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Atención profesional al embarazo adolescente.

5 diciembre 2021

AUTORES

  1. Alba García Castillo. Enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología. Hospital Universitario Miguel Servet.
  2. Sandra Peña de Buen. Enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología. Hospital Universitario Miguel Servet.
  3. Alejandra Inés Franco Villalba. Enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología. Hospital Universitario Miguel Servet.
  4. Judith Macía Lapuente. Enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología. Centro de Salud Tauste.
  5. María Rodríguez Sánchez. Enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología. Hospital Universitario Miguel Servet.
  6. Marta Doñate Cuartero. Enfermera especialista en Obstetricia-Ginecología. Hospital Universitario Miguel Servet.

 

RESUMEN

La adolescencia es una etapa en la que el individuo adquiere la capacidad reproductiva, se desarrollan los caracteres sexuales secundarios, se alcanza la masa muscular, masa ósea y masa grasa y talla adulta, y se evoluciona hacia un patrón psicológico adulto. Se trata de un período de especial vulnerabilidad para los jóvenes, ya que estos cambios se suelen acompañar de inseguridad, miedos y, en determinados casos, factores predisponentes para que tenga lugar un embarazo no planificado. Según la OMS, un 11% de los embarazos mundiales corresponden a mujeres adolescentes, por lo que se trata de un problema real en la actualidad. La atención a la embarazada adolescente debe ser individualizada, completa, integral, e incorporar a todos los profesionales que sea necesario, sin olvidar el consejo contraceptivo para la prevención de futuros embarazos no planificados. La situación debe ser contemplada desde un punto de vista biopsicosocial, y dando especial importancia a la esfera psicológica y del entorno del adolescente.

 

PALABRAS CLAVE

Adolescente, embarazo, atención prenatal, anticonceptivos.

 

ABSTRACT

Introduction: adolescence is a stage when the person gets the reproductive capacity, the secondary sexual characteristics are developed, the bone mass, muscular mass and fat mass and height of the adult are reached, and they progress to an adult psychological pattern. It’s a period of special vulnerability to the young people, because these changes used to go with insecurity, fears and, sometimes, with underlying factors to an unintended pregnancy. According to the WHO, 11% of the global pregnancies are in adolescent women, so it’s a real problem currently. The attention to a pregnant adolescent must be adapted, complete, comprehensive, and with all the necessary professionals, keeping in mind the contraception counseling to the prevention of unintended pregnancies in the future. The situation must be contemplated from a biopsychosocial perspective, and giving especial importance to the psychological aspect and the environment of the adolescent.

 

KEY WORDS

Adolescent, pregnancy, prenatal care, contraceptive agents.

 

INTRODUCCIÓN

La adolescencia es una etapa de transición y desarrollo hacia la vida adulta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adolescencia como el período en la que el individuo adquiere su capacidad reproductiva, evolucionando desde los patrones psicológicos infantiles hacia los adultos, y que transcurre entre la pubertad y los 19 años1,2.

Desde el punto de vista físico, se puede definir como un proceso biológico en el que se produce el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, la maduración completa de las gónadas y glándulas suprarrenales, la adquisición del pico de masa ósea, grasa y músculo, y se alcanza la talla adulta. A estos cambios físicos le acompañan otros psicológicos, emocionales, y sociales. La adolescencia se inicia con la pubertad, aspecto orgánico, y finaliza sobre la segunda década de la vida, al completar el crecimiento y desarrollo físiológicos y la maduración psicosocial. Por ello se trata de un período de tiempo impreciso y que ha ido aumentando a lo largo de los años, debido al comienzo precoz de la pubertad, y a la prolongación del período de formación escolar y profesional3.

La adolescencia no es un proceso continuo y uniforme, ya que los diferentes aspectos de una persona pueden evolucionar a diferente ritmo. Esquemáticamente se divide en tres etapas. La inicial abarca desde los 10 hasta los 13 años aproximadamente, y se caracteriza por los cambios físicos de la pubertad. Hay cambios corporales y funcionales, tales como la menarquía, por los cuales sienten mucha preocupación y pueden acarrear muchas inseguridades. Se inicia la pérdida de interés por los progenitores, y aumentan las actividades sociales. No tienen buen control de los impulsos. Asimismo, aumentan las fantasías: se plantean metas vocacionales irreales3.

