Las familias se vieron recluidas temporalmente en sus casas para intentar reducir el impacto que la pandemia por COVID-19 estaba teniendo en nuestra sociedad. La incertidumbre, el caos, el miedo ante la enfermedad y la muerte, la falta de experiencia previa en estos casos y las noticias cambiantes a la par que alarmantes a todas horas, generaron en nosotros la imperiosa necesidad de readaptación rápida al medio, así como la necesidad de aprender a lidiar con unos sentimientos y emociones que, hasta el momento, en muchas ocasiones intentábamos ocultar tras la vorágine del trabajo y ocupaciones varias de nuestro día a día.

De repente, los niños que ocupaban escuelas, corrían por las calles, reían en los parques y, en ocasiones, tenían pataletas cuando no conseguían lo que reclamaban, vieron como también su espacio se reducía a las paredes de sus casas. De la noche a la mañana se les tuvo que explicar que había un virus diminuto que, para luchar contra él y, así, evitar que nos hiciera daño, debíamos quedarnos todos en casa. Dicho así parece fácil, pero ¿qué ocurre cuando pasan los días y todavía seguimos quedándonos en casa?, ¿qué ocurre cuando los miedos, las ansiedades de los niños y sus padres son difíciles de gestionar? Si no hemos podido hacerlo antes, es en este punto cuando debemos empezar a cuestionarnos la necesidad de trabajar la regulación emocional.

En primer lugar, entendemos que es de vital importancia explicarles a nuestros pequeños la situación que se está viviendo, evitando información innecesaria y bulos indiscriminados a los que pueden estar expuestos. Es importante adaptar, a sus edades y capacidades, la información que se les ofrecerá. Además, a pesar de los miedos y las inseguridades que como adultos podamos sentir, debemos transmitirles la máxima seguridad, ofreciéndoles una imagen de sus figuras de referencia como aquellos que les protegerán, les cuidarán y a los que pueden recurrir si lo necesitan. En todo ello se fundamenta el poder ser una base segura de nuestros hijos, una base que les ayudará a explorar y a conocer los límites, pero siempre sabiendo que tienen el apoyo necesario en nosotros.

Al hablar con los niños acerca de lo que está pasando, intentaremos ofrecerles la información de manera ajustada a su edad, en un ambiente lo más tranquilo posible y de forma sencilla; les responderemos a las preguntas que nos planteen, les explicaremos que nuestros familiares están sanos o, en caso de haber contraído la enfermedad, les tranquilizaremos acompañando nuestro comentario con la idea de que muchos profesionales están cuidando de nuestros enfermos. Seremos una fuente de escucha activa y de comprensión para ellos sin minimizar ni ningunear sus sentimientos.

Cuando los adultos conectamos con lo que surge en nuestro interior y aprendemos a canalizarlo, podemos ser un espejo en el que nuestros hijos puedan reflejarse. La regulación también se iniciará en ellos cuando seamos sus modelos y vean como gestionamos nuestras emociones. Es fundamental preguntar a los menores cómo se sienten, si están tristes, asustados, enfadados, etc. y que aprendan a poner en palabras todo aquello que aparece en su interior. En determinadas ocasiones hemos contemplado a los adultos intentando ocultar aquellas emociones que no se consideran “buenas” (como el enfado o la tristeza, especialmente) pensando que era la mejor estrategia para que los hijos no sufrieran. Con el tiempo, vemos que esta estrategia tiene pocos beneficios ya que los niños detectan que algo está pasando en sus padres, alguna emoción está apareciendo e intentar ocultarla puede generar, en los menores, la idea de que son los culpables de ese malestar. Además, un ambiente que permita expresar las emociones y hablar de los sentimientos facilita en los niños una mejor gestión y expresión emocional.

