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Ácidos grasos hiperoxigenados en la prevención de UPP.

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18 julio 2021

AUTORES

  1. Andrea Juan Alejandre: Graduada de enfermería. Bloque quirúrgico de traumatología del Hospital Universitario Miguel Servet.
  2. Carmen Bricio Medrano. Diplomada de enfermería. Bloque quirúrgico de traumatología del Hospital Universitario Miguel Servet.
  3. Rosa María Rodríguez Grande. Diplomada de enfermería. Bloque quirúrgico de traumatología del Hospital Universitario Miguel Servet.
  4. Tamara Sanchís Colas. Graduada de enfermería. Planta 3 Norte de cirugías del Hospital General de la Defensa.
  5. Adrián Medrano Hernández. Diplomado de enfermería. UCI postoperatorio cardíaco del Hospital Universitario Miguel Servet.
  6. María Isabel Martín Sánchez. Diplomada de enfermería. Bloque quirúrgico de traumatología del Hospital Universitario Miguel Servet.

 

RESUMEN

Las úlceras por presión (UPP) constituyen un importante problema de salud debido al gran impacto epidemiológico que suponen por sus altos índices de prevalencia. Afectan gravemente a la salud de los pacientes que las padecen y acarrean un gran coste económico, de manera que la práctica de Enfermería es un reto en la prevención y tratamiento de las mismas. Es una lesión que nos podemos encontrar en Atención Primaria, Domiciliaria u Hospitalaria, y que requiere de una correcta actuación, sobre todo preventiva, unos protocolos o guías bien encaminados, unas valoraciones y seguimientos, así como tratamientos que hagan eficaces las medidas empleadas para prevenir las lesiones y conseguir en las ya establecidas, detener su desarrollo y disminuir el tiempo de curación de las mismas.

 

PALABRAS CLAVE

Úlceras por presión (UPP), prevalencia, prevención, valoración, enfermería, ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) y tratamiento.

 

ABSTRACT

Pressure ulcers (PU) constitute an important health problem due to the great epidemiological impact that they suppose due to their high prevalence rates. They seriously affect the health of patients who suffer from them and carry a great economic cost, so that nursing practice is a challenge in their prevention and treatment. It is an injury that we can find in Primary, Home or Hospital Care, and that requires correct action, especially preventive, well-directed protocols or guides, evaluations and follow-ups, as well as treatments that make effective the measures used to prevent lesions and get in the already established ones, stop their development and decrease their healing time.

 

KEY WORDS

Pressure ulcers (PU), prevalence, prevention, assessment, nursing, hyperoxygenated fatty acids (HOFA) and treatment.

 

INTRODUCCIÓN

Las úlceras por presión (UPP) constituyen un importante problema de salud debido al gran impacto epidemiológico que suponen por sus altos índices de prevalencia. Afectan gravemente a la salud de los pacientes que las padecen y acarrean un gran coste económico, de manera que la práctica de Enfermería es un reto en la prevención y tratamiento de las mismas. Es una lesión que nos podemos encontrar en Atención Primaria, Domiciliaria u Hospitalaria, y que requiere de una correcta actuación, sobre todo preventiva, unos protocolos o guías bien encaminados, unas valoraciones y seguimientos, así como tratamientos que hagan eficaces las medidas empleadas para prevenir las lesiones y conseguir en las ya establecidas, detener su desarrollo y disminuir el tiempo de curación de las mismas.

 

Objetivo: realizar una búsqueda para conocer la eficacia de los ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) en la prevención de las UPP, y determinar su uso en el tratamiento de las mismas.

 

Metodología: Búsqueda bibliográfica en la base de datos Scielo acotando los resultados de los últimos cinco años.

 

Resultados: los ácidos grasos hiperoxigenados son un excelente tratamiento de las úlceras, tanto en la prevención, como retrasando la aparición de éstas. Datos de un estudio demuestran que en el 86,67% de los casos la utilización de estos ácidos mejora la curación.

 

Palabras clave: Úlceras por presión (UPP), prevalencia, prevención, valoración, enfermería, ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) y tratamiento.

 

Las úlceras por presión son un problema que en España tiene un considerable impacto epidemiológico, tanto por su prevalencia (que el último y tercer Estudio Nacional de Prevalencia de UPP realizado en España en 2009 y sobre una población mayor de 65 años, estima en 24,1 % en atención primaria, en 40,6 % en hospitales y 35,3 % en centros sociosanitarios), como por sus repercusiones en diferentes ámbitos: en el nivel de salud de las personas que las padecen, la calidad de vida, el consumo de recursos para el sistema de salud e incluso pueden suponer responsabilidad legal al ser consideradas un problema evitable en un 95% de los casos1,2,3.

