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Actuación de enfermería ante convulsiones febriles en el servicio de urgencias.

28 noviembre 2021

AUTORES

  1. Isabel de la Osa Callejero. Máster Urgencias y Emergencias por la Universidad San Jorge. Enfermera en el Hospital General de la Defensa de Zaragoza.
  2. Laura González Cabeza. Grado en Enfermería Universidad de Zaragoza. Enfermera en el Hospital General de la Defensa de Zaragoza.
  3. María Pinilla Conil. Grado en Enfermería Universidad de Soria. Enfermera en el Hospital Royo Villanova de Zaragoza.
  4. Sara Barrena López. Grado en Enfermería Universidad de Zaragoza. Enfermera en el Hospital General de la Defensa de Zaragoza.
  5. María Loraque Alonso. Master en Gerontología Social por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en el Hospital Royo Villanova de Zaragoza.
  6. Carlota Barreu Fau. Máster en Gerontología Social por la Universidad de Zaragoza. Enfermera en el Hospital General de la Defensa de Zaragoza.

 

RESUMEN

Las convulsiones febriles (CF) aparecen generalmente entre los 6 meses y los 5 años de edad, pudiendo presentarse de diferentes formas. Generalmente se dan en las primeras 24 horas del proceso febril, siendo la subida de la temperatura el factor desencadenante más importante. Suelen ser cortas, generalizadas y resolverse en un periodo corto de tiempo.

Existen factores de riesgo que las precipitan, aunque la causa es desconocida.

Y, aunque son de naturaleza benigna, generan gran sentimiento de ansiedad y temor en familiares/ cuidadores que la presencian, ya sea porque no saben lo que está sucediendo o porque desconocen cómo actuar.

A pesar de su alta prevalencia (2-5%), su tratamiento en fase aguda y crónica, así como el manejo por parte de los padres son poco conocidos.

Se ha llevado a cabo una búsqueda bibliográfica seleccionando las revisiones sistemáticas, artículos y guías de práctica clínica más relevantes de los últimos 10 años.

Como conclusión, las convulsiones febriles (CF) generan gran estrés y temor. El control de la fiebre con medidas físicas o antitérmicas no reduce la recurrencia de CF pero sí mejoran el confort del niño. El profesional de enfermería tiene un papel esencial en el abordaje de este tipo de crisis, proporcionando información basada en la evidencia a los padres, recalcando su naturaleza benigna, a la vez que intenta empatizar y desmitificar determinados aspectos. Su actuación en el tratamiento agudo también es clave fundamental.

 

PALABRAS CLAVE

convulsión febril, enfermería, urgencias, pediatría, padres.

 

ABSTRACT

Febrile seizures generally appear between 6 months and 5 years of age, and may present in different ways.

It generally happens in the first 24 hours of the feverish process, with the rise in temperature being the most important trigger.They are usually short, generalized and it finishes in a short period of time. There are risk factors that precipitate them, although the cause is unknown.

And, although they are benign, they produce anxiety and fear in family members due to lack of information. Despite its high prevalence, its treatment in the acute and chronic phase, as well as its management by parents, are poorly understood.

A bibliographic search was carried out selecting the most relevant systematic reviews, articles and clinical practice guides of the last 10 years.

In conclusion, febrile seizures generate great stress and fear. Decreasing the temperature with physical or antipyretic measures does not reduce the recurrence of CF but does improve the child’s comfort. The nursing professional has an essential role in managing this type of crisis, providing evidence-based information to parents, emphasizing its benign nature, while trying to empathize and demystify certain aspects. His performance in acute treatment is also a fundamental key.

 

KEY WORDS

Febrile seizure, nursing care, emergencies, pediatrics, parents.

 

INTRODUCCIÓN

La Convulsión febril (CF) es el trastorno convulsivo más común en los pacientes pediátricos y es la principal causa por la que los niños acuden al servicio de urgencias, ya que generalmente cuando se presenta, los cuidadores del niño manifiestan un cuadro de preocupación y ansiedad al desconocer cómo actuar adecuadamente en esta situación1.

Estas crisis se dan con más frecuencia entre los 6 meses y los 5 años y, con una mayor incidencia a los 18 meses. Su prevalencia oscila entre un 2% y un 10%. Afectando de manera similar en ambos sexos, presentando una ligera predisposición a sufrir convulsiones los niños, con una relación que fluctúa entre 1,1: 1 a 2:1. La mayoría de las convulsiones febriles ocurren durante el primer día de la fiebre en el niño2.

