Type to search

Infecciones en guarderías: ¿cómo combatirlas?

Categoría: ,
19 octubre 2020

AUTORES

  1. María Vázquez Sánchez. Residente de Pediatría, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  2. Cristina Genzor Ríos. Residente de Enfermería Pediátrica, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  3. Mónica López Campos. FEA de Pediatría, Centro de Salud Amparo Poch, Zaragoza.
  4. Carlos Fernández Lozano. Enfermero, Hospital General de la Defensa, Zaragoza.

 

RESUMEN

Muchas familias optan por la guardería como alternativa al cuidado de sus hijos en diferentes momentos, normalmente motivos laborales. A pesar de su papel como estimulante en el desarrollo sociocultural e intelectual del niño, trae como consecuencia un incremento del riesgo infeccioso en los más pequeños. Esto se debe a múltiples factores como el contacto estrecho entre compañeros o la inmadurez de su sistema inmunitario.

Se ha demostrado el aumento de infecciones como infecciones respiratorias, gastroenteritis aguda, conjuntivitis, faringitis, otitis media aguda o exantemas de diferente etiología. En la mayoría de los casos se trata de procesos de origen vírico principalmente que se resuelven de forma autolimitada con tratamiento sintomático.

No obstante, existen medidas preventivas útiles para intentar disminuir el riesgo infeccioso, la carga asistencial y la necesidad de uso de antibióticos. La vacunación infantil y la educación sociosanitaria de padres y educadores son dos de las medidas más importantes en dicha prevención. Por otro lado, también es necesaria la exclusión escolar en el momento en el que el niño presente fiebre u otros síntomas como lesiones exudativas, vómitos, diarrea, catarro, etc. La responsabilidad de llevar a cabo estas medidas es compartida entre familiares, trabajadores de la guardería y pediatras, por lo que es esencial trabajar en busca de unos objetivos comunes.

 

PALABRAS CLAVE

Jardines infantiles, educación en salud, desarrollo infantil, cuidado del lactante, pediatría, prevención primaria.

 

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas ha aumentado sustancialmente el número de niños que acuden a guarderías entre los 0 y los 3 años. La edad de inicio de la escolarización en la etapa de “preescolar” es a los 3 años pero, hasta entonces, muchas familias necesitan buscar recursos para afrontar el cuidado de sus hijos. El cambio de perfil del núcleo familiar a lo largo de los años es el desencadenante principal para la búsqueda de alternativas en el cuidado de los más pequeños. La inserción masiva de la mujer al mundo laboral y las dificultades de asumir parte de la crianza por parte de los abuelos son algunos de esos desencadenantes. Como resultado, las guarderías asumen en muchos casos el papel de cuidador.1,2

Estos Centros educativos aportan ventajas a nivel socioeducativo para el niño. A partir de los 12-15 meses de edad se comienzan a objetivar algunos beneficios, ya que el niño inicia la deambulación y la interacción con otros niños. Por otro lado, a partir de los 18-24 meses, mejora la comunicación, el desarrollo social e intelectual y la capacidad de aprendizaje en la guardería.3

A pesar de las ventajas que las guarderías proporcionan, traen consigo un aumento de la patología infecciosa infantil debido a diferentes motivos. En primer lugar, el contacto cercano y prolongado con otros niños fomenta la transmisión de múltiples gérmenes, en especial los de transmisión por contacto cutáneo directo, vía respiratoria y feco-oral. Por otro lado, los niños pequeños presentan un sistema inmunitario poco desarrollado y, conforme van creciendo, van adquiriendo una mejor inmunidad debido a la formación de anticuerpos frente a diferentes agentes infecciosos.3

 

FACTORES ASOCIADOS AL RIESGO DE INFECCIÓN

En la literatura encontramos unanimidad a la hora de afirmar que la asistencia a guardería conlleva un mayor riesgo de infección de forma general. En este grupo de edad existen factores que propician una mayor transmisión de virus y bacterias. La ausencia de control de esfínteres favorece la propagación de infecciones gastrointestinales de transmisión feco-oral. El contacto estrecho con otros compañeros facilita el contagio de infecciones respiratorias o por contacto directo con secreciones (lesiones exudativas o conjuntivitis).1,3,4

No obstante, el riesgo depende también de diferentes factores individuales referentes al huésped y a cada guardería, al personal que trabaja en ella y a las condiciones en las que se convive en el aula.

