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Desarrollo de un protocolo de recuperación multimodal en el tratamiento quirúrgico del Hidrocele.

3 octubre 2021

AUTORES

  1. Sancho Gil, Laura. Médico de Familia Centro de Salud Valdespartera (Zaragoza).
  2. Mallor López, Elsa. Fisioterapeuta Hospital General de la Defensa (Zaragoza).
  3. SANCHO GARCÍA, Mª Mar. Fisioterapeuta Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).
  4. Herranz Medina, Celia Carmen. Terapeuta ocupacional en Centro de Atención sociosanitaria de mayores (Zaragoza). Técnico superior de laboratorio y diagnóstico clínico.
  5. Garcés Cardós, Mª Teresa Fisioterapeuta Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).
  6. Valer Pelarda, Ana Carmen. Fisioterapeuta Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza).

 

RESUMEN

OBJETIVOS: Describir el protocolo de recuperación multimodal (cirugía fast-track) para el tratamiento quirúrgico del hidrocele desarrollado en el Servicio de Urología del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia durante los últimos 10 años. Con la utilización de dicho protocolo mejora la relación coste-efectividad del procedimiento comparándolo con la intervención clásica realizada con ingreso y anestesia general o raquídea.

MATERIAL Y MÉTODO: Estudiamos a dos grupos de pacientes, uno de sujetos intervenidos de hidrocelectomía en régimen ambulatorio siguiendo el protocolo de recuperación multimodal, al que realizamos un estudio prospectivo y otro, constituido por pacientes intervenidos antes de la instauración del protocolo, estudiados retrospectivamente, intervenidos de hidrocele bajo los conceptos clásicos de cirugía.

CONCLUSIONES: La práctica totalidad de los pacientes afectos de hidrocele son candidatos a ser incluidos en un programa de cirugía fast-track, mejorando la relación coste-efectividad, no disminuyendo por ello la calidad asistencial ni el grado de satisfacción de los pacientes.

 

PALABRAS CLAVE

Fast-track. rehabilitación multimodal. cirugía mayor ambulatoria. hidrocele.

 

ABSTRACT

OBJECTIVES: To describe the multimodal recovery protocol (fast-track surgery) for the surgical treatment of hydrocele developed in the Urology Department of the Consorcio Hospital General Universitario de Valencia over the last 10 years. The use of this protocol improves the cost-effectiveness of the procedure compared to the classic intervention performed with admission and general or spinal anaesthesia.

MATERIAL AND METHODS: We studied two groups of patients, one group of patients who underwent hydrocelectomy on an outpatient basis following the multimodal recovery protocol, in which we conducted a prospective study, and another group of patients who underwent hydrocelectomy before the introduction of the protocol, studied retrospectively, and who underwent hydrocelectomy under the classic surgical concepts.

CONCLUSIONS: Practically all patients with hydrocele are candidates for inclusion in a fast-track surgery programme, improving the cost-effectiveness ratio, without reducing the quality of care or the degree of patient satisfaction.

 

KEY WORDS

Fast-track. multimodal rehabilitation. ambulatory surgery. hydrocele.

 

INTRODUCCIÓN

El concepto de “protocolo ERAS” (Enhanced Recovery After Surgery, por sus siglas en inglés: Recuperación Acelerada Después de Cirugía), tiene sus orígenes en la década de los 901 cuando dos grupos de investigadores presentaron propuestas para mejorar la evolución postoperatoria de los pacientes intervenidos de cirugía electiva, siendo su principal objetivo reducir el número de días de estancia hospitalaria tras una intervención quirúrgica y disminuir las complicaciones1.

Todavía se siguen realizando gran cantidad de cirugías mayores y en pacientes bastante añosos y riesgo alto, por lo que existe todavía un riesgo significativo de morbilidad y de hospitalización2. Así, el fin de las cirugías mediante protocolos fast-track es “intervenciones sin riesgo ni dolor”. Fundamentado en la combinación de actuaciones unimodales basadas en la evidencia con creación de “paquetes” asistenciales multimodales 3.

Estos protocolos fueron inicialmente descritos en la cirugía colo-rectal, pero su aplicación se ha expandido a otras especialidades 4, que propugnan un abordaje multimodal en el cuidado del paciente combinando diferentes actuaciones perioperatorias5.