La Liga Internacional contra la Epilepsia ha definido que los eventos convulsivos en la infancia se presentan con temperaturas superiores a 38ºC sin evidencia de desequilibrios agudos de electrolitos e infección por el sistema nervioso central (SNC) o antecedentes de convulsión febril (CF)3 .

 

Generalmente, la causa de la enfermedad febril suele ser benigna y, con mayor frecuencia, se debe a una infección viral aguda, pues las de tipo viral atraviesan procesos febriles más intensos y, por tanto, representan mayor riesgo de sufrir una crisis convulsiva. Las infecciones virales que cursan con fiebre más alta, tanto el virus como del herpes humano 6 (HHV-6) y la influenza, parecen representar el mayor riesgo4.

Existen numerosos factores de riesgo que aumentan las posibilidades de sufrirlas, entre las más importantes se encuentran: fiebre, hipoglucemia, hipocalcemia, lesión en la cabeza, intoxicación y uso excesivo de drogas, infección respiratoria o gastroenteritis. Suelen ser cortas y generalizadas5.

Existen dos tipos de crisis, la crisis febril o simple, la cual se da en la mayoría de los casos y la crisis febril compleja, existiendo controversia en la forma de actuar en esta última.

Es básica la formación específica en convulsiones febriles y la disponibilidad del equipo especializado de enfermería, para garantizar la adecuada calidad asistencial. La actuación de enfermería debe basarse en protocolos especializados en el manejo del paciente pediátrico y tiene un papel crucial en la atención hospitalaria y extrahospitalaria.

 

JUSTIFICACIÓN

La fiebre es la principal causa por la que los pacientes pediátricos acuden a urgencias y, aunque la mayoría de los procesos febriles en niños tienen una etiología benigna y no suele producir complicaciones, generan preocupación y ansiedad a los padres y cuidadores al desconocer cómo actuar ante esta situación, por lo que terminan por acudir al servicio de urgencias una vez se presentan las crisis.

Sin duda, el personal de enfermería juega un papel fundamental en el cuidado de los niños que presentan convulsiones febriles ya que son los profesionales que los acompañan en todo momento prestando cuidados continuos, además de estar en constante comunicación con el personal médico, quien finalmente pauta el tratamiento. Por ello, considero importante recopilar conocimientos actualizados sobre protocolos de actuación de este tipo de cuadro. Además, es de vital importancia ayudar a gestionar las emociones de los padres o acompañantes, disminuir su ansiedad, explicándoles la benignidad de las crisis febriles en el primer momento, así como dotar de conocimientos para que actúen de manera adecuada en el momento agudo si les ocurre en otras ocasiones.

 

OBJETIVOS

Principal:

  • Proporcionar información actual a los profesionales de enfermería evidenciando actuaciones de cuidado ante convulsiones febriles en el servicio de urgencias en base a una revisión de la evidencia científica publicada más reciente.

Específicos:

  • Recopilar la secuencia de actuación más recomendable ante convulsiones febriles dirigidas al colectivo de enfermería.
  • Describir cómo ayudar a gestionar las emociones de los familiares ante un cuadro de convulsión febril informando sobre el manejo del plan de cuidados y prevención de complicaciones.
  • Recopilar signos y síntomas sobre los que deba informar el profesional de enfermería a los familiares que puedan alertarnos para dirigirse a un servicio de urgencias.

 

METODOLOGÍA

En este trabajo se ha realizado una revisión bibliográfica, de las principales fuentes y bases de datos biomédicas (véase en la tabla). Se han seleccionado los artículos más relevantes en los últimos 10 años (desde el 2010 a la actualidad), relacionados con el tema de este estudio. Se ha dado especial relevancia a aquellos artículos que hablan de protocolos de actuación de enfermería ante convulsiones febriles. La búsqueda se ha realizado en español y en inglés por ser la lengua vehicular en el campo médico.

Búsqueda bibliográfica (véase en anexos tabla 1).

La Convulsión Febril (CF) se produce en la infancia por una excesiva actividad de un grupo de neuronas cerebrales ya que, en esta edad, la excitabilidad de la corteza cerebral es alta y depende de su inmadurez y la falta de desarrollo de las diferentes vías de neurotransmisores.

Para que se produzca una CF se requiere la interacción de los siguientes factores:

  1. Genéticos. Existe una determinada inclinación genética a la CF, además se han encontrado mutaciones en los canales de sodio dependientes de voltaje tipo alfa 1 y beta 2 y el gen que codifica para el receptor GABA(A).

