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Acciones extraóseas de la vitamina D.

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5 abril 2021

AUTORES

  1. Antonio José Villalba Torres. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  2. Evelyn Bernad Serrano. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Royo Villanova, Zaragoza.
  3. Rosa María Canillo Sánchez. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  4. Andrea Espartero González. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
  5. Dafne Evangelina Melendo Villanueva. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
  6. Laura Belenguer Crespo. Técnico Superior en Laboratorio de Diagnóstico Clínico. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.

 

RESUMEN

La vitamina D es una vitamina liposoluble que hace referencia a dos moléculas diferentes: la vitamina D3 (colecalciferol), presente en animales, y la vitamina D2 (ergocalciferol), presente en plantas, algas y hongos. Ambas son sintetizadas por exposición a los rayos UVB de la luz solar, siendo ésta su principal fuente de obtención. Aunque su forma activa es la 1,25-(OH)2-D, es su precursora, la 25-OH-D, la utilizada para medir su concentración sérica debido a su mayor vida media, considerándose hipovitaminosis cuando es menor a 20 ng/ml. La insuficiencia/deficiencia de esta vitamina es actualmente una pandemia a nivel global que afecta a individuos de todos los grupos de edad. El descubrimiento de que la mayoría de las células del organismo tienen receptores de vitamina D (VDR) y enzimas específicas para activarla, ha hecho crecer el interés por el estudio de sus acciones extraóseas, relacionándose su déficit con enfermedades cardiovasculares y metabólicas, cáncer, y enfermedades inmunológicas e infecciosas, además de desempeñar un rol destacable en los procesos relacionados con el envejecimiento. La mayoría de los estudios disponibles hasta el momento son observacionales y epidemiológicos, los cuales no son los más adecuados para el estudio de la causalidad. Por tanto, es necesario el diseño de ensayos clínicos apropiados que permitan comprobar que una modificación en sangre de los valores de vitamina D repercuten favorablemente tanto en la prevención como el pronóstico de aquellas enfermedades en las que parece estar implicada.

 

PALABRAS CLAVE

Vitamina D, epidemiología, neoplasias, inmunidad, hipertensión, longevidad.

 

ABSTRACT

Vitamin D is a fat-soluble vitamin that refers to two different molecules: vitamin D3 (cholecalciferol), present in animals, and vitamin D2 (ergocalciferol), present in plants, algae and fungi. Both are synthesized by exposure to UVB rays from sunlight, which is the main source of obtaining. Although its active form is 1,25-(OH)2-D, it is its precursor, 25-OH-D, the one used to measure its serum concentration due to its longer half-life, being considered hypovitaminosis when it is less than 20 ng/ml. The insufficiency/deficiency of this vitamin is currently a global pandemic that affects individuals of all age groups. The discovery that most cells in the body have vitamin D receptors (VDR) and specific enzymes to activate it, has increased interest in the study of its extraosseous actions. Its deficit is related to cardiovascular and metabolic diseases, cancer, and immunological and infectious diseases, in addition to playing an important role in the aging process. Most of the studies available to date are observational and epidemiological, which are not the most suitable for the study of causality. Therefore, the design of appropriate clinical trials is necessary to verify that a modification in vitamin D blood levels has a favorable impact on both the prevention and the prognosis of those diseases in which it seems to be involved.

 

KEY WORDS

Vitamin D, epidemiology, neoplasms, immunity, hypertension, longevity.

 

INTRODUCCIÓN

Las vitaminas son un grupo de micronutrientes imprescindibles ya que participan en procesos fisiológicos fundamentales del organismo. Pueden ser clasificados en dos grupos: liposolubles (A, D, E y K) e hidrosolubles (todas las del complejo B y C).

 

En el s. XVIII se constató que los niños que habitaban ciudades del norte de Europa presentaban un retraso en el crecimiento con deformaciones esqueléticas, denominándose raquitismo a dicha afectación. En 1822, Sniadecki pudo atribuir el desarrollo de esta enfermedad a la falta de una adecuada exposición solar. En 1921, McCollum pudo identificar una sustancia presente en grasas capaz de prevenir el raquitismo, momento en el que se produjo el descubrimiento de la vitamina D (VD). Fue definitivamente descrita como una vitamina liposoluble esencial para la formación ósea y el mantenimiento de la homeostasis del calcio en 19221, 2.

 

En la actualidad, el término VD hace referencia a dos moléculas diferentes: la vitamina D3 (colecalciferol) y la vitamina D2 (ergocalciferol). La primera se forma en la piel del ser humano y animales a partir del 7-dehidrocolesterol por exposición a los rayos UVB de la luz solar, mientras que la segunda se genera en plantas, algas, hongos y levaduras a partir del esteroide ergosterol, también por la exposición a los rayos UVB1, 3.

 

La principal fuente de VD es la obtenida mediante la exposición a la luz solar (90% del total), ya que hay muy pocos alimentos ricos en esta vitamina (huevos, algunos pescados, manteca, hongos). También puede ser obtenida mediante la toma de suplementos o alimentos fortificados1, 3, 4.