 

En un protocolo ERAS en el período preoperatorio se contempla desde la información proporcionada al paciente sobre la intervención a la que se va a someter, hasta la alimentación conveniente previa a la intervención. En la etapa intraoperatoria se tendrá en cuenta, la reposición de líquidos, fármacos anestésicos, la técnica quirúrgica utilizada. Y, por último, en la fase postoperatoria, se establecerá fundamentalmente el momento en el que el paciente puede deambular, comienzo de ingesta, el tipo de analgésicos, etc 4. Este conjunto de acciones está dirigido a:

  • Optimizar la preparación preoperatoria para la cirugía.
  • Disminuir la fatiga y estrés que genera la cirugía.
  • Evitar iatrogenia.
  • Aligerar la recuperación.
  • Reconocimiento temprano del fallo en la recuperación e intervención si es necesario4.

El éxito de los programas ERAS se basa en la interrelación de las unidades asistenciales que participan en el tratamiento del paciente.6 El desarrollo de estos protocolos debe enfocarse en la creación de grupos de trabajo formados por profesionales de las diversas unidades asistenciales involucradas en el manejo de estos pacientes. Además, deberán elaborarse las medidas de actuación necesarias para evaluar y monitorizar los efectos de estos cambios4.

 

Hasta hoy, la realización de estos protocolos ha sido principalmente en cirugía laparoscópica colorrectal7. Así, se ha comprobado que no es imprescindible la preparación mecánica del intestino previa a la cirugía8; puede haber ingesta de líquidos hasta 2 horas y de sólidos hasta 6 horas antes de la intervención; es suficiente la administración de profilaxis antimicrobiana una hora previa6; preferible las técnicas laparoscópicas. También, se establecen medidas para la prevención de la hipotermia intraoperatoria, así como medidas relacionadas con el manejo de fluidos perioperatorios8. Después de la cirugía, la ingesta de líquidos puede ser introducida pasadas 6 horas de la intervención, y los sólidos, 24 horas después de la cirugía. Es muy recomendable que el paciente empiece a caminar al día siguiente 1.

Debido a los buenos resultados obtenidos en cirugía gastrointestinal, existe una tendencia a ser utilizados en diversas patologías 9.

Por otra parte, el interés en mejorar la relación coste-efectividad de diferentes procesos ha llevado al desarrollo de la cirugía de corta estancia. Con estos objetivos se engloban todas las cirugías en las que el paciente es dado de alta en 24 horas o menos tras la intervención realizada. Uno de los sistemas empleados para lograr estas cortas estancias es este nuevo concepto de cirugía fast-track, como expresión de un esfuerzo coordinado que combina conceptos modernos de educación del paciente con nuevos métodos analgésicos y anestésicos y técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, con la intención de reducir la respuesta de estrés y minimizar el dolor y la incapacidad funcional. 3,10,11

 

La Cirugía Mayor Ambulatoria (CMA) se define como la atención a procesos susceptibles de cirugía que requieren cuidados postoperatorios poco intensivos, por lo que el paciente no necesita ingreso y puede ser dado de alta pocas horas después del procedimiento12. Para que pueda realizarse con éxito la ambulatorización de estos procedimientos de cirugía mayor es necesaria la colaboración multidisciplinar de diversos profesionales sanitarios, siendo fundamental la instauración de protocolos de actuación 13.

El incremento de la longevidad de la población, junto a una mayor oferta asistencial, comportan un progresivo aumento de la demanda quirúrgica que ha puesto en evidencia, entre otras, la limitación de los recursos sanitarios. La CMA surge pues con la finalidad de optimizar estos recursos13,14

La urología es una especialidad con una gran proyección en el campo de la CMA: por un lado, porque tiene mucha patología de complejidad media, y por otro, en los últimos años ha presenciado una mejoría de su arsenal tecnológico, lo que ha propiciado una evolución hacia procedimientos quirúrgicos cada vez menos invasivos, más simples y seguros, y con menos necesidad de hospitalización 15.

 

Aunque la cifra de tratamientos urológicos se limita a la vasectomía, cistoscopia, dilataciones uretrales, litotricia extracorpórea, circuncisión, tratamiento de lesiones escrotales, orquidectomía, cirugía del hidrocele, orquidopexia y meatoplastia, esta lista parece escasa comparándola con la diversidad descrita en la literatura16.

Intentando unificar criterios, la “Conselleria de Sanitat” de la “Generalitat Valenciana17 publicó una lista de procesos quirúrgicos urológicos susceptibles de ser intervenidos mediante CMA, que incluye más de 30 tipos distintos de intervenciones 16.