2. Propiedades neurotrópicas propias de algunos virus como el herpes tipo 6 y la influenza.

3. Desequilibrio entre neurotransmisores excitatorios e inhibitorios. La hipertermia puede provocar una disminución de los niveles de receptores para GABA generando un balance positivo a favor de la neurotransmisión excitatoria.

4. Respuesta exagerada a determinadas citoquinas proinflamatorias6.

5. Alcalosis respiratoria. El aumento de la frecuencia respiratoria debido a la fiebre podría provocar alcalosis respiratoria y así aumentar la excitabilidad neuronal7.

Algunos artículos consultados afirman que el factor desencadenante se asocia más a un aumento brusco de la temperatura y no a la temperatura máxima en sí8.

 

TIPOS DE CRISIS Y MANIFESTACIONES CLÍNICAS

En 1976, Nelson y Ellenberg clasificaron a las convulsiones febriles en simples y complejas:

  • Las simples (72%): También denominadas típicas. Poseen una duración menor de 15 minutos. Son tónicas, clónicas, atónicas o tónico clónicas. Son generalizadas y simétricas. En la mayor parte de los casos, el niño pierde el conocimiento, quedando con los ojos en blanco y empezando a convulsionar. También es posible que expulse espuma por la boca, además de presentar el labio morado y relajación de esfínteres.

Son únicas, es decir, sólo suceden una vez. El examen neurológico tras la crisis está dentro de la normalidad y tiene una mayor relación con historia familiar de convulsiones febriles, pero no de epilepsia9.

  • Las complejas (27%): Se dan dos o más episodios en más de 24 horas y /o duran más de 15 minutos, presentan historia familiar de epilepsia y el examen neurológico es anormal. Son crisis focales que pueden o no tener generalización secundaria. Pueden resultar difíciles de detectar, pues los componentes focales suelen ser imprecisos, como la desviación de los ojos, las asimetrías motoras si se trata de una crisis bilateral y los episodios de fijación de mirada con rigidez focal9.

Dentro de las complejas, si hablamos de crisis generalizadas o focales de larga duración (30 minutos o más) se denomina status febril, en este caso aumenta el riesgo de desarrollo posterior de una epilepsia y secuelas neuropsicológicas10.

Resumen clasificación CF, véase en anexos tabla 2.

 

FACTORES DE RIESGO

Las crisis febriles se relacionan con procesos infecciosos que producen un cuadro febril, aunque no existe una relación directa con la fiebre, ya que puede darse justo antes de que esta aparezca o no coincidir con el pico máximo11.

Debido a la diversidad de los factores predisponentes, hace pensar en un origen multifactorial:

Base genética: Las bases biológicas de las CF son motivo de constante investigación. Existen datos que evidencian que existe un patrón hereditario de carácter multifactorial. El riesgo de presentar una convulsión febril es un 20% mayor cuando tiene un hermano afecto, y alrededor del 30% si ambos padres y un hermano la padecieron. En torno a un 25-40% de niños que las sufren tienen antecedentes en la familia12.

Edad: Las CF se tratan de una patología específicamente pediátrica que afecta especialmente a lactantes y niños de edad preescolar, que se encuentran en desarrollo neurológico con una mayor susceptibilidad ante procesos febriles agudos, cuya etiología generalmente es viral13.

Género: La mayoría de las convulsiones febriles aparecen en el sexo masculino (69%). aunque la diferencia no es estadísticamente significativa14.

Época del año: Las estaciones del año con más incidencia de CF son invierno, seguido por verano, épocas del año asociadas con brotes de procesos infecciosos respiratorios y diarreicos respectivamente (4,13).

Infecciones: Generalmente, la causa de la enfermedad febril suele ser benigna y, con mayor frecuencia, se debe a una infección viral aguda, pues las de tipo viral atraviesan procesos febriles más intensos y, por tanto, representan mayor riesgo de sufrir una crisis convulsiva. Las infecciones virales que cursan con fiebre más alta, del virus como del herpes humano 6 (HHV-6) y la influenza, parecen representar el mayor riesgo4.

Vacunación reciente: Es más probable que el niño desencadena una convulsión febril si se le ha administrado la vacuna cuádruple vírica (sarampión, rubeola, parotiditis y varicela) en comparación con la administración separada de las vacunas: triple vírica y varicela, ya que se ha demostrado que aumenta el riesgo15.

