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Artículo monográfico: el esguince de tobillo en deportistas.

4 septiembre 2021

AUTORES

  1. Ana Rosa Iglesias Triviño. Diplomada en Fisioterapia en la Universidad de Granada. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud, Huesca.
  2. Rita Elena Soria Ayuda. Graduada en Fisioterapia en la Universidad de Zaragoza. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud, Huesca.
  3. Andrea Blas Martínez. Graduada en Fisioterapia en la Universidad de Zaragoza. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza.
  4. Adrián Jaime Sánchez. Graduada en Fisioterapia en la Universidad de Zaragoza. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud, Huesca.
  5. Elena Villarroya Bielsa. Graduada en Fisioterapia en la Universidad de Zaragoza. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza.

 

RESUMEN

Las lesiones deportivas más frecuentes ocurren en las extremidades inferiores y afectan a la articulación de la rodilla y del tobillo8,9. Son las lesiones capsulo-ligamentosas y musculares las más comunes, siendo el esguince del ligamento lateral externo del tobillo el más afectado. Múltiples estudios señalan la alta incidencia tanto en deportistas masculinos como femeninas y hasta en un 40% de estos atletas se observa una elevada recurrencia2 e inestabilidad crónica1,5.

Los esguinces se provocan debido a fuerzas anormales sobre los ligamentos que desembocan en diferentes grados de lesión de estos, que abarcan desde un desgarro parcial del ligamento hasta aquellos casos en los que ha habido una destrucción completa del aparato ligamentoso.

En cuanto al mecanismo de producción8,9 puede ser por un traumatismo externo, como un golpe debido a un contacto directo con otro deportista, o por un traumatismo provocado por el propio deportista, por ejemplo al realizar un movimiento de inversión del tobillo en el aterrizaje tras un salto. Los movimientos forzados suelen ser en inversión o eversión, donde los ligamentos internos o externos son distendidos hasta poder llegar a su rotura.

 

PALABRAS CLAVE

Tobillo, esguince, deporte.

 

ABSTRACT

The most frequent sports injuries occur in the lower extremities and affect the knee and ankle joints8,9. Capsulo-ligamentous and muscular injuries are the most common, being the sprain of the external lateral ligament of the ankle the most affected. Multiple studies point out the high incidence in both male and female athletes, and up to 40% of these athletes show high recurrence2 and chronic instability1,5.

Sprains are caused due to abnormal forces on the ligaments that lead to different degrees of injury to the ligaments, ranging from a partial tear of the ligament to those cases in which there has been a complete destruction of the ligamentous apparatus.

Regarding the production mechanism8,9 it can be due to external trauma, such as a blow due to direct contact with another athlete, or due to trauma caused by the athlete himself, for example when performing an ankle inversion movement on landing. after a jump. Forced movements are usually in inversion or eversion, where the internal or external ligaments are distended until they can break.

 

KEY WORD

Ankle, sprain, sport.

 

DESARROLLO DEL TEMA

La articulación del tobillo está estabilizada lateralmente por el ligamento peroneo-astragalino anterior (LPAA), el ligamento peroneo-calcáneo (LPC) y el ligamento peroneoastragalino posterior (LPAP) en el lado externo. En el lado interno del tobillo encontramos el ligamento deltoideo, que suele ser más resistente que los ligamentos externos.

En los esguinces de tobillo el ligamento que más frecuentemente se lesiona es el LPAA (64%), seguido del LPC, aunque en el 17% de las veces son ambos los afectados. Es raro encontrar el LPAP roto.

Es habitual encontrar está lesión en cualquier deportista, independientemente del deporte que realice, y a menudo limita su entrenamiento y rendimiento hasta que se produce la curación. Hay que tener en cuenta que cuanto más grave es el esguince, mayor tiempo de recuperación y mayor inestabilidad encontraremos.

 

FACTORES DE RIESGO

Entre los factores de riesgo8 tenemos hiperlaxitud articular como en el síndrome de Ehlers-Danlos, el síndrome de Marfan y el de Turner.

Es fácil encontrar deportistas con mayor tendencia a la laxitud ligamentosa donde es característica la inversión subastragalina creando mayor probabilidad de lesión por inversión. Hay que examinar la posible debilidad de los tendones peroneos que pueden predisponer a facilitar esta lesión, al igual que un antepié valgo. Por lo que es necesario examinar las diferentes estructuras que rodean al tobillo y su función para así detectar posibles factores predisponentes.