En la considerada etapa media, de los 14 a los 17 años, se suele dar el mayor cambio respecto al crecimiento y al desarrollo somático, dando por finalizado hacia el final de esta etapa. Hay una gran preocupación por la apariencia física. Se trata de un período de máxima confrontación con los padres. Tienen una gran sensación de invulnerabilidad adoptando conductas omnipotentes, casi siempre generadoras de riesgo. Además, suele ser la franja de edad de comienzo de las relaciones sexuales3.

Desde los 18 años hasta el fin de la adolescencia, a los 20-21, apenas hay cambios corporales, y hay aceptación de la imagen corporal. Este hecho está relacionado con la mayor importancia que adquieren las relaciones íntimas. Se adquieren valores con perspectiva más adulta, y se desarrollan metas vocacionales reales. Es la etapa en la que se produce la reaceptación de los valores paternos y la asunción de responsabilidades propias de la madurez3.

Tal y como indica el Instituto Nacional de Estadística, en España en 2020 se produjeron 8305 nacimientos de madres menores de 19 años, lo que representa un 2,44% del total de nacimientos producidos en España a lo largo del año4.

Según cifras de la OMS, todos los años, unos 16 millones de adolescentes entre 15 y 19 años se convierten en padres, lo que representa un 11% de los nacimientos mundiales anuales. La mayoría se registra en países en vías de desarrollo5.

Los factores del contexto sociocultural son los que ocupan una mayor importancia en torno al fenómeno de la gestación en adolescentes. Estos factores abarcan desde un nivel macrosocial, refiriéndonos a creencias sociales, normas, estructura y roles socioeconómicos, etnias y políticas públicas, así como factores individuales como actitudes, creencias, estructura familiar y de su entorno, zona de residencia, acceso a los servicios de salud…5

Es importante puntualizar la frecuencia de que el embarazo en adolescentes se produzca como resultado de una relación débil de pareja, lo que provoca en la madre una actitud inicial de negación y rechazo, acrecentada por la reacción del entorno más cercano5.

Dentro de las características principales de las gestantes adolescentes, destacan las siguientes1,2,6:

  • Aspectos biológicos y orgánicos:
    • Maduración sexual precoz.
    • Menarquía temprana.
    • Desarrollo temprano de características sexuales secundarias.
  • Aspectos psicológicos:
    • Inseguridad relacionada con la etapa vital.
    • Controversia entre su sistema de valores y el de sus familias.
    • Pensamientos irreales.
    • Desconocimiento de la sexualidad y de los métodos anticonceptivos.
  • Aspectos sociales:
    • Situaciones familiares complicadas.
    • Violencia familiar.
    • Pertenecía a una familia y entorno disfuncional.
    • Pérdida del vínculo familiar por migración.
    • Abuso sexual.
    • Presión social para mantener relaciones sexuales, por la necesidad de pertenencia al grupo y miedo al rechazo.
  • Otros aspectos:
    • La región en la que habitan: suele haber mayor tasa de embarazos adolescentes en las zonas rurales o suburbanas.
    • Consumo rutinario de bebidas alcohólicas y otras drogas.
    • Educación sexual insuficiente.
    • Falta de escolarización: el bajo nivel de estudios está íntimamente relacionado con la maternidad precoz. Los jóvenes con buenas relaciones en su entorno educativo y en su familia, y con actividades y costumbres prosociales entre sus iguales, son menos propensos al consumo de tóxicos y al inicio de la actividad sexual temprana.