La exposición a nicotina durante el embarazo. Los bebés de madres que fumaron durante el embarazo tienen un mayor riesgo de convulsión febril. La causa parece ser la acción de la nicotina en el sistema nervioso del feto en desarrollo16.

Déficit de hierro: Los estudios consultados muestran que la falta de hierro es un factor de riesgo para desarrollar CF17.

Estrés prenatal: Los resultados de este estudio mostraron que tanto las altas puntuaciones de estrés percibido durante el embarazo y la exposición a tensiones importantes durante el embarazo aumentaron significativamente la duración de las convulsiones y la intensidad de las convulsiones17

Niveles de Zinc disminuidos: Según los resultados de un estudio donde se investiga el nivel sérico de zinc en pacientes con CF y niños febriles sin convulsiones (grupo control), el nivel de zinc en sangre fue menor en niños con convulsiones febriles. Sin embargo, se necesita más investigación básica para examinar la eficacia de los suplementos de zinc en la prevención de CF18.

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL:

El diagnóstico de una CF es clínico, basado esencialmente en un examen físico cuidadoso y en la anamnesis para confirmar que se trata de una “crisis febril verdadera”. Se clasifican, según sus características y duración de la crisis, en crisis simple o compleja.

Lo más frecuente es que la duración de la crisis sea inferior a 15 minutos y cuando llegue al servicio de urgencias ya haya cedido y llegue en estado postictal o recuperado.

Es esencial determinar la etiología de la fiebre, descartando una infección del sistema nervioso central (SNC), por ello, se debe considerar la realización de pruebas complementarias según el examen físico e informar de manera adecuada a los padres o cuidadores del niño.19

Hay que valorar que el desencadenante ha sido la fiebre y la exploración neurológica del niño es normal. Los principales diagnósticos a descartar son los siguientes:

Infecciones del SNC (meningitis, encefalitis):

Se presentan especialmente en menores de 18 meses y con mayor frecuencia después de 48 horas desde el inicio de la fiebre, con o sin alteración del nivel de conciencia.

Generalmente son crisis sintomáticas, que cursan con vómitos, signos de hipertensión intracraneal o signos meníngeos acompañados de focalización neurológica.

El estatus febril puede asociar más riesgo de meningitis que la crisis febril corta. Será necesario descartar que se trate de encefalitis herpética. Si existen dudas sobre su diagnóstico, será deberán realizar pruebas complementarias como punción lumbar (PL), electroencefalograma (EEG), reacción en cadena de polimerasa (PCR) para virus herpes en líquido cefalorraquídeo (LCR) y resonancia magnética nuclear (RMN).

Crisis asociadas a procesos respiratorios infecciosos, a gastroenteritis aguda, por patología cardíaca congénita, miocardiopatías o arritmias

Convulsiones que se asocian al proceso febril en un niño con epilepsia previa.

Otros trastornos sintomáticos agudos que provocan convulsiones: tóxicos (salicilatos, antidepresivos tricíclicos), alteraciones metabólicas como hipoglucemias, hiponatremia e hipercalcemia, traumatismos craneoencefálicos u otras patologías sistémicas (síndrome urémico hemolítico)20.

 

ESTUDIOS COMPLEMENTARIOS:

El síndrome febril es esencialmente clínico. Se realizará una exploración física completa. Además, es fundamental realizar una adecuada anamnesis a la persona que la ha presenciado, o en el caso de estar presentes, detallar el tiempo de duración de la crisis.

Es importante monitorizar las constantes vitales básicas: temperatura, frecuencia cardíaca y respiratoria, glucosa y relleno capilar. También, se deberá preguntar acerca de las vacunaciones, comprobar que están en regla.

Los estudios complementarios se realizan, cuando son necesarios, para conocer la etiología de la fiebre, pero no están indicados de manera rutinaria en las CFS. Sin embargo, existe controversia respecto a la actuación en convulsión febril compleja (CFC). Algunos estudios consultados, recomiendan estudio analítico con el objetivo de descartar otras causas de convulsión, como una infección bacteriana o hipoglucemia, mientras otros sostienen que no deben realizarse de rutina, sino que deben limitarse a aquellos pacientes con sospecha clínica compatible a alguna de las alteraciones21.