Otro factor de riesgo sería una alteración en la pisada como por ejemplo en el caso de encontrarnos con un pie cavo, un control postural deficitario, falta de propiocepción, escasa fuerza de los músculos de la pierna, disminución del rango de movimiento articular del tobillo, además de un calzado inadecuado para realizar la práctica deportiva.

 

DIAGNÓSTICO

Es importante realizar una anamnesis7,8,9 exhaustiva, de manera que podamos recoger datos que nos orienten hacia el posible diagnóstico y la gravedad de la lesión, como por ejemplo, peso cargado en el momento del accidente, tipo de actividad llevada a cabo en ese momento, posibilidad de deambular, intensidad del dolor, tumefacción instantánea o progresiva, equimosis que puede abarcar desde los dedos del pie hasta la pierna que puede no ser visible en un primer examen, palpación dolorosa especialmente en la zona del ligamento dañado, asimetría articular, rango de movimiento de la articulación, valoraremos la fuerza muscular de todos los movimientos del tobillo, en el caso que pueda realizarlos y por últimos el estado vascular y sensitivo.

Existen diversas pruebas funcionales para determinar qué ligamentos está afectado como son el signo del cajón, este es útil para detectar la rotura o lesión del LPAA, donde el astrágalo se desplaza anteriormente. Para realizar esta prueba el fisioterapeuta estabiliza con una mano el tobillo y con la otra sujeta el talón del deportista tratando de desplazar el astrágalo en dirección anterior. Otra prueba que podemos realizar es la inclinación del astrágalo, en la que valoraremos la integridad del LPC. Y por último la prueba de rotación externa de Kleiger que detecta la lesión del ligamento deltoideo.

Las radiografías aportarán información necesaria para determinar la extensión de la lesión. Por lo general se deben hacer dos radiografías antero-posteriores ( una en posición neutra y otra con 15º de rotación interna, si la diferencia de inclinación del astrágalo es mayor de 5º, se puede afirmar que hay deterioro funcional. Si es mayor de 10º encontraremos síntomas acentuados e inestabilidad en el tobillo ) y una lateral. Que no haya lesión ósea no le restará importancia a la gravedad de la lesión.

 

CLASIFICACIÓN

 

GRADO I: Esguince mínimo o leve sin rotura ligamentosa.

Es el más común y rápido de recuperar. En este caso los ligamentos han sufrido una leve distensión, pero no están desgarrados. Encontramos estabilidad en la articulación y aunque hay dolor, le permite a la persona la deambulación.

Síntomas: Dolor, ligera sensibilidad al tacto, leve tumefacción, ligera pérdida de capacidad funcional.

Tratamiento: Vendaje con cinta adhesiva elástica o tape. Inmovilización. Elevación de la extremidad. Cinesiterapia2. Ultrasonidos. Crioterapia2. Drenaje. Fortalecimiento muscular. Propiocepción6.

 

GRADO II: Esguince moderado con rotura parcial ligamentosa.

En este tipo de esguince encontramos un desgarro parcial de los ligamentos por lo que encontraremos más dolor, inestabilidad e inflamación y mayor incapacidad para caminar.

Síntomas: Dolor, leve incapacidad para caminar y moverse, sensibilidad al tacto, pérdida de capacidad funcional, ligera laxitud, inflamación y tumefacción moderada, equimosis.

Tratamiento: Inmovilización2,7 con yeso o férula durante tres semanas.

 

GRADO III: Esguince grave con rotura ligamentosa completa.

Es el grado más severo y el dolor está claramente más acentuado pues los ligamentos han sufrido una rotura que le provocará una inestabilidad que no le permitirá apoyar el pie en el suelo y realizar la marcha.

Síntomas: Intenso dolor, incapacidad importante de movimiento, sensibilidad al tacto, pérdida de capacidad funcional, marcada laxitud, inflamación y tumefacción grave, equimosis, inestabilidad del tobillo, incapacidad para caminar (subluxación).

Tratamiento: Inmovilización con escayola o cirugía. En los casos más graves se puede recurrir a la cirugía2 donde mediante artroscopia1 se repara el ligamento lesionado con suturas o reconstrucciones con injertos de tendón de otras zonas.