Para poder mostrarnos como una base segura en la que puedan apoyarse los pequeños, es necesario que los adultos también nos conozcamos y aprendamos cómo nos sentimos y cual es el mejor momento para explicarles las cosas. A pesar de convivir todos juntos, en nuestras casas, las veinticuatro horas es necesario mantener un espacio propio o dedicarnos unos momentos al día para que podamos conectar con lo que sentimos y con las emociones que emergen en nuestro interior. Poder compartir dudas, preocupaciones, inquietudes con otros adultos de tal forma que nos ofrezcan sus puntos de vista puede aliviar los temores que podemos sentir en determinados momentos. A pesar de la dificultad para aceptar que la situación que estamos atravesando no es la que queremos para nuestros hijos, es necesario que iniciemos el camino de la liberación de la culpa que podamos estar sintiendo como padres, especialmente cuando reflexionamos acerca de lo que nuestros pequeños están viviendo y de la imposibilidad que sentimos de librarlos de esas vivencias. Diferentes estrategias de regulación pueden ser de utilidad para reducir nuestro nivel de estrés y ansiedad; entre ellas podemos encontrar la respiración, la relajación, el mindfulness, practicar algo de ejercicio, etc. Cada uno deberá aprender qué estrategia le resulta más útil para potenciar su bienestar emocional. En estos momentos, nuestra responsabilidad como adultos no recae en librar a los niños de lo que viven sino en proporcionarles el ambiente más idóneo a pesar de lo que viven.

Una de las cuestiones más planteadas cuando empezó la cuarentena fue la forma en la que se seguirían manteniendo las clases, a pesar de no ser presenciales. Se han sugerido estrategias online, clases virtuales, tutorías telefónicas y mil maneras de poder seguir con una normalidad de la que ahora mismo no disponemos. Como sociedad hemos contemplado como la educación formal se intentaba restablecer abarrotando a nuestros niños de tareas supliendo así las horas presenciales. Se han tenido en cuenta los temarios, los exámenes, las evaluaciones, pero creemos que se ha dejado de lado la importancia de trabajar las emociones y tener espacios en el día a día para regular lo que emerge en el interior de los pequeños. Aunque es cierto que es fundamental que se sigan unos horarios diarios y se establezcan unas rutinas con tareas del colegio y algo de deporte para evitar caer en la desidia, también es importante crear momentos y espacios en los que se puedan expresar emociones y se hable de lo que cada uno está sintiendo, sin juzgar y sin castigarse por ello.

Según la edad de los chicos, podemos utilizar, como hicimos con Lola, diferentes estrategias que permitan facilitar la exteriorización emocional. Pueden ser de utilidad los juegos (utilizando la expresión corporal para reflejar lo que se siente y buscar alternativas para calmarse), dibujar con ellos lo que están sintiendo, hablar de lo que pasa en su interior, utilizar cartas de las emociones y termómetros visuales para que localicen sus emociones y las compartan con sus adultos. A pesar de permanecer confinados en casa, podemos seguir utilizando las tecnologías a nuestro favor; de esta forma, podemos permitir que nuestros hijos realicen alguna comunicación con sus amigos para fomentar los vínculos entre ellos, a pesar de la distancia y también se pueden buscar actividades tales como películas o juegos online para realizar en familia aunque ante todo, es importante que se realice bajo la supervisión del adulto de manera que nuestros menores no se vean desbordados con demasiada información.

CONCLUSIONES

Aunque estos momentos de cuarentena suelen resultarnos difíciles a todos, es importante empezar a plantearnos qué necesitamos en cada momento. Aunque la situación no es la más ideal, también nos reta a que paremos un momento y conectemos con lo que nuestro cuerpo y nuestra mente pueda necesitar. Como en el caso de Lola, era necesario que los padres empezaran a conectar con sus necesidades interiores para poder iniciar una sana relación diádica con su pequeña. Aunque son momentos para poder leer, ver películas y jugar con la videoconsola, también puede ser un buen momento para empezar a conocer qué es lo que necesitamos en un determinado instante, cómo podemos ayudarnos a encontrar más calma interior y, sobre todo, es una buena oportunidad para ser más indulgentes con nosotros mismos y con los pequeños de la casa.

BIBLIOGRAFÍA

BARUDY, J. y DANTAGNAN, M. (2009). Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa

BARUDY, J. y DANTAGNAN, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser padre o madre. Barcelona: Gedisa

PORGES, S.W. (2017) Guía de bolsillo de la teoría polivagal: el poder transformador de sentirse seguro. Barcelona: Eleftheria

SIEGEL, D. (2012). El cerebro del niño.  Barcelona: Alba Editorial

SIEGEL, D. y HARTZELL, M. (2012). Ser padres conscientes. Barcelona: La Llave