Se recomienda seguimiento por neuropediatría por mayor riesgo de epilepsia en los siguientes casos:

  • Historia previa de convulsiones febriles.
  • Si la CF se produce en menores de 6 meses o mayores de 6 años.
  • Si se trata de una CFC.
  • En general, los estudios complementarios deben estar orientados a la sospecha de enfermedad infecciosa subyacente y según los criterios clínicos del médico.

Véase anexos tabla 3, estudios complementarios.

Según un estudio, cuyo objetivo es estimar la rentabilidad de los exámenes complementarios y el riesgo de enfermedad intracraneal grave asociada, concluyó que la incidencia de complicaciones en la convulsión febril compleja no justificó el ingreso ni el estudio sistemático con pruebas complementarias cuando la exploración neurológica era normal. Además, el electroencefalograma de rutina no parece estar justificado27

 

PRONÓSTICO

El pronóstico es bastante favorable, en la mayor parte de los casos, el episodio convulsivo no se vuelve a producir, concretamente el 70% de los pacientes no volverán a padecerlas.

El riesgo de mortalidad por CF como tal es nulo, existe una pequeña posibilidad de que el niño sufra daño si se cae o se ahoga por alimento o saliva en la boca. Sin embargo, el riesgo de padecer epilepsia es ligeramente superior en niños que han sufrido convulsiones febriles que en el resto.

 

RIESGO DE EPILEPSIA

El riesgo de epilepsia tras padecer CF no difiere mucho del de la población general. Alrededor del 95 al 98 % de los niños que han sufrido convulsiones febriles no desarrollan epilepsia. Sin embargo, aunque el riesgo absoluto es muy bajo, algunos niños que han padecido convulsiones febriles tienen mayor riesgo de desarrollar epilepsia. En este grupo se incluyen a aquellos que tuvieron crisis febriles de larga duración, que afectaron solo a una parte del cuerpo o que se repitieron dentro de las 24 horas, y niños con parálisis cerebral, desarrollo tardío u otras anomalías neurológicas22.

Tener una convulsión febril compleja (CFC) parece relacionarse de forma independiente con mayor riesgo de epilepsia. No obstante, presentar más de una crisis dentro del mismo proceso febril parece ser el único subtipo de CFC con mayor riesgo de desarrollo de epilepsia.

No existe evidencia de que el tratamiento profiláctico de las CF con antiepilépticos prevenga el desarrollo posterior de epilepsia29.

SECUELAS NEUROLÓGICAS:

Muy raramente las CF causan daño cerebral y las secuelas son muy poco frecuentes.

Las secuelas neurológicas, incluyendo el deterioro intelectual y trastorno del comportamiento, no son habituales tras una CF. En un estudio de casos y controles, en el que se compararon niños con convulsiones febriles y niños que no habían sufrido ningún episodio, en donde se valoraba el rendimiento intelectual, la capacidad motora y la conducta adaptativa, los resultados fueron parecidos tras un mes de la primera convulsión febril y, también, un año después23.

RIESGO DE RECURRENCIA:

Los niños que han presentado más de una convulsión febril tienen un 50% de posibilidades de volver a tener un nuevo episodio. Es importante explicar a los padres que más de la mitad de las recidivas tienen lugar entre los 6 y 12 meses siguientes al primer episodio. En cambio, por encima de los 12 meses, el riesgo disminuye al 30% 24.

Esta probabilidad se ve incrementada en los siguientes casos:

  • Primer episodio con edad muy temprana.
  • Antecedentes familiares (de primer grado) de CF.
  • Si se trata de una crisis compleja.
  • Temperatura < 38ºC en el momento de la CF.
  • Si la fiebre dura menos de 1 hora antes del comienzo de la CF.
  • Si se dan varias CF en el mismo proceso.

Además, muchos de los estudios demuestran que los pacientes que padecen convulsiones febriles complejas tienen un riesgo más elevado de recurrencia y un riesgo ligeramente más elevado de desarrollar convulsiones no febriles futuras.

 

MANEJO Y TRATAMIENTO

El mayor esfuerzo en el manejo de la CF debe estar dirigido a explicar los primeros auxilios en una crisis y brindar un asesoramiento cuidadoso a padres/cuidadores.

La mayoría de las crisis tienen una duración inferior a 5 minutos, son autolimitadas y se resuelven de manera espontánea, por lo que cuando la mayoría de estos pacientes llegan al servicio de urgencias se han recuperado íntegramente. En estos casos, no está indicado el tratamiento antiepiléptico, solo tratar la fiebre con antipiréticos y evaluar la etiología de la fiebre.26

 

TRATAMIENTO MÉDICO DE LA FASE AGUDA:

Si pasados 5 minutos la convulsión no ha cedido, se recomienda tratamiento endovenoso con diazepam (0,3 mg/kg en un rango de 2 mg/min; máx. dosis 5 mg en <5 años; 10 mg en ≥5 años) o lorazepam (0,05–0,1 mg/kg en 1–2 min; máx. dosis 4 mg26.