 

TRATAMIENTO

El tratamiento varía en función del grado de la lesión, en los casos más severos en una primera etapa consistirá en la inmovilización con bota de yeso abierta normalmente, no ambulatoria y elevación de la extremidad, acompañado de analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos3. Es importante el control de la evolución del paciente, así como prestar atención a posibles signos de compresión debido al edema. También debemos informar al paciente de la aparición de equimosis varios días después del esguince.

En una etapa posterior, cuando la inflamación ha disminuido y el edema ha mejorado, normalmente después de 5-10 días tras el esguince, se retira la bota de yeso y se colocará una bota corta de yeso ambulatoria con taco. Esta se utilizará durante 4-6 semanas, dependiendo de la gravedad del esguince.

Finalmente, en la última etapa, se retirará el yeso y comenzará el tratamiento fisioterápico durante el tiempo necesario hasta su recuperación, que normalmente durará lo que haya durado la inmovilización.

El objetivo del tratamiento fisioterápico es restaurar el rango de movilidad articular3, la coordinación y la propiocepción y el fortalecimiento3 de la musculatura de la pierna, especialmente la ubicada lateralmente como los músculos peroneos.

Las primeras intervenciones irán encaminadas en disminuir el dolor y la inflamación, para ello podemos utilizar la crioterapia, la termoterapia, los baños de contraste, el reposo, la elevación de la extremidad afecta, medias de compresión, el vendaje neuromuscular, el drenaje linfático manual, el ultrasonidos y pautas de higiene postural.

Cuando esta etapa ha finalizado pasaremos a la fase de fortalecimiento, en la que es muy frecuente hacer uso del vendaje funcional7, así como en los primeros contactos del retorno a la actividad deportiva. Esta fase está caracterizada por la realización de diferentes ejercicios7 enfocados en restablecer la amplitud articular, los ejercicios de estiramientos, ejercicios de fortalecimiento, así como ejercicios de coordinación, propiocepción6 y equilibrio4 para terminar finalmente con la fase de adaptación al deporte.

La mayoría de los esguinces de grado I y grado II se suelen resolver en 3-4 semanas. El grado III puede tardar algunas semanas o incluso meses.

 

COMPLICACIONES

Pueden aparecer diferentes complicaciones8 como por ejemplo la presencia de un cuerpo meniscoide, esto es un nódulo, normalmente ubicado en el LPAA. Es debido a una sinovitis continua por el atrapamiento entre el maléolo y el astrágalo del ligamento después de una lesión de grado 2 o 3, que finalmente conlleva una tumefacción con fibrosis e induración permanente.

También podemos encontrar la neuralgia del nervio cutáneo dorsal, la tenosinovitis de los peroneos y el síndrome del seno del tarso.

Si un esguince no se trata de manera adecuada, puede que el ligamento no cicatrice correctamente y pierda su capacidad para proporcionar estabilidad a la articulación por lo que se volverá a lesionar fácilmente y con más frecuencia, pudiendo llegar a cronificarse5,7,9. De ahí la importancia de que se lleve a cabo un correcto tratamiento en este tipo de lesiones

 

PREVENCIÓN

Una de las estrategias preventivas3,7,8,9 más comunes que podemos utilizar en el esguince de tobillo son el uso de vendajes y férulas durante el entrenamiento. También es importante realizar ejercicios de fortalecimiento3, coordinación y propiocepción de toda la musculatura del tobillo para mejorar la estabilidad de la articulación. No hay que olvidar que el uso de un calzado adecuado durante el entrenamiento y la actividad deportiva es esencial para proteger esta articulación.

 

CONCLUSIÓN

Podemos concluir que es de suma importancia un tratamiento adecuado para la recuperación tras un esguince y una progresiva vuelta a la actividad deportiva, pues debemos evitar la cronificación de esta lesión tan común en deportistas. Los estudios apoyan el uso del vendaje funcional y la movilización temprana para la rápida readaptación funcional, así como la puesta en marcha de una serie de ejercicios encaminados a restablecer la fuerza muscular, la estabilidad, la coordinación, el equilibrio y la propiocepción de esta articulación, siempre bajo la supervisión de un fisioterapeuta.

 

BIBLIOGRAFÍA

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