 

Definición:

Las úlceras por presión se definen como lesiones de origen isquémico localizadas en la piel y tejido subyacente, con pérdida de sustancia cutánea y producidas por una presión prolongada (mínimo de 2 horas) o fricción entre dos planos generalmente duros (superficie de apoyo y prominencia ósea)4,5.

 

Etiopatogenia:

La aparición de UPP depende de diferentes factores de riesgo que podemos clasificar en extrínsecos e intrínsecos.

 

El principal factor extrínseco es el efecto de una presión externa sobre los tejidos cutáneos producida entre dos planos, uno relativo al paciente (prominencias óseas) y otro externo, que causa el daño de los tejidos debido a un proceso de anoxia que comienza cuando los capilares que los irrigan están sometidos a una presión de entre 16 y 33 mmHg. Éste es el caso de aquellos pacientes que permanecen sentados o en decúbito. Por lo tanto, si esa presión no se alivia con medidas como los cambios posturales, o protección con apósitos con capacidad de reducción de la presión, estarán en riesgo de desarrollar UPP.

 

Además de la presión, hay otros factores que pueden incidir en la aparición de UPP; este es el caso de la fricción que se produce cuando una parte del cuerpo del paciente (generalmente codos, sacro y tobillos) roza contra una superficie áspera como puede ser la sábana. Este roce causa el descamamiento de las células epidérmicas y disminuye la resistencia del tejido. Cabe destacar que esta fricción puede verse relacionada con la humedad en muchos de los casos. Otro factor es el cizallamiento, que combina efectos de la presión y de la fricción. Las fuerzas de cizallamiento se producen cuando dos superficies adyacentes se deslizan una sobre la otra, como ocurre al deslizarse una persona cuando está mal sentada y/o el cabecero de la cama se eleva más de 30 º (posición de Fowler alta). En esta situación, los tejidos externos (piel, fascias superficiales) permanecen fijos contra las sábanas mientras que los tejidos profundos (fascias profundas, esqueleto) se deslizan, los vasos sanguíneos se retuercen y se comprimen, lo cual priva de oxígeno y nutrientes a la piel6. Y finalmente también encontramos como factor extrínseco la incontinencia, tanto urinaria como fecal.

 

Los factores intrínsecos son aquellos que están relacionados con la propia patología del paciente. Entre ellos, destacan los que afectan a la movilidad del paciente: la afectación neurológica o las personas con sensibilidad comprometida; los que afectan a la perfusión de los tejidos: el estado hemodinámico, los problemas derivados de patologías sistémicas y la desnutrición asociada a la deshidratación; y por último, los que afectan a la estructura de la piel2.

 

Localizaciones:

Las localizaciones de las UPP más frecuentes varían en dependencia de la posición habitual del paciente: decúbito prono, lateral, supino o sedestación. El lugar de aparición suele coincidir con la zona de piel sometida a mayor presión, generalmente donde hay prominencias o máximo relieve óseo7. De tal manera que los puntos más susceptibles de aparición de úlceras por orden de frecuencia y a nivel general son: 32,8% en sacro, 28 % en talón y 7,6% en trocánter3.

 

Además existen otro tipo de lesiones de origen iatrogénico causadas por dispositivos terapéuticos como pueden ser: mascarilla de oxígeno, tubo endotraqueal, diferentes tipos de sondas, férulas, etc.)7.

 

Valoración del paciente:

Está recomendado hacer una valoración integral en pacientes con riesgo de padecer UPP mediante el estudio de las necesidades básicas6. En primer lugar debe realizarse una valoración de la piel, que tendrá lugar en el momento del ingreso y como mínimo una vez al día y a intervalos regulares. También se llevará a cabo una inspección de la piel tras procedimientos prolongados que implican una reducción de la movilidad, y en los que el paciente está sobre una superficie de apoyo dura, como puede ser un examen radiológico largo. Al realizar esta valoración se examinarán las prominencias óseas para detectar enrojecimientos persistentes u otros cambios en la coloración de la piel. Y por último, se deberá documentar cualquier cambio detectado en la piel8,9.