Cuando hay difícil acceso intravenoso (IV), o cuando no se obtiene una atención médica inmediata, resulta igual de eficaz usar diazepam intrarrectal. El midazolam bucal o intranasal es también una alternativa eficaz. Según estudios consultados, el midazolam bucal o intranasal es tan eficaz como el diazepam IV en el tratamiento del estado epiléptico16.

Una vez controlada la crisis, el tratamiento de la fiebre con los antitérmicos habituales puede ayudar a mejorar el confort del niño.

Si a pesar del tratamiento administrado, la crisis persiste 5 minutos más, nos encontramos ante un estatus epiléptico febril (se produce en el 5% de las convulsiones). Es importante un abordaje precoz y adecuado ya que se asocia con hipoxia cerebral y supone un factor de riesgo para convulsiones prolongadas futuras. Está indicado el tratamiento con fenitoína IV 15-20 mg/kg26.

En casos de mucha tensión entre los familiares del paciente, lo indicado es suministrar de manera cordial información sobre el episodio convulsivo y apoyo emocional, con el fin de explicar claramente que la administración de fármacos antiepilépticos no va a prevenir el posterior desarrollo de epilepsia 20.

 

ACTUACIÓN DE ENFERMERÍA

En la fase inicial, el tratamiento tiene dos objetivos:

  • Controlar la crisis.
  • Información a los padres.

Lo más importante y complicado es intentar mantener la calma. En el caso de presenciar la crisis, se coloca al niño en decúbito supino donde no pueda golpearse o caerse. No se debe contener ya que se puede lesionar, ni intentar detener los movimientos convulsivos. Se realiza la secuencia: A, B, C, D, E. 31.

A (Airway): Mantener la vía aérea permeable. Colocación en posición lateral de seguridad (PLS), con la cabeza de lado, inspeccionando la boca por si hay que retirar cuerpo extraño

B (Breathing): Comprobar una adecuada ventilación. Evaluar frecuencia respiratoria, tipo de respiración y saturación.

C (Circulation): Monitorización hemodinámica. Medir la frecuencia cardíaca y la tensión arterial.

D (Disability): Exploración neurológica mediante escala de Glasgow y reflejo pupilar.

E (Exposure): Realizar una inspección exhaustiva dejando el cuerpo al descubierto.

Una vez que el niño esté estable, es decir, que la convulsión se encuentre bajo control, es importante entrevistar a los acompañantes para terminar de completar las características de la crisis convulsiva, así como los antecedentes del niño. A continuación, se realizará la exploración física.

 

INFORMACIÓN PARA FAMILIARES ANTE UNA CF:

Es el aspecto más importante del tratamiento de las crisis febriles. El estado epiléptico febril es, a menudo, la primera convulsión de un niño; por lo tanto, las familias rara vez reciben educación sobre el tratamiento de emergencia.

Es beneficioso enseñar a los padres cómo actuar ante estas CF en caso de presenciarlas y el modo de solicitar asistencia médica si la crisis no cede.

En la mayor parte de los casos, la CF se resuelve de manera espontánea en menos de 5 minutos y, en muchas ocasiones, antes de llegar al servicio de urgencias del hospital. Por ello es muy recomendable informar a los padres sobre la benignidad y el buen pronóstico de las CF, sobre las recurrencias, el tratamiento de primeros auxilios y hacerles entender que tienen a disminuir con la edad conforme su cerebro madura, con el objetivo de paliar la ansiedad ya que suponen una situación muy estresante y atemorizante para ellos.

Aunque suelen ser angustiosas para los padres, la gran mayoría de las convulsiones febriles son inofensivas. Durante una convulsión, existe una pequeña posibilidad de que el niño sufra alguna lesión si se cae o se ahoga por alimento o saliva en la boca. El dar los primeros auxilios adecuados para convulsiones puede ayudar a evitar estos peligros.