La cura del hidrocele constituye el procedimiento quirúrgico urológico más frecuentemente realizado en CMA18. El hecho de que el procedimiento pueda ser realizado con anestesia local o con sedación y anestesia local, hace que no sea tan necesario ser demasiado selectivos respecto al riesgo quirúrgico y anestésico; todo ello contribuye a que la hidrocelectomía represente el procedimiento urológico de mayor práctica en CMA19. El hidrocele consiste en la presencia de una colección líquida entre las capas parietal y visceral de la túnica vaginal, tanto de la infancia como de la edad adulta. En la edad adulta la causa es un desequilibrio entre la capacidad de secreción y absorción de las capas parietal y visceral de la túnica vaginal20,21. La etiología de dicho desequilibrio frecuentemente es idiopática22.

 

JUSTIFICACIÓN

El hidrocele es uno de los motivos de consulta más frecuentes en urología. Normalmente es asintomático, salvo si se trata de un hidrocele de gran tamaño23. Como nos encontramos ante una patología benigna, muchas veces podemos caer en el error de dejar de lado el tratamiento o posponerlo durante mucho tiempo.

El tratamiento clásico de las colecciones líquidas vaginales (hidrocele y quiste de cordón espermático) ha sido durante muchos años, intervención quirúrgica mediante ingreso programado, colocación de drenajes y estancia hospitalaria de varios días hasta la retirada 24.

Por ello se planteó este estudio para valorar los resultados obtenidos en pacientes intervenidos de hidrocele utilizando un protocolo fast-track en hidrocelectomías. Con los datos obtenidos, se realizó un estudio comparativo con otro grupo de pacientes intervenidos de hidrocelectomía siguiendo el protocolo clásico.

 

HIPÓTESIS Y OBJETIVOS

Hipótesis:

La aplicación del protocolo fast-track en los pacientes sometidos a tratamiento quirúrgico del hidrocele supone una disminución en términos de estancia hospitalaria y morbilidad, lo que se traduce en una mejora de la relación coste-efectividad del procedimiento.

 

Objetivos:

Dar a conocer el protocolo fast-track para el tratamiento quirúrgico del hidrocele desarrollado en el Servicio de Urología del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia.

 

MÉTODO

Desde la incorporación del Servicio de Urología a la Unidad de CMA (UCMA) del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia en enero de 2000, se ha intervenido con carácter ambulatorio estricto a cerca de 1000 de hidrocele. A mediados del año 2005 se comenzó a diseñar un protocolo de cirugía fast-track.

Se estudió a dos grupos de pacientes, uno llamado grupo fast-track, al que realizamos un estudio prospectivo y otro grupo constituido por pacientes intervenidos antes de la instauración de dicho protocolo, estudiados retrospectivamente, al que se llamó grupo clásico.

Como criterio de inclusión que estableció que todos los pacientes aceptasen la intervención quirúrgica, presentaran un riesgo quirúrgico-anestésico aceptable y hubiesen sido diagnosticados clínica y ecográficamente de hidrocele, habiéndose descartado los pacientes con patología intraescrotal concomitante. Tener un hidrocele congénito era criterio de exclusión.

Entre enero de 2012 y enero de 2016 se realizaron 358 hidrocelectomías con carácter ambulatorio siguiendo la versión actualizada del protocolo a 312 pacientes (Grupo fast-track) con edades comprendidas entre 14 y 89 años (media 54,8).

 

En lo referente a la etiología, solamente en 71 pacientes se encontraron antecedentes inflamatorios, traumáticos o quirúrgicos que pudieran ser la causa; por otro lado, en 221 pacientes no se halló una causa justificada. En cuanto al riesgo quirúrgico, se siguieron los criterios de la Asociación Americana de Anestesiólogos (ASA) (Tabla I). De acuerdo con este sistema de valoración internacional, se incluyeron 165 pacientes ASA I (53%), 95 pacientes ASA II (30%), y 52 ASA III bien compensados (17%).

Según el protocolo, durante la primera visita se realiza una anamnesis detallada, exploración clínica y ecográfica fundamentalmente orientadas a descartar patología concomitante. Se solicita la valoración preanestésica y se da información verbal y por escrito, firmando el consentimiento informado. Además, se le entrega al paciente un folleto explicativo del proceso que recoge todas las instrucciones, así como los teléfonos a los que debe llamar en caso de complicación.