 

En el manejo de las UPP, se considera la prevención como la mejor opción del tratamiento, sobre todo cuando se ha estimado que, al menos, el 95% de las úlceras por presión son evitables; por eso es tan importante la detección precoz en pacientes de riesgo y la aplicación de medidas preventivas como pueden ser10:

– Una higiene correcta con jabón neutro, un secado sin fricción, y una hidratación adecuada

– No aplicar masaje sobre zonas enrojecidas y prominencias óseas.

– Evitar el exceso de humedad en la piel: sudoración profusa, drenajes y exudado de heridas e incontinencia.

– Controlar el estado nutricional y la ingesta de líquidos.

– Manejar la carga tisular para disminuir la presión, la fricción y/o el cizallamiento mediante la movilización del paciente, cambios posturales, posiciones terapéuticas, protecciones locales o superficies especiales para el manejo de la presión.

– Reducir la incidencia de UPP a través de programas de educación11,12.

 

Valoración del riesgo:

Vista la necesidad de valorar al paciente al ingreso y de forma continuada, teniendo en cuenta la posible etiología y factores de riesgo que favorecen la aparición de úlceras por presión, es recomendable utilizar una escala de valoración.

 

Existen diferentes instrumentos para identificar y cuantificar los factores de riesgo que tiene una persona de desarrollar UPP y poder establecer un plan de cuidados preventivo11, siendo la Escala de Norton Modificada la más utilizada.

 

Se trata de una escala ordinal que incluye 5 parámetros (general, mental, movilidad, actividad e incontinencia) valorados del 1 al 4: siendo el 1 el que corresponde a un mayor deterioro y el 4 a un menor. La suma total de todos es el resultante de riesgo para el paciente de desarrollar UPP, cifra que puede oscilar entre 5 (máximo riesgo) y 20 (mínimo riesgo). Por este motivo decimos que es una escala negativa, donde una menor puntuación indica un mayor riesgo1,5.

 

– Riesgo mínimo: De 15 a 20 puntos.

– Riesgo evidente: De 12 a 14 puntos.

– Riesgo alto: De 5 a 11 puntos.

 

Esta escala valora al paciente al ingreso, luego una vez a la semana y dependiendo del nivel de riesgo, se puede realizar cada 24 horas o cuando veamos la necesidad según observemos al paciente.

 

Además pueden existir cambios relevantes que nos lleven a incluir a los pacientes que los padecen dentro de la población de riesgo, lo que conlleva evaluar de nuevo el riesgo, como intervenciones quirúrgicas superiores a 10 horas, periodos de hipotermia prolongados, o la pérdida de sensibilidad entre otros6,13.

 

De todos modos, los dos grupos de mayor riesgo de padecer UPP según esta escala son:

– Personas mayores de 70 años que son a su vez el 70% de los afectados, debido a problemas de movilidad, incontinencia, delgadez y disminución de la capacidad del sistema circulatorio.

– Pacientes con lesión medular, con un 50% en pacientes ingresados en centros especializados1,5.

 

Tratamiento de úlceras por presión:

Valoración de la lesión:

La valoración es el punto de partida del tratamiento de las UPP. Es necesario evaluar las diferentes características de las mismas para poder clasificarlas y determinar su posterior tratamiento.

Existen diferentes características de las UPP atendiendo a:

– Tipos de tejido del lecho: Tejido necrótico, esfacelos, fibrina, tejido de granulación, tejido epitelial o cicatrizado.

– Dimensión

– Forma: Circular, ovalada, reniforme, herradura, serpiginosa o irregular.

– Estado de la piel perilesional: integra, lacerada, macerada, eccematosa o presentar celulitis.

– Secreción: escasa, moderada, profusa, hemorrágica, purulenta o serosa.

– Dolor

– Olor

– Humedad

– Borde: oblicuo, excavado perpendicular, mellado, revertido o socavado7.

Una vez observadas las diferentes características, la clasificación de las LPP se realiza en base a la profundidad anatómica del tejido dañado, pudiendo distinguir cuatro estadios:

– Estadío I: Aparece un eritema cutáneo que no palidece al presionar. La piel adquiere un aspecto rosáceo o rojizo, y en la piel oscura puede presentar tonos rojos, azules o morados. Afecta a la epidermis.

– Estadío II: Pérdida parcial del grosor de la piel que afecta a la epidermis, dermis superficial o ambas. La piel se presenta agrietada o con vesículas.

– Estadío III: Pérdida total del grosor que implica lesión o necrosis del tejido subcutáneo. Puede presentar exudado. Afecta a dermis profunda e hipodermis.