El profesional de enfermería debe de tener los conocimientos suficientes para enseñar a estos padres o cuidadores la manera de actuar ante una crisis. Se les informará acerca de:

  • Las crisis febriles son benignas, no causan daño neurológico y el riesgo de muerte es nulo. Tampoco tienen más riesgo de retraso intelectual o dificultades en la escuela.
  • La posibilidad de desarrollar epilepsia en un futuro, sobre todo en los casos en los que no existen factores de riesgo asociados, es semejante a la de la población general.
  • Existe el riesgo de producir nuevas crisis durante el mismo proceso febril o en posteriores episodios.
  • Los niños con mayor riesgo de recurrencia son aquellos con antecedentes familiares de epilepsia o de crisis febriles, los menores de 18 meses, y si la temperatura a la que tuvieron la convulsión no fue demasiado alta.

Es conveniente facilitar material impreso con la información más relevante a modo de folleto. Informar acerca de la periodicidad de los controles que se realizarán a lo largo del tratamiento, así como indicar la forma en que se deben anotar las crisis21.

 

¿CÓMO ACTUAR ANTE UNA CRISIS FEBRIL?

  1. En primer lugar, y gracias a la información que le hemos proporcionado a los familiares, si vuelven a presenciar una CF, deberán mantener la calma, no entrar en pánico ni sacudir al niño.
  2. Como lo más habitual es que el niño tenga el nivel de conciencia disminuido, colocarlo de lado, observar, y limpiarle la boca si tuviera restos de comida o de vómito para evitar atragantamiento.
  3. Colocar al niño en un lugar seguro, retirando objetos con los que se pueda golpear, pero no intentar detener las sacudidas con las manos.
  4. Aflojar la ropa, sobre todo alrededor del cuello para evitar lesiones y a su vez disminuir la temperatura corporal.
  5. Observar la duración de la convulsión para determinar el tipo de crisis. Si la crisis tiene una duración superior a 5 min, es la primera vez, crisis focal, múltiples crisis u otros signos de alarma poscrítico, debe decidirse el traslado a un centro médico donde se le pueda atender. Es mejor avisar a los servicios médicos de urgencia (112) que sufrir un accidente de tráfico por la precipitación y los nervios26.
  6. No administrar medicación vía oral. Aplicar medidas físicas como paños frescos en frente o axilas para disminuir la temperatura.
  7. Deben conocer que los antitérmicos no disminuyen el riesgo de recurrencia o aparición, pero sí son recomendables para mejorar el confort del niño28.
  8. Cuando haya terminado la convulsión, el niño debe ser llevado a un médico para determinar la causa de la fiebre. Es importante hacer saber a la familia, que, tras la crisis, existe un periodo poscrítico que puede durar bastantes minutos, de somnolencia o decaimiento, que no se trata de la crisis propiamente dicha, sino una especie de “recuperación” de la misma28.
  9. Los pediatras pueden indicar que las familias utilicen en su domicilio las cánulas de diazepam rectal. La indicación y utilización y su dosificación, deben ser explicadas por el pediatra o neuropediatra que trate al niño.23

Si la convulsión no cede, se deberá administrar diazepam en solución rectal. Pondrá al niño de lado y le introducirá en el recto la cánula del dispositivo, una vez exprimida la ampolla, deberá mantener los glúteos del niño comprimidos durante 3 minutos, con el fin de que no expulse el enema. Las dosis del enema de diazepam son 5 mg para los menores de 15 kg y 10 mg para los mayores de 15 kg.

  1. Una vez que la crisis haya cedido o si ésta persiste a pesar de la medicación, deberán acudir al centro sanitario más cercano para que el niño sea valorado.26

Los artículos consultados aseguran que la ansiedad en los padres y cuidadores de niños con convulsiones febriles estaba especialmente relacionada con la incertidumbre, por lo que los profesionales de la salud pueden contribuir a disminuir esta inseguridad proporcionando la información adecuada sobre las CF y la manera de actuar correctamente.26

 

CUÁNDO LLAMAR AL TELÉFONO DE EMERGENCIAS:

También brindaremos información a los familiares sobre en qué situaciones deben llamar al teléfono de emergencias:

  • Si tiene convulsiones febriles que duran más de 5 minutos.
  • Si las convulsiones solo afectan a algunas partes del cuerpo en vez de a todo el cuerpo.
  • Si le cuesta respirar o se pone azul.
  • Si tiene otro episodio convulsivo en las mismas 24 horas.
  • Si ha tenido que tomar un medicamento anticonvulsivo para detener las convulsiones febriles.
  • Un niño que no esté al día en su calendario de vacunaciones y tenga uno o más episodios de convulsiones febriles puede correr un riesgo más alto de desarrollar meningitis. Pida ayuda médica de inmediato si su hijo presenta cualquier signo de meningitis, como: rigidez de cuello, muchos vómitos en los bebés, abultamiento de una fontanela en la cabeza.