 

Diversos factores pueden dificultar la producción dérmica de VD. La melanina de la piel compite con los precursores de la VD por los rayos UVB, razón por la cual son las pieles más pigmentadas las que requieren mayor tiempo de exposición. Además, la concentración cutánea de 7-dehidrocolesterol se ve reducida con el envejecimiento. Por ejemplo, una persona de 70 años produce menos del 30% de VD que una de 30 a idéntica exposición solar. Por otro lado, las latitudes mayores de 35º, el momento del día y la estación del año repercuten fuertemente en la producción de VD1, 3, 4.

 

Sea cual sea el origen (alimentario, cutáneo o farmacológico), la VD (colecalciferol y ergocalciferol) es transportada al hígado unida a una α1-globuliba, la DBP, dónde es hidroxilada en posición 25 por la 25-hidroxilasa dando lugar a la 25-hidroxivitamina D (25-OH-D) o calcidiol, que constituye la forma de VD más abundante en nuestro organismo y que tiene una vida media larga (dos o tres semanas), razón por la que esta forma es la aceptada para medir y evaluar el estado corporal de VD en el laboratorio de análisis clínicos1, 3, 6.

 

El calcidiol o 25-OH-D es biológicamente inactivo, por lo que es hidroxilado por la enzima 1α-hidroxilasa para convertirse en la forma activa, la 1,25-dihidroxivitamina D (1,25-(OH)2-D) o calcitriol. Aunque este proceso ocurre principalmente en los riñones, puede darse también en otros órganos y tejidos en los que hay expresión de la 1α-hidroxilasa, produciéndose así una activación extrarrenal de la VD que hace que actúe en el sitio donde se produce y que lleve a cabo, por tanto, una acción autocrina y paracrina5, 6, 7.

 

El 1,25-(OH)2-D actúa uniéndose a su receptor intracelular (VDR), un receptor de tipo nuclear que actúa como factor de transcripción. Se forma así un complejo VD-VDR que regula la síntesis de una gran variedad de genes mediante la formación de heterodímeros con las tres isoformas del receptor del ácido retinoico (RXR). Este heterodímero (RXR-VDR) se une a unas secuencias específicas del ADN que se localizan en regiones promotoras de genes diana, de forma que los regula estimulando o inhibiendo su expresión. Así, se considera que aproximadamente un 3% del genoma humano es regulado directa o indirectamente por la forma activa de la VD5, 6.

 

Aunque el VDR se encuentra de forma abundante en aquellos órganos implicados en el metabolismo del calcio y la remodelación ósea (intestino, riñón, paratiroides y hueso), también se localiza en tejidos relacionado con el sistema inmune y neuroendocrino: epidermis, miocitos, cardiomiocitos, célula beta pancreática, endotelio, linfocitos, próstata, ovario, cerebro, mama y colon6.

 

Niveles óptimos de vitamina D:

Un estado adecuado del sistema endocrino de la VD resulta fundamental para el correcto funcionamiento de prácticamente todo el organismo. El principal indicador de dicho estado es la 25-OH-D, ya que es el metabolito con mayor vida media en plasma y es el sustrato para la síntesis de la 1,25-(OH)2-D. Por tanto, su medición está aceptada como indicador del estado de VD3.

 

La definición de niveles óptimos de VD sigue siendo motivo de controversia. El Instituto de Medicina de EEUU (IOM) propone valores para la población general mayores de 20 ng/ml (50 nmol/l), mientras que la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF) recomienda valores por encima de 30 ng/ml (75 nmol/l). Esta última recomendación es la que presenta más apoyo por parte de múltiples sociedades científicas de diversos países, entre ellos, España. Concentraciones séricas de 25-OH-D mayores de 30 ng/ml, aseguraría la máxima absorción intestinal del calcio y los niveles más bajos de PTH, evitando así el desarrollo de hiperparatiroidismo secundario, por lo que serían suficientes para una adecuada salud ósea. Para obtener resultados favorables en objetivos de salud extraóseos es posible que sean necesarios valores aún más superiores. Aunque el valor sérico máximo recomendable también resulta controvertido, se ha propuesto que el umbral máximo de toxicidad está por encima de los 150 ng/ml (375 nmol/l)3, 8.

 

En resumen, se podría establecer la siguiente clasificación de los valores séricos de 25-OH-D:

  • Niveles suficientes de VD: mayor de 30 ng/ml (75 nmol/l).
  • Insuficiencia de VD: 20-30 ng/ml (50-75 nmol/l).
  • Deficiencia de VD: menor de 20 ng/ml (50 nmol/l).
  • Toxicidad por VD: mayor de 150 ng/ml (375 nmol/l).

 

Situación epidemiológica de los niveles de vitamina D:

En la actualidad, la insuficiencia/deficiencia de VD constituye una pandemia a nivel global, afectando tanto a niños y adolescentes como a adultos. Ha sido descrito que un 88% de la población tiene concentraciones plasmáticas de 25-OH-D por debajo de 30 ng/ml, un 37% niveles inferiores a 20 ng/ml y un 7% valores por debajo de 10 ng/ml3, 8.