Dado que numerosas adolescentes se encuentran en algunas de las situaciones nombradas anteriormente y presentan factores predisponentes para que tenga un lugar un embarazo durante esta etapa vital, no planificado, y que puede acarrear numerosas consecuencias, una de las tareas más importantes de los profesionales sanitarios y de las políticas públicas es diseñar, informar de manera sistemática y confiable, y establecer estrategias de educación e intervención, para poder prevenir estas situaciones7. En el caso de que se produzca el embarazo en una mujer en esta etapa vital, es necesario conocer de primera mano determinados aspectos, tales como si el embarazo prosigue o se desea solicitar una Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), en el caso de que se cumplan los supuestos2.

Si el embarazo prosigue puede ser que sea por deseo reproductivo, porque no se pueden acoger a los supuestos de la IVE, o porque por determinadas circunstancias no quiera realizar una interrupción de este. En caso de que se prosiga con la intención de entregar al bebé en adopción, además del adecuado seguimiento del embarazo, habrá que utilizar el soporte psicológico necesario y asegurarse de que la madre pueda acceder a los recursos sociales y legales necesarios. Se trata de una situación compleja, determinada por diferentes razones tanto personales como sociales, por lo que hay que saber tratarlo desde un punto de vista objetivo e integral2.

Por ello es de especial importancia la atención profesional y un seguimiento adecuado a estas mujeres, para evitar las posibles complicaciones y aumentar la seguridad materno-fetal2.

 

OBJETIVO

Realizar una revisión sistemática sobre la atención profesional en la gestación en adolescentes, y sobre la importancia de la misma para prevenir y evitar posibles complicaciones.

 

METODOLOGÍA

Para la realización de esta revisión sistemática se ha llevado a cabo una búsqueda de artículos en las bases de datos Scielo, Pubmed, y Sciencedirect, seleccionando aquellos que han sido publicados desde el año 2017 para que se trate de un artículo lo más actual posible. También se han consultado los protocolos asistenciales de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia.

 

RESULTADOS

El embarazo adolescente se asocia a un aumento de complicaciones maternas y fetales, tales como aumento de parto pretérmino, ruptura prematura de membranas, bajo peso al nacer, enfermedad hipertensiva del embarazo, puntuación de Apgar baja y una mayor mortalidad perinatal. También se ha visto una mayor incidencia de infecciones de vías urinarias, amenaza de aborto, diabetes gestacional, hemorragia posparto y anemia materna. Estos riesgos aumentan al disminuir la edad de la madre. Tal y como indican en su artículo García Salgado et al, cuando el embarazo tiene lugar en menores de 15 años conlleva a un riesgo 5 veces mayor de mortalidad materna comparado con adolescentes en la franja de edad entre 15 y 19 años, en el que el riesgo es el doble que en la población adulta8.

Será necesario iniciar la atención al embarazo en el primer trimestre y lo más tempranamente posible. Hay que prever que la visita inicial de la adolescente sea más larga que la de la adulta. A veces puede ser necesaria una segunda visita, en unos 7-15 días, para enfatizar en los aspectos necesarios. El resto de citas serán recogidas en el protocolo de control prenatal del embarazo normal, instando a las adolescentes para que consulten cuando lo necesiten, dejando abierta la puerta de la consulta2.

En la primera visita del embarazo, un aspecto que se debe tratar es el consumo de tóxicos. En la anamnesis, se evaluará el consumo de alcohol, tabaco u otras drogas, asesorando a las mujeres acerca de los riesgos del consumo durante el embarazo, sin culpabilizar a aquellas que sean consumidoras, pero incidiendo en la importancia de evitarlo durante toda la etapa perinatal2,9.

Otro aspecto a tener en cuenta que no se debe olvidar es el nutricional. Las adolescentes suelen comenzar su embarazo con menor peso que las mujeres adultas, por lo que habrá que informar acerca de la importancia de una dieta completa, adecuada a sus necesidades, y con suplementación en caso necesario. Será necesaria la administración de 5 μg de vitamina D a adolescentes de bajo estatus socioeconómico, baja ingesta de lácteos, huevos, carne, pescado azul o cereales, con IMC por encima de 30 kg/m2 previo al embarazo, con una exposición limitada de la piel a la luz solar, o con origen familiar del sur de Asia, África, Caribe y Medio Oriente. Por otro lado suele ser necesaria la prescripción de suplementos de Fe, 30 mg/día, y Ca, 1300 mg/día2,9.