  • Edad cronológica: se ha comprobado que el inicio precoz de la guardería y, por consiguiente el tiempo de exposición, favorecen el riesgo de infección. Los menores de 12 meses presentan un mayor riesgo relativo de padecer enfermedades infecciosas, incrementándose más aún en aquellos cuya entrada fue a una edad inferior a los 6 meses. La gravedad de las infecciones también es mayor en el grupo de menor edad.5
  • Edad gestacional: solamente se ha observado un mayor riesgo de infección en los grandes prematuros (<32 semanas de edad gestacional), por la alta prevalencia de antecedentes patológicos como displasia broncopulmonar. Se recomienda evitar la guardería en la medida de lo posible, especialmente en edades inferiores a 12 meses.3
  • Patologías previas: cardiaca, respiratoria, neurológica, inmunodepresión, digestiva… Pueden padecer infecciones potencialmente más graves.3,6
  • Atopia: los niños con antecedentes personales o familiares de atopia presentan mayor riesgo de infecciones respiratorias en la etapa de guardería respecto al grupo control.7 En este grupo parecen elevarse los episodios de sibilantes recurrentes hasta los 3-4 años de edad. Respecto al asma se encuentra gran discrepancia en la literatura, sin poder afirmar si existe una asociación entre la asistencia a guardería y la aparición de asma infantil posterior.3
  • Tamaño del grupo y ratio niños/cuidador: se correlacionan positivamente con el riesgo infeccioso.6

No se han encontrado diferencias significativas en cuanto a raza o sexo como factores influyentes.

 

¿QUÉ PATOLOGÍAS SON TÍPICAS EN LOS NIÑOS QUE VAN A LA GUARDERÍA?

En la mayoría de los casos el origen es vírico, cursan de forma autolimitada y el tratamiento suele ser sintomático. Algunas de las patologías más frecuentes son las siguientes:

  1. Infección de vías respiratorias superiores: Es una de las patologías infantiles más comunes. Puede causar tos, rinitis, estornudos y/o fiebre y está propiciada por numerosos patógenos como Rinovirus (el más frecuente), Metapneumovirus, Adenovirus, Parainfluenza, etc. Se trata de virus estacionales que producen cuadros generalmente autolimitados, por lo que su tratamiento es sintomático.
  2. Conjuntivitis viral: Cursa con síntomas como “ojos rojos”, prurito ocular y lagrimeo. Se transmite mediante el contacto personal cercano, al toser, estornudar o frotarse los ojos tras el contacto con secreciones infectadas. Es un cuadro muy contagioso y de tratamiento sintomático. Se precisan ocasionalmente colirios antibióticos para prevenir sobreinfecciones bacterianas.
  3. Gastroenteritis aguda: cuadro infeccioso que produce típicamente vómitos, diarrea y dolor abdominal, con o sin fiebre. Uno de los principales agentes causales en las guarderías es el Rotavirus, el cual puede provocar sangre en las deposiciones. La transmisión es fecal-oral y su tratamiento sintomático se basa en la hidratación (preferentemente por vía oral) y la tolerancia oral progresiva. Algunos antieméticos como el Ondansetron pueden ser útiles para conseguir el inicio de la tolerancia oral si los vómitos son muy persistentes.

Actualmente, es posible la vacunación infantil frente a Rotavirus, aunque se trata de una vacuna no financiada en nuestro medio.

4. Faringitis aguda: Los criterios de Centor (fiebre >38ºC, ausencia de tos, adenopatía anterior dolorosa, exudado purulento) nos ayudan a valorar si puede tratarse de una etiología vírica o bacteriana. A esta edad suelen ser faringitis de origen vírico y los niños afectados presentan más frecuentemente fiebre o febrícula, odinofagia, tos, faringe eritematosa, moco en cavum… Los antiinflamatorios y la hidratación abundante son claves en el tratamiento.

5. Otitis media aguda: Se trata de un cuadro de origen principalmente bacteriano, producido por agentes como S. pneumoniae, H. influenzae y M. Catarrhalis. Se desencadenan síntomas típicos como otalgia, fiebre y, en ocasiones con secreción purulenta. La otoscopia es esencial para valorar la existencia de abombamiento del tímpano y, en base a ello, qué tipo de tratamiento es el oportuno. Se requiere antibiótico en los casos de abombamiento, secreción purulenta, eritema timpánico importante y bilateral o ausencia de mejoría tras 48 horas con tratamiento antiinflamatorio. La Amoxicilina a dosis de 80 mg/kg/día es normalmente el antibiótico de primera elección.