En cuanto a la técnica quirúrgica de la hidrocelectomía, en todos se procedió de la siguiente manera: Aplicación una hora antes, de crema de lidocaína y prilocaína al 50% (crema EMLA). Anestesia con lidocaína al 1% a nivel del cordón espermático, tomando como referencia el conducto deferente a su salida del conducto inguinal superficial. En casos de hidroceles muy voluminosos es difícil esta maniobra, siendo aconsejable recurrir a infiltrar el cordón a su salida del conducto inguinal inmovilizando contra el hueso púbico. Incisión transversal si era posible y no superior a 3 o 4 centímetros, e intentando respetar los vasos escrotales, que se ven por transparencia discurrir transversalmente. En hidrocele bilateral se recurrió a la incisión longitudinal sobre el rafe medio. Después, se realizó la exposición de la túnica vaginal y aspiración del líquido. Apertura longitudinal del saco aspirando el líquido restante y plicatura de la vaginal alrededor de toda la circunferencia de la misma mediante puntos sueltos de sutura absorbible o eversión de la misma. Introducción del testículo en la bolsa escrotal, dejando en contacto la capa vaginal con los linfáticos del dartos. Se considera improcedente el uso sistemático de drenaje intraescrotal, sólo en casos seleccionados. Cierre con puntos absorbibles.

 

También se pautó profilaxis antibiótica, siendo una pauta monodosis (cefuroxima 750 mg por vía intravenosa) previa al procedimiento quirúrgico. El tratamiento postoperatorio recomendado consistió en la administración de analgésicos menores y utilización de suspensorio escrotal, así como extremar las medidas higiénicas sobre la herida quirúrgica.

Tras la intervención, todos los pacientes permanecieron en la Unidad de recuperación postanestésica (URPA) de la UCMA durante aproximadamente una hora hasta que cumple los criterios de alta, que se recogen en la Tabla II; En el momento del alta, se les entrega un informe de cuidados, higiene recomendada, dieta en las primeras horas , movilización recomendada y la fecha de la próxima revisión así como un teléfono de asistencia 24 horas.

A los pacientes se les llama por teléfono la tarde de la intervención y otra vez a la mañana siguiente.

 

La primera revisión tiene lugar pasada una semana de la cirugía, y las posteriores al mes y a los tres meses. En las revisiones se realiza una breve encuesta anónima sobre el grado de satisfacción del tratamiento recibido.

Para comparar los resultados con un grupo control de pacientes intervenidos de forma clásica mediante cirugía con ingreso y con anestesia raquídea o general (Grupo clásico), se estudió retrospectivamente los pacientes intervenidos de hidrocele durante los 2 años previos a la instauración del protocolo fast-track.

Respecto a la etiología, en 39 pacientes era idiopática y en los otros 25 encontramos antecedentes que pudieran justificar su aparición (Tabla III).

En cuanto al análisis de todos los resultados, los datos se han expresado con la media, desviación estándar y rango. El análisis se ha realizado con el programa de paquete estadístico SPSS 19 (SPSS Inc., Chicago, IL). Para realizar comparación entre medias, se utilizó la prueba t de Student, considerándose significación estadística cuando p < 0,05. Cuando precisamos comparar aspectos cualitativos, empleamos la prueba del chi-cuadrado.

 

RESULTADOS

No hubo diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en lo que respecta a la edad, riesgo quirúrgico-anestésico, lateralidad de la lesión ni etiología del hidrocele, por lo que podemos afirmar que los dos grupos fueron homogéneos.

Todos los pacientes del grupo fast-track fueron intervenidos con anestesia local, con lidocaína al 1%. En 32 casos (10%) fue necesario añadir sedoanalgesia mediante una perfusión de propofol y remifentanilo. El tiempo medio de intervención quirúrgica en el grupo fast-track fue de 25 ± 9 minutos en hidrocele unilateral (rango 15 – 45) y de 35 ± 10 minutos en los bilaterales (entre 25 – 55). En el grupo clásico, el tiempo fue significativamente mayor (p<0,005) siendo la media de 50 ± 15 minutos (rango 40 – 75) en los hidroceles unilaterales y de 60 ± 15 (rango 45 – 80) en los bilaterales.

 

Tras la intervención, los pacientes del grupo fast-track fueron trasladados a la URPA contigua al quirófano donde permanecieron un tiempo medio de 50 minutos (rango 40-60) controlados por enfermería hasta que el paciente cumplió los criterios de alta. A todos se les dio el alta, ninguno de ellos precisó ingreso por complicaciones inmediatas a la cirugía. 15 pacientes en total (4´8%) fueron atendidos en el Servicio de Urgencias durante el primer día, 8 por dolor y los demás por hemorragia en herida quirúrgica, de los que 2 de ellos precisaron ingreso y exploración quirúrgica.

Los pacientes del grupo clásico, permanecieron ingresados en el hospital, siendo la estancia media de 1,41 ± 0,8 días (rango 1 – 5), no presentando ninguno de ellos complicaciones importantes excepto que 2 de los pacientes que recibieron anestesia raquídea precisaron sondaje uretrovesical por retención urinaria aguda y otro que precisó revisión quirúrgica por abundante sangrado de la herida. Tras el alta, 6 pacientes (9%) fueron a Urgencias por dolor e inflamación del escroto que se soluciona con analgésicos menores, careciendo este dato de significación estadística al compararlo con el otro grupo.

En la revisión a los tres meses, todos los pacientes presentaban una evolución satisfactoria, contestando 296 (95%) de los pacientes del grupo fast-track la encuesta sobre el tratamiento recibido en la UCMA.

 

DISCUSIÓN

La túnica vaginal del testículo, similar al peritoneo del que proviene, está constituida por una capa parietal y otra visceral. Dentro del espacio, se puede generar un acúmulo de líquido dando lugar al hidrocele20.Si la túnica vaginal está normalmente constituida, el derrame que se forma es un hidrocele vaginal, mientras que si la vaginal es congénitamente atípica, se forma un hidrocele vaginoperitoneal21.

El hidrocele vaginal se manifiesta como una masa que distiende el escroto cuyo volumen es muy variable, normalmente entre 100 y 300 ml, pudiendo ser incluso de más de un litro. Su pared es una membrana translúcida; aunque a veces, en hidroceles de larga evolución o en los secundarios a patología de la gónada, puede engrosarse, constituyendo una paquivaginalitis20,21.

El conducto peritoneovaginal es permeable al nacimiento, después se oblitera habitualmente antes del primer año de vida. Puede que esta obliteración sea incompleta. Dependiendo el sitio de obliteración se puede formar una hernia, un quiste de cordón, hidrocele funiculovaginal, y por último, el hidrocele comunicante, es decir, por comunicación directa entre las cavidades vaginal y peritoneal20.

 

Clínicamente, origina pocas molestias pues habitualmente es indoloro, a no ser que su tamaño sea excesivo, molestando más por su volumen que por la tensión. Es fácil de diagnosticar con la exploración física, pero la ecografía como complemento exploratorio, suele ser de gran utilidad para el diagnóstico de patología concomitante. Así, en todos nuestros pacientes se realizó ecografía preoperatoria, que consideramos de gran importancia para descartar patología tumoral testicular como causante del hidrocele, lo que aumenta la rentabilidad de la consulta cumpliendo así el concepto de “consulta de alta resolución”25.

Para tratar las colecciones líquidas vaginales, siempre ha sido de elección el tratamiento quirúrgico. La punción evacuadora, es una técnica de escasa complejidad, pero que nunca soluciona el problema. Igualmente, la escleroterapia se ha presentado como alternativa a la hidrocelectomía en pacientes de alto riesgo quirúrgico26. Hay estudios recientes que defienden la escleroterapia como tratamiento de elección para estas patologías en comparación con la hidrocelectomía22,24. Con esta finalidad se han empleado diversas sustancias, que al parecer dependen del tamaño del hidrocele, estableciendo algunos autores27 una correlación entre el número de inyecciones de agente esclerosante y el tamaño del hidrocele, necesitándose repetir el procedimiento más de tres veces en hidroceles con un volumen igual o superior a 500 ml. Por otra parte, la técnica puede producir obstrucción del epidídimo, por lo que está contraindicada en pacientes jóvenes en los que la fertilidad sea una prioridad, presentando muchos efectos secundarios y un porcentaje nada despreciable de hidrocele recurrente, que generalmente es multiloculado y más difícil de tratar. Además, la escleroterapia está contraindicada en pacientes jóvenes donde se sospeche la existencia de un hidrocele comunicante con la cavidad peritoneal. Gracias a los buenos resultados que se han obtenido y dado que se trata de un proceso sencillo y barato, diversos estudios afirman que esta técnica parece tener un futuro prometedor22,28. No obstante, un reciente metaanálisis concluye que con la escleroterapia aparecen mayor número de recidivas a largo plazo que con la hidrocelectomía24.