Gran parte de los factores de riesgo que derivan en un embarazo adolescente, también lo hacen en enfermedades de transmisión sexual (ETS). Por ello es recomendable el cribado de Nesseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis en adolescentes. En caso de que el profesional considere necesario realizar el cribado de más ETS, estará indicado realizarlo2.

En la atención a la gestante, es imprescindible tratar el tema psicológico y social. A la vulnerabilidad propia de las adolescentes, hay que añadir esta situación especial, por lo que cuando hay dificultad para el abordaje, una interconsulta con la unidad de salud mental está indicada. Asimismo, hay que prestar especial atención al entorno del adolescente. Los profesionales que atienden a las mismas deben estar entrenados en reconocer y tratar a mujeres tanto con problemas en su entorno en general, como con violencia doméstica. Por ello, es imprescindible conocer la situación personal de la adolescente, su núcleo familiar, si tiene pareja, y si la hay, observar cómo es la relación con la misma y saber actuar y utilizar los recursos necesarios en caso de sospecha de violencia en cualquier ámbito2.

Una opción para los embarazos no planificados es la Interrupción Voluntaria del Embarazo. La legislación actual contempla tres diferentes supuestos en los que se puede realizar10:

  • Por voluntad propia de la mujer: hasta las 14 semanas de gestación, siempre que haya sido informada sobre derechos, prestaciones y ayudas públicas de apoyo a la maternidad, y que hayan transcurrido 3 días entre la información y la intervención.
  • Dentro de las primeras 22 semanas, siempre que exista riesgo grave para la vida o salud de la embarazada, y conste en un dictamen emitido por un médico especialista (diferente al que realiza la intervención) o que exista riesgo de graves anomalías en el feto, y conste en un dictamen emitido por dos médicos especialistas diferentes a los que la practiquen o dirijan.
  • Sin límite de edad gestacional, cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida y conste en un dictamen emitido con anterioridad por un médico especialista diferente al que practique la interrupción, o se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico y lo confirme un comité clínico. Dicho comité estará formado por un equipo multidisciplinar, formado por dos médicos especialistas en ginecología y obstetricia, y un pediatra10.

Respecto a la legislación específica de menores, en la Ley Orgánica 11/2015 del 21 de septiembre, por la que se refuerza la protección de las menores y mujeres con capacidad modificada judicialmente en la interrupción voluntaria del embarazo, se expone que las menores de edad de 16 y 17 años, además de su manifestación de voluntad, será necesario el consentimiento expreso de sus representantes legales. 10, 11 Asimismo, es imprescindible una adecuada prevención terciaria del embarazo adolescente, para prevenir embarazos subsiguientes, fortaleciendo el consejo anticonceptivo posparto, reforzando la consejería en planificación familiar cuando asistan a citas de control del niño sano en atención primaria, e incidiendo en las ventajas del espaciamiento de los embarazos y la importancia de evitar un segundo embarazo durante esta etapa vital12.

 

CONCLUSIÓN

Hay que asumir que la atención de adolescentes gestantes es una realidad, incluso en centros privados. Al parecer, aún bajo condiciones socioeconómicas adecuadas, el control suele ser deficiente, quizá por la falta de interés de la embarazada. Ante el alto riesgo de complicaciones, es necesario reforzar la vigilancia y establecer campañas dirigidas a adolescentes, con el fin de que busquen atención prenatal desde el inicio del embarazo8.

Por otro lado, la mayoría de embarazos ocurridos en adolescentes son no planificados. Esto limita el acceso a la atención prenatal, ya que incrementa la probabilidad de que este se inicie de forma tardía. Debido a que este tipo de embarazos traen consigo consecuencias que van más allá del individuo y que pueden afectar a toda la sociedad, es necesaria una adecuada y oportuna educación sexual, y en caso de producirse una gestación en este período, saber adecuar los recursos profesionales e individualizar cada caso para una atención integral y un seguimiento adecuado del embarazo8,13.

 

BIBLIOGRAFÍA

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