6. Exantemas cutáneos: Suelen ser de origen viral. Uno de los ejemplos más frecuentes es la Enfermedad de Mano-Pie-Boca producida por el virus Coxsackie A16 y por Enterovirus 71. Se caracteriza por la aparición de un exantema vesiculoso-ampolloso más llamativo en manos, pies, boca y área del pañal.

Otro exantema típico es el megaloeritema producido por el Parvovirus B19, en el que destaca un eritema facial “en bofetón”. A su vez, encontramos un exantema de tipo reticulado en tronco y extremidades.

Por otro lado, el exantema súbito es ocasionado por el Virus Herpes tipo 6 y 7 y consiste en un cuadro febril de 2-4 días de evolución que se autolimita para continuar bruscamente con un exantema maculopapuloso en extremidades y tronco.

La mayoría de los exantemas de origen viral son autolimitados y no precisan tratamiento específico. Los antihistamínicos por vía oral pueden ser útiles para aliviar el prurito. Al mismo tiempo, los antibióticos tópicos como la Mupirocina son beneficiosos ante signos de rascado importante o en sobreinfecciones bacterianas. El objetivo es prevenir y/o tratar el impétigo, una infección bacteriana producida por Staphylococos o Streptococos de la piel cuando existe una puerta de entrada, en este caso originada por el rascado.

 

¿QUÉ REPERCUSIONES ENCONTRAMOS?

En diferentes estudios se ha demostrado el incremento del riesgo de infección en los niños que acuden a guardería. Por ejemplo, el riesgo de infección respiratoria de vía aérea superior aumenta un 88% en estos niños, un 58% en el caso de otitis media aguda, un 70% para neumonías, un 90% para bronquiolitis o un 40% en el caso de las diarreas agudas de origen infeccioso. Como consecuencia, el factor “guardería” podría ser el responsable de hasta un 50% de los procesos respiratorios y gastrointestinales de origen infeccioso en este grupo de pacientes.1 El riesgo parece evidenciarse independientemente del área geográfica o el nivel socioeconómico asociado.4

En algunas series se ha observado que la frecuentación mensual tanto en Urgencias como en Atención Primaria es mayor en los niños que asisten a guardería respecto a los que no lo hacen, siendo mayor cuanto más precoz fue el inicio de la guardería.8 Se observa un mayor consumo de recursos en los niños de guardería, tanto por la carga asistencial que generan como por el mayor uso de antibióticos y otros fármacos.8 En otras series, se objetiva un consumo de alrededor del doble de ciclos de antibiótico en niños escolarizados antes de los 12 meses de edad en relación al grupo control.5

En la mayoría de los casos, las infecciones de repetición que tienen lugar debido al “factor guardería”, no conllevan repercusiones a largo plazo para la salud del niño. De hecho, algunos autores concuerdan en que en los siguientes años de la infancia se reduce el número de procesos infecciosos con respecto a otros niños, ya que han generado una mayor inmunidad que el grupo control. Sin embargo, en los niños con patologías graves previas, sí que existe un riesgo potencial de complicaciones a largo plazo. Por tanto, en los niños más vulnerables, la decisión de asistencia a guardería debe individualizarse valorando los posibles riesgos y beneficios.2,3,4

 

¿CÓMO INTENTAR PREVENIR ESTAS INFECCIONES?

Tanto los padres como el personal de la guardería juegan un papel muy importante en la prevención de la transmisión de estas enfermedades. Algunas de las recomendaciones al respecto son las siguientes:

  • Vacunación infantil para la prevención individual y por su papel como “efecto rebaño”. En algunas series se ha objetivado unas mayores tasas de vacunación de Rotavirus en niños asistentes a guarderías, lo cual supone una gran medida de prevención.8
  • Higiene de manos fundamental tanto en el domicilio como en la guardería: lavado de manos con agua y jabón durante al menos un minuto. Esta medida podría reducir la incidencia de la diarrea infecciosa en un 30%.3
  • Evitar compartir utensilios de higiene personal, cubiertos o juguetes.
  • Higiene con antisépticos sobre las superficies de contacto, juguetes y objetos comunes en las aulas.
  • Adecuada ventilación de los espacios comunes.
  • Limitar las aulas a un número apropiado de niños respetando la separación de aulas en función de las diferentes edades.
  • Instrucción de los trabajadores de la guardería en la prevención de infecciones a esta edad: higiene en la elaboración de alimentos, en el cambio de pañales, limpieza del aula…
  • Facilitar la realización de talleres y charlas con el objetivo de promover la salud en las guarderías.
  • Ante la aparición de síntomas (fiebre, tos, aumento de mucosidad nasal, vómitos, diarrea, lesiones cutáneas exudativas…) es necesaria la exclusión escolar para evitar el contagio de los otros niños.
  • Tras la resolución del cuadro infeccioso, hay que asegurar que el niño se encuentra asintomático y afebril para su vuelta a la guardería. El pediatra puede asesorarle sobre la duración óptima de la exclusión escolar del niño en función de los síntomas y la evolución del episodio.