 

Al infiltrar el cordón espermático se anestesia de forma adecuada el contenido escrotal. Este bloqueo puede realizarse en cualquier punto del trayecto del cordón distal al anillo inguinal externo23,29. Suele ser suficiente la administración de 10 ml de lidocaína al 1%. Sin embargo, el punto más habitual de bloqueo es a su entrada en el escroto. El cordón se fija entre dos dedos y posteriormente se infiltra con el anestésico. En ocasiones, el volumen y la tensión del hidrocele hacen difícil o imposible palpar el cordón espermático, por lo que en estas situaciones infiltrar sobre el tubérculo del pubis podría ser la más adecuada. Sin embargo, cuando el hidrocele se prolonga hacia el conducto inguinal imposibilitando esta maniobra, procedemos a vaciar parcialmente el contenido del hidrocele mediante punción hasta disminuir la tensión lo suficiente para que nos permite palpar el cordón, o procedemos a infiltrar localmente la piel escrotal donde vamos a realizar la incisión.

Como anestésico local se utiliza más la lidocaína que los otros compuestos amídicos pues tiene menor efecto cardiotóxico, inicio de acción más rápida y provoca una sensación menos dolorosa durante su infiltración30. Aunque su tiempo de acción anestésica es más breve que el resto, pero habitualmente no se tiene que repetir la infiltración.

Es preferible realizar una incisión escrotal transversal, conlleva un mínimo sangrado y ofrece mejores resultados estéticos. Cuando estamos antes un hidrocele bilateral, la incisión longitudinal sobre el rafe medio nos permitirá el acceso bilateral desde un único acceso.

 

Básicamente son tres las técnicas quirúrgicas que se han descrito para la corrección del hidrocele: la que abre el saco y evierte parcialmente la vaginal mediante plicatura de la misma (técnica de Lord), la que diseca y evierte la vaginal (técnica de Jaboulay) y la que diseca y reseca la vaginal (técnica de Andrews).

En los casos de paquivaginalitis se recomienda una técnica resectiva y el uso de drenaje intraescrotal de tipo Penrose durante aproximadamente 24 – 48 horas.

En los últimos años la CMA está avanzando de forma imparable; por ejemplo, en Estados Unidos, uno de los países donde más se han desarrollado este tipo de protocolos, supone cerca del 60% de todas las intervenciones realizadas15,19. Además, una vez se ambulatoriza un procedimiento en un hospital, cada vez es mayor el número de pacientes que se interviene bajo dicho sistema respecto al tradicional. Además, se ha observado que tras la instauración el protocolo fast-track para la cura del hidrocele, fue aumentando paulatinamente el índice de sustitución por la cirugía clásica con ingreso. Así, como se observa en la Figura 1, tras el primer año de implantar el protocolo el porcentaje de utilización fue del 35%, llegando en la actualidad a alcanzar prácticamente el 100%.

 

La cirugía mayor ambulatoria forma un sistema en el que todos se benefician, tanto pacientes como profesionales. Para el hospital representa una reducción del costo sanitario que varía entre el 25 y 75%, y un mayor número de camas disponibles al no quedar los pacientes ingresados, ya que la media de ingreso hospitalario de los pacientes intervenidos de hidrocelectomía varía entre 2 y 3 días22.

En lo que concierne al paciente, su modo de vida se altera mínimamente, vuelve a casa a las pocas horas de ser intervenido, reduciéndose el grado de ansiedad, y la probabilidad de complicaciones propias de la hospitalización24.

 

CONCLUSIONES

La aplicación del protocolo fast-track en los pacientes sometidos a tratamiento quirúrgico del hidrocele supone una disminución en términos de estancia hospitalaria y morbilidad, lo que se traduce en una mejora de la relación coste-efectividad del procedimiento.

La práctica totalidad de las colecciones líquidas vaginales pueden ser resueltas con anestesia local y en régimen ambulatorio estricto.

Las hidrocelectomías intervenidas bajo anestesia raquídea o general y con ingreso hospitalario constituyen una sobreindicación terapéutica que debe ser evitada

 

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