– Estadío IV: Pérdida total del grosor de la piel con destrucción extensa y tejido necrótico, con afectación del tejido o lesión en músculo, hueso o estructuras de sostén11,14.

 

Fases de cicatrización:

El proceso de cicatrización de las úlceras por presión se divide en tres fases diferentes.

1. Fase inflamatoria o exudativa.

Se inicia en el momento en que se produce la lesión. Primero se ponen en marcha mecanismos de coagulación y hemostasia, y posteriormente se produce una vasoconstricción para evitar la pérdida de sangre. A continuación, tiene lugar la inflamación de la zona afectada con el objetivo de eliminar agentes tóxicos. Y por último, se lleva a cabo un proceso de fagocitosis, en la que los leucocitos fagocitan bacterias y liberan enzimas que eliminan las partes dañadas y sin vitalidad. La migración de los leucocitos se detiene cuando la herida está desinfectada.

 

2. Fase de proliferación o angiogénesis

En esta fase se produce una reconstrucción del tejido vascular y la formación del tejido de granulación por parte de los fibroblastos.

 

3. Fase de reconstrucción

Se produce la contracción de los bordes de la herida desde fuera hacia dentro. A continuación, tiene lugar la migración de células epiteliales hacia la superficie de la herida, lo que se conoce como epitelización. El último proceso llevado a cabo es la remodelación, que consiste en la reconstrucción de las fibras de colágeno de la zona afectada, pudiendo durar varios años15.

 

Cuidados locales:

Indudablemente, y como ya hemos mencionado, el mejor tratamiento para las UPP es la prevención.

 

En la prevención de una úlcera por presión debemos tener en cuenta muchos factores que evitan la aparición de esta patología: higiene y cuidado de la piel, nutrición adecuada, valoración del riesgo, cambios posturales, y el uso de dispositivos para aliviar la presión (almohadas, taloneras, vendaje algodonado, etc.). Cuando las medidas de prevención no son suficientes y aparece una lesión, lo primero que debemos hacer es valorarla teniendo en cuenta las características citadas anteriormente.

 

Una vez valorada, debemos proceder al tratamiento local de la lesión, que se divide en tres fases: limpieza correcta de la herida, desbridamiento mecánico para eliminar la fibrina y los detritos, y cura.

 

Si la herida posee tejido necrótico debemos desbridar, proceso mediante el cual eliminamos el tejido desvitalizado y/o necrosado. Para ello existen varias técnicas: cortante o quirúrgica, química o enzimática, pomadas a base de colagenasa, autolítico y mecánica.

 

En la cura de las úlceras existen dos grandes tipos de materiales: los basados en la cura tradicional, que dejan la herida expuesta al aire atmosférico, y los basados en la cura en ambiente húmedo, que son productos con la capacidad de mantener el lecho de la lesión húmedo y los más utilizados en la actualidad.

 

A pesar de la presencia de tejido necrótico o no, y el tipo de material utilizado para la cura, la técnica general de la cura es la siguiente:

– Limpieza con suero fisiológico al 0.9%

Es de vital importancia no utilizar en las heridas antisépticos locales (povidona yodada, clorhexidina, agua oxigenada, ácido acético, solución de hipoclorito, etc.) porque son productos de reconocida toxicidad y agresividad con los granulocitos, monocitos, fibroblastos y el tejido de granulación y en algunos casos su uso prolongado puede provocar problemas sistémicos.

– Secado de la lesión y la zona periulceral cuidadosamente.

Los posteriores procedimientos dependen del estadío de la úlcera:

– Úlceras de estadío I: apósito hidrocoloide para visualizar la zona y ácidos grasos hiperoxigenados.

– Úlceras de estadío II y III con escaso exudado: rellenado con alginato cálcico y protección con un apósito hidrocelular.

– Úlceras de estadío IV: relleno de cavidades con alginato cálcico y protección con apósito hidrocelular. Realizar relleno con colagenasa en caso de existir esfacelos o tejido necrótico.

– Por último y en cualquier estadío, se debe de elegir el apósito más adecuado, cubriendo 2-3 cm como mínimo alrededor de la lesión.

Si existen sospechas de que la herida está infectada, deberá realizarse una toma de muestra para diagnosticar la infección3,7,8,12,16,17.

 

Complicaciones

  1. Sepsis:

Los pacientes con úlceras por presión pueden desarrollar signos y síntomas clínicos de sepsis. Los síntomas más clásicos de infección local de la úlcera cutánea son: inflamación (eritema, edema, tumor, calor), dolor, olor y exudado purulento.

 

La infección de una úlcera puede estar influenciada por factores propios del paciente (déficit nutricional, obesidad, diabetes, fármacos…) y otros relacionados con la lesión (existencia de tejido necrótico, alteraciones circulatorias en la zona)11,15.

 

2. Celulitis:

Infección que afecta a partes blandas profundas y que se puede extender muy rápidamente. A nivel local se observa eritema, dolor, calor y a nivel general puede aparecer fiebre.

En casos graves de infección pueden aparecer síntomas como vesículas, pústulas, ulceración y necrosis que afectan a la fascia muscular y a la musculatura.

 

3. Osteomielitis:

Complicación infecciosa de algunas UPP que afecta al hueso subyacente a la lesión. Suelen aparecer signos inflamatorios, pero a veces es asintomática, siendo difícil establecer su diagnóstico, ya que es necesario que el hueso pierda entre un 40-50% del contenido mineral para hacer un diagnóstico radiológico.

Hay que sospechar de una posible osteomielitis en los casos de lesiones que, después de una correcta limpieza y desbridamiento, no cicatrizan correctamente y continúan persistiendo signos de infección local11.

 

4. Dolor:

Es un componente importante en la vida de las personas que padecen heridas crónicas y afecta de forma negativa a su vida y la de sus cuidadores. Diversos estudios han demostrado que los pacientes que presentan heridas crónicas suelen estar sujetos a cambios de apósito, siendo la etapa más dolorosa. Además, el desbridamiento de esfacelos y placas necróticas, la aplicación de antisépticos y el uso de ciertos procedimientos de limpieza de heridas también son causantes del dolor18.

 

Metodología enfermera:

00047 Riesgo de deterioro de la integridad cutánea.

– Definición: riesgo de que la piel se vea afectada negativamente.

– Intervenciones (NIC).

3540 Prevención de UPP.

– Resultados (NOC).

1902 Control del riesgo.

1908 Detección del riesgo.

 

00046 Deterioro de la integridad cutánea.

– Definición: situación en que el paciente sufre un deterioro de la epidermis y/o la dermis.

– Intervenciones (NIC):

0840 Cambio de posición.

3500 Control de presiones.

3520 Cuidado de las UPP.

3590 Vigilancia de la piel.

Enfermería clínica I: UPP 2011/2012.

– Resultados (NOC):

1902 Control del riesgo.

1101 Integridad tisular: piel y membranas mucosas.

 

00004 Riesgo de infección.

– Definición: aumento del riesgo de ser invadido por microorganismos patógenos.

– Intervenciones (NIC):

6540 Control de infecciones.

6550 Protección contra las infecciones.

– Resultados (NOC).

1609 Conducta terapéutica: enfermedad o lesión.

 

00132/00133 Dolor agudo/Dolor crónico.

– Definición: experiencia sensitiva y emocional desagradable ocasionada por una lesión tisular real o potencial, de inicio súbito o lento, de intensidad leve o grave, constante o recurrente, sin un final anticipado o previsible y una duración menor de 6 meses (dolor agudo) o mayor de 6 meses (dolor crónico).

– Intervenciones (NIC):

1400 Manejo del dolor.

– Resultados (NOC):

1605 Control del dolor.

 

OBJETIVO

Realizar una búsqueda bibliográfica para conocer la eficacia de los AGHO en la prevención de las úlceras y determinar su uso en el tratamiento de las úlceras por presión.

 

MATERIAL Y MÉTODO

Hemos realizado una búsqueda bibliográfica en las bases de datos Scielo, Pubmed, Cuiden y Elsevier para encontrar artículos orientados a nuestra hipótesis. Para ello hemos introducido palabras clave como úlcera, prevención y ácidos grasos hiperoxigenados, y además para afinar más la búsqueda y poder encontrar datos más recientes hemos escogido artículos de los últimos cinco años. De todos los artículos encontrados hemos seleccionado los cuatro que más se ajustaban para llevar a cabo nuestros objetivos.

 

RESULTADOS

Carrasco Herrero y colaboradores19 en 2011 realizaron un estudio experimental de tipo ensayo no controlado en el centro de salud Santa Bárbara de Ronda, Málaga, sobre si la prevención y la constancia conducen a la integridad tisular. De los 78 casos registrados, en 15 de ellos aparecen recidivas representando una incidencia del 19 %. En el resultado encontramos 8 lesiones de grado I, cinco de grado II y dos de grado III. Tanto en el caso de los varones como de las mujeres, la mayoría de ellas se encuentran localizadas en el miembro inferior. Para finalizar, el índice de curación fue del 86, 67% tras renovar el tratamiento con Mepentol® Leche, un ácido graso hiperoxigenado en emulsión.

 

En el grupo de pacientes que siguieron dicho tratamiento de forma continuada aparecieron recidivas en un 6%; en el grupo que lo siguió de forma intermitente sufrieron recidivas un 25% y finalmente en el grupo de sujetos que lo abandonaron hubo recidivas en el 66% de los casos.

 

Martínez Cuervo y colaboradores20 en 2009 realizaron un estudio de revisión bibliográfica a partir de doce estudios: diez descriptivos y dos ensayos clínicos, sobre la efectividad de los ácidos grasos hiperoxigenados en el cuidado de la piel perilesional, la prevención de las úlceras por presión, vasculares y de pie diabético.

 

De los doce estudios revisados por Martínez Cuervo, un estudio observacional prospectivo realizado en 36 centros geriátricos franceses sobre un total de 1121 personas mayores con riesgo de desarrollar UPP obtuvo diferencias significativas entre la utilización de un AGHO y la aplicación de una sustancia oleosa.

 

Entre esta docena de estudios también se encuentra el de Declair y colaboradores, un ensayo clínico comparativo de doble ciego donde demuestran la efectividad de los ácidos grasos hiperoxigenados con 86 pacientes con riesgo de desarrollar UPP. Además, cabe destacar los resultados positivos en la hidratación y elasticidad de la piel.

 

Por último, entre los estudios revisados se encuentra un ensayo clínico llevado a cabo en el Hospital General Vall d’Hebron con 192 pacientes, donde se observó una diferencia estadísticamente significativa (P< 0,007) en la formación de UPP. En el grupo control y experimental se aplicaron las medidas habituales de prevención y en el experimental utilizaron también AGHO, grupo en el que la aparición de UPP fue menor.

 

López Escribano y colaboradores21 realizaron una búsqueda bibliográfica sobre la eficacia de los ácidos grasos hiperoxigenados en la prevención de las úlceras por presión en 2007 basándose en 2 ensayos clínicos aleatorizados. En el estudio de Gallart, realizado sobre una muestra de 192 pacientes, se observó una incidencia de UPP del 19% en el grupo intervención frente al 35% del grupo placebo. En el caso de Torre i Bou, el estudio fue realizado sobre una muestra de 331 pacientes, en el que también observaron una menor incidencia de UPP en el grupo de intervención (7,32%) frente al 17,37% del grupo placebo.

 

Vives Sánchez y colaboradores22 llevaron a cabo en 2008 una revisión bibliográfica en la Comunidad Valenciana sobre la “Efectividad de los Ácidos Grasos Hiperoxigenados en la prevención de las úlceras por presión y vasculares”.

 

Evaluaron el efecto beneficioso de los compuestos AGHO para el cuidado de la piel y cicatrización tanto por vía oral como por vía tópica; así como la mejora de la hidratación para evitar la sequedad cutánea, debido a la gran absorción que presentan.

 

Los resultados recogidos indican que la utilización de productos AGHO para la prevención y el tratamiento coadyuvante a las complicaciones en la piel con tendencia a ulcerarse disminuye su incidencia, y en caso de que no las evita, retarda el tiempo de su aparición.

 

CONCLUSIÓN

Todos los artículos seleccionados demuestran en sus estudios evidencias acerca del uso de los Ácidos Grasos Hiperoxigenados (AGHO) en pacientes con riesgo de ulceración. Se ha podido observar que son una medida preventiva muy eficaz y en caso de no poder evitar su aparición, actúan retrasando el tiempo de inicio de esta patología.

 

Comparando todos los artículos y sus resultados expuestos anteriormente, podemos decir que nuestra hipótesis es correcta ya que observamos que los ácidos grasos hiperoxigenados, debido a su efectividad, constituyen una opción terapéutica óptima que además forma parte de los protocolos clínicos y de actuación enfermera en la prevención de las úlceras crónicas y en el cuidado de la piel perilesional. Hasta el día de hoy no se han realizado numerosos estudios sobre los AGHO, pero los llevados a cabo hasta el momento demuestran eficacia en la práctica enfermera.

 

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