Existe gran controversia entre autores a la hora de determinar el periodo de exclusión escolar, dado que depende de múltiples factores: periodo de incubación, contagio y eliminación del germen, dosis infectiva o supervivencia del mismo fuera del organismo.9

Por ejemplo, ante cuadros de gastroenteritis aguda, es necesaria la exclusión escolar tres 24-48 horas de ausencia de síntomas. Sin embargo, en las infecciones respiratorias, se produce el contagio incluso antes de la aparición de los primeros síntomas.9

En caso de enfermedades de declaración obligatoria, es imprescindible notificarlo a Salud Pública para realizar un correcto aislamiento y un estudio de contactos correcto.9

 

CONCLUSIONES

Las guarderías aportan muchos beneficios a padres e hijos. En muchos hogares el uso de las guarderías resulta indispensable para compaginar vida familiar y laboral. Además de ayudar al niño en su desarrollo físico, intelectual y emocional, hacen posible que muchos padres puedan compaginar su vida familiar y laboral.

Sin embargo, conlleva un aumento importante del riesgo infeccioso en lactantes, siendo la edad de inicio en la guardería uno de los factores más influyentes. Encontramos ciertas patologías con mayor frecuencia y éstas poseen vías de transmisión diferentes. A pesar de ello, existen medidas preventivas útiles que pueden disminuir el riesgo infeccioso. Por tanto, es crucial realizar un uso responsable de las mismas tanto por parte de las familias como del personal del Centro. El pediatra de Atención Primaria puede jugar un importante papel en la promoción y prevención de la salud del niño, mediante la educación sanitaria de los padres y del personal implicado.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Van Esso D. Infecciones y guardería. Nuevas perspectivas. 2009. Disponible en: http://scpediatria.cat/docs/ciap/2009/pdf/DVanEsso_ciap2009.pdf
  2. Gallego Iborra A, Moreno Muñoz G, Gorrotxategi Gorrotxategi P, Gutiérrez Olid M, del Castillo Aguas G, Ledesma Albarrán JM. C-45. Influencia de la asistencia a la escuela infantil en la morbilidad por procesos infecciosos. Rev Pediatr Aten Primaria. Supl. 2011; (20): e72.
  3. Martín Ruano A, Martín Ruano J, Martín García MA. La guardería. Pediatr Integral 2019; XXIII (2): 110.e1 – 110.e9.
  4. Ochoa Sangrador C, Barajas Sánchez MV, Muñoz Martín B. Relación entre la asistencia a guarderías y enfermedad infecciosa aguda en la infancia. Una revisión sistemática. Rev Esp Salud Pública 2007;81:113-29.
  5. Domínguez Aurrecoechea B, Fernández Francés M, Ordóñez Alonso MA, López Vilar P, Pérez Candás JI, Merino Ramos L, et al. Enfermedad infecciosa y consumo de recursos sanitarios en menores de 2 años que acuden a guarderías. An Pediatr (Barc).2015; 83(3): 149-59.
  6. Ojembarrena Martínez E, Fernández de Pinedo Montoya R, Lafuente Mesanza P, Corera Sánchez M. Papel de la guardería y de la escolarización precoz en la incidencia de enfermedades infecciosas. An Esp Pediatr. 1996; 45 (1): 45-48.
  7. Ochoa Sangrador C. ¿Existen beneficios asociados a la asistencia a guardería?. Evid Pediatr. 2011;7:1.
  8. Ordóñez Alonso MÁ, Domínguez Aurrecoechea B, Pérez Candás JI, López Vilar P, Fernández Francés M, Coto Fuente M et al. Influencia de la asistencia a guarderías en la frecuentación en Urgencias y Atención Primaria. Rev Pediatr Aten Primaria. 2016;  18(71): 243-252.
  9. Seijas Martínez-Echevarría L., Ribes Hernández P. Recomendaciones de exclusión escolar por causas infecciosas (v.2/2018). Guía ABE. Infecciones en Pediatría. Guía rápida para la selección del tratamiento antimicrobiano empírico [en línea] [actualizado el 04/09/2018; consultado el 11/08/2020]. Disponible en http://www.guia-abe.es