Como se mencionó anteriormente, es importante comprobar que el niño esté al día en su calendario vacunal. En el caso de no estarlo, tiene un riesgo más alto de desarrollar meningitis. Si el niño presenta cualquier signo de meningitis, como: rigidez de cuello, muchos vómitos y en los bebés, abultamiento de una fontanela en la cabeza, se deberá acudir ipso facto al servicio de urgencias del hospital más cercano20.

 

TRATAMIENTO PREVENTIVO

El tratamiento preventivo es un tema controvertido y no hay evidencia clara de que el uso de anticonvulsivantes, tanto de forma continua como intermitente, esté indicado de forma general ni disminuya el riesgo de epilepsia, aunque sí parece prevenir las recurrencias de las crisis febriles18.

El tratamiento profiláctico irá dirigido para las crisis atípicas o complejas de repetición, recurrencia elevada de los episodios, cuando existe una ansiedad importante por parte de los familiares, antecedentes familiares de epilepsia y este será individualizado a cada paciente. El pediatra o el neuropediatra evaluará la utilización de la profilaxis en cada caso, así como la relación beneficio / riesgo del tratamiento18.

Después de una evaluación personalizada por un neurólogo pediátrico, se deben considerar las recomendaciones para la prevención secundaria de los niños con CFC, especialmente si las convulsiones son prolongadas, tienen características focales y están asociadas con otros factores de riesgo para las convulsiones posteriores.

El médico puede optar por dos esquemas diferentes: pautar un antiepiléptico diariamente hasta los 3-4 años de edad, o utilizar diazepam por vía rectal u oral, intermitentemente, sólo mientras el proceso febril está en curso. Ambas pautas tienen sus inconvenientes y no han demostrado ser mejor una u otra19.

Existe un acuerdo universal de que la profilaxis con fármacos antiepilépticos nunca debe usarse de manera rutinaria en convulsiones febriles simples. La profilaxis intermitente con diazepam no parece mejorar el resultado a largo plazo en comparación con el control de las convulsiones a corto plazo. El tratamiento puede usarse para reducir la tasa de recurrencia en un pequeño grupo de niños con múltiples ataques febriles simples, ataques febriles complejos, especialmente focales, prolongados o ambos, estado febril y cuando la ansiedad de los padres es severa. Es recomendable adoptar la conducta “esperar y ver”, es decir, observar sien aplicar ningún tratamiento. Una alternativa atractiva es tratar las nuevas convulsiones febriles con DZP rectal en solución al inicio de la convulsión, administrada por los padres en el hogar para prevenir el estado febril. Las estrategias a corto plazo más nuevas y menos documentadas incluyen la administración nasal, oral o rectal de otras benzodiacepinas23.

PROFILAXIS INTERMITENTE CON ANTITÉRMICOS:

No se ha demostrado que el paracetamol o el ibuprofeno tengan efectos preventivos sobre las convulsiones febriles.

Esta información puede ser útil para aconsejar a los padres que se sienten culpables de no haber dado antitérmicos a su hijo antes de que se presentará la convulsión febril25.

 

CONCLUSIONES

Es indispensable conocer esta alteración para profundizar e informar, teniendo en cuenta que el pilar fundamental del tratamiento se basa en enseñar a los padres a actuar de una manera adecuada en el momento en el que se presente un episodio agudo, así como disminuir su ansiedad debido a la falta de información sanitaria fiable.

Las CF generan en los familiares generalmente notable angustia hasta el punto de perder la confianza en ellos mismos para poder abordarlas. Por esta razón, los profesionales sanitarios y especialmente, el personal de enfermería por su contacto más cercano a la sociedad, tienen el deber de informar, educando a los padres y disipando mitos, y asesorar a las familias sobre cómo abordar las crisis febriles en su fase aguda y cómo actuar en el caso de que vuelvan a aparecer. Es importante recalcar también el riesgo de recidiva y la posibilidad de que aparezcan entre los hermanos, constatando que son episodios benignos, donde el riesgo de muerte es nulo. Reseñar también que la profilaxis con antipiréticos no disminuye el riesgo de recidiva, así como tampoco el tratamiento con anti convulsionantes de forma continua o intermitente.

 

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