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De la homeostasis a la homeodinámica.

19 noviembre 2021

AUTORES 

  1. Ángela Ramos Salvachúa. Graduada en Fisioterapia. Servicio Aragonés de Salud.

 

COMUNICACIÓN BREVE

Dentro del ámbito de la fisiología el concepto de homeostasis es empleado de forma habitual. Este término fue introducido por Walter Bradford Cannon en un intento de completar los trabajos desarrollados por Claude Bernard sobre el milieu intérieur o entorno interior1. Cannon definió la homeostasis como aquella capacidad de autorregulación de los sistemas fisiológicos internos para mantener un estado de equilibrio constante a pesar de los cambios sufridos dentro de dichos sistemas. Esto quiere decir que cualquier desequilibrio experimentado en alguna de las variables fisiológicas del ser humano es restablecido mediante mecanismos compensatorios que regulan y se encargan de recuperar un estado de normalidad, y lograr por tanto una situación de estabilidad del sistema en conjunto a lo largo del tiempo2.

Sin embargo, el funcionamiento del cuerpo humano se da a través de un continuo dinamismo, una constante entropía en la que en cada momento hay un cambio que rompe el equilibrio en algún punto del sistema, y al instante surge otra acción que recupera ese balance3,4. Es por este motivo por el que el uso del término homeostasis no parece del todo correcto. Si se desglosa la palabra homeostasis se encuentran a su vez dos términos, hómoios y stásis, que significa “similar” y “estabilidad” respectivamente, los que no se adecuan exactamente a la actual concepción que existe sobre el complejo modelo de organización de los sistemas fisiológicos vivos.

 

En los últimos años han surgido teorías biofísicas sobre el funcionamiento del medio interno de las que se extraen principalmente dos fundamentos: la autorregulación y la teoría de los sistemas dinámicos4. La primera de ellas, la autorregulación, estaría ligada a la termodinámica sin equilibrio y la cinética de los sistemas no lineales y es una propiedad fundamental y necesaria de los sistemas con vida. Por otro lado, la teoría de los sistemas dinámicos se vincula con la teoría geométrica de los sistemas también denominados dinámicos. Esta naturaleza dinámica del sistema abarca al mismo en su conjunto, integrando paralelamente interacciones que se van sucediendo secuencialmente implicando transferencias tanto de energía, como de masas e información4. De ese continuo flujo de procesos se deduce la estrecha imbricación existente entre los componentes que conforman el sistema y, además, entre los distintos sistemas entre sí, motivo por el cual se comenzó a hablar de sistemas abiertos. Este hecho descartó la idea de estado fijo o relativa constancia, no así tanto la de organización dinámica bajo condiciones homeodinámicas4. Del mismo modo en que la homeostasis podría considerarse una forma de resistir a los cambios acontecidos dentro del organismo mediante mecanismos de reacción para recuperar su estado inicial, la homeodinámica plantea un estadio ya de por sí dinámico de los componentes que forman el sistema, el que, a su vez, también se comporta de forma activa, pero nunca estática. Sería el equivalente a contemplar un conjunto de pequeños componentes en constante cambio englobados dentro de un continente igualmente variable. A pesar del aparente caos que este tipo de comportamiento podría suponer, cada sistema dispone de una característica fundamental e imprescindible para que todas las funciones se efectúen de manera adecuada, la coherencia. Ésta no sería más que una sincronización espacio-temporal molecular autorregulada con un fin funcional determinado dentro del sistema4.

 

Otros autores, quizá en un punto más conservador, utilizan términos como homeostasis adaptativa, sobre todo en estudios centrados en estrés, toxicología, enfermedad y envejecimiento, definiéndose como una expansión o contracción transitoria dentro del rango homeostático en respuesta a diferentes situaciones como exposición a determinados elementos, eliminación de éstos y/o cese de eventos5. Este punto de vista podría considerarse también válido en el sentido de mantener un estado de normalidad del sistema, no obstante, deja de lado ese continuo cambio que tiene lugar per sé en él.

Cabe destacar, tras todo lo anterior, la importancia de adaptar la terminología científica a nuevos hallazgos o teorías emergentes o, cuanto menos, la unificación de criterios en cuanto a su uso. No quiere decir que sea un error utilizar ciertos conceptos que, hasta hace no muchos años o incluso a fecha actual, son un referente, como es el caso del mencionado en esta comunicación. Sin embargo, parece lógico ir modificando la elección del término exacto a la hora de incluirlo, por ejemplo, como vocabulario controlado a modo de tesauro en búsquedas bibliográficas, mediante palabras clave o términos MeSH. Podría ser interesante con el fin de mantener el conocimiento científico actualizado ya no sólo en lo referente al término expuesto en el presente documento, sino también a otros ámbitos de la investigación.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Cooper SJ. From Claude Bernard to Walter Cannon. Emergence of the concept of homeostasis. Appetite. 2008;51(3):419–27.

2. Modell H, Cliff W, Michael J, McFarland J, Pat Wenderoth M, Wright A. A Personal View A physiologist’s view of homeostasis. Adv Physiol Educ [Internet]. 2015;39:259–66. Available from: http://advan.physiology.org

3. Yates FE. Order and complexity in dynamical systems: Homeodynamics as a generalized mechanics for biology. Math Comput Model. 1994;19(6–8):49–74.

4. Lloyd D, Aon MA, Cortassa S. Why homeodynamics, not homeostasis? ScientificWorldJournal. 2001;1:133–45.

5. Davies KJA. Adaptive homeostasis. Mol Aspects Med. 2016;49:1–7. Available from: http://dx.doi.org/10.1016/j.mam.2016.04.007