 

Esta situación se produce de forma similar en España a pesar de tener una climatología que resulta favorable para la síntesis adecuada de VD por exposición solar. Esta hipovitaminosis, que también afecta al resto de países mediterráneos, puede ser debida al escaso aporte dietético que no puede ser compensado con la producción cutánea, la protección a la exposición solar durante los meses de verano y porque la mayor parte de la península ibérica se encuentra por encima del paralelo 35ºN, de manera que la inclinación de los rayos solares hace que la posibilidad de sintetizar VD sea escasa en invierno y primavera3, 8.

 

OBJETIVO

El objetivo del presente artículo es revisar, de acuerdo con la evidencia existente, la influencia que tiene la vitamina D en el mantenimiento de la salud humana más allá de su clásica y bien conocida acción sobre el sistema musculoesquelético.

 

METODOLOGÍA

Se trata de una revisión bibliográfica de artículos de interés científico. Para ello se realizó una búsqueda sistemática empleando las bases de datos PubMed y Scielo, así como el buscador Google Académico. Como criterios de búsqueda se establecieron las fechas comprendidas entre el año 2008 y el 2021, y los idiomas español e inglés.

 

RESULTADOS

El descubrimiento de que la mayoría de las células del organismo tienen receptores para la VD así como la maquinaria enzimática para activarla, y el hecho de que desde hace tiempo se observa un gradiente creciente de incidencia de diversas patologías desde el ecuador hacia las latitudes más extremas, han llevado a un aumento del interés por el estudio de aquellas acciones no clásicas de la VD. Así, más allá de mantener la homeostasis en el metabolismo del calcio-fósforo, la VD parece tener efectos importantes sobre las enfermedades crónicas más prevalentes, relacionándose un déficit de la misma con enfermedades cardiovasculares y metabólicas, cáncer, y enfermedades inmunológicas e infecciosas, además de desempeñar un rol destacable en los procesos relacionados con el envejecimiento4, 6.

 

ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES Y VITAMINA D:

Existen numerosos artículos en los que se ha subrayado una posible asociación entre la hipovitaminosis D y el aumento de riesgo de padecer enfermedades relacionadas con el sistema cardiovascular, especialmente, la hipertensión arterial, la diabetes y el síndrome metabólico1.

 

Hipertensión arterial

Se ha observado que los factores asociados a la deficiencia de VD inducida por la radiación UVB, como son las poblaciones que habitan en latitudes altas, la piel oscura y la industrialización, presentan relación con la elevación de la presión arterial. Una muestra de ello fue el estudio Krause, en el que se reportó que pacientes con hipertensión arterial (HTA) no tratada expuestos a radiación UVB tres veces por semana durante tres meses, tuvieron un incremento del 180% de la concentración de 25-OH-D circulante y un descenso de 6 mmHg en las presiones sanguíneas diastólicas y sistólicas, un efecto similar al esperado en el caso de pacientes con tratamiento farmacológico. Además, este cambio no fue observado en el grupo control tratado con radiación UVA6, 11.

 

En el marco del NHANES III se encontró que los participantes con niveles séricos de 25-OH-D menores de 25 ng/ml tenían una mayor prevalencia de HTA, diabetes, obesidad e hipertrigliceridemia en comparación con aquellos con unos niveles superiores a 37 ng/ml, lo que muestra una asociación entre déficit de VD e importantes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular1, 4.

 

En cuanto a la hipertensión inducida por el embarazo, un estudio mostró que aquellas mujeres con niveles inferiores a 15 ng/ml de 25-OH-D al inicio del embarazo tenían 5 veces más posibilidades de desarrollar esta patología al final del embarazo1.

 

Aunque los diferentes estudios epidemiológicos reportan que puede existir una asociación entre hipovitaminosis D e HTA, no han podido demostrar una relación causa-efecto. Con este objetivo se realizó un estudio prospectivo en 1484 mujeres, en el que se demostró que los valores de VD están inversa e independientemente relacionados con el riesgo de HTA6.

 

Diabetes:

La VD parece desempeñar un rol importante en la secreción normal de insulina debido al efecto directo sobre los VDR de las células beta pancreáticas, y al indirecto mediado por la presencia de proteínas fijadoras de calcio dependientes de VD en el tejido pancreático. Así, el efecto de esta vitamina sobre la insulinosensibilidad pudo ser estudiado sobre 126 individuos normoglucémicos, obteniéndose que los sujetos con hipovitaminosis D presentaban un riesgo incrementado de insulinorresistencia y una disminución de la síntesis de insulina. Por tanto, estos resultados arrojan una correlación positiva significativa entre déficit de VD e insulinosensibilidad, así como un efecto negativo de la hipovitaminosis sobre la función de las células beta4, 11.

 

En base a la evidencia existente se ha postulado la posibilidad de que la deficiencia de VD pueda conllevar al desarrollo de diabetes mellitus tipo II (DMII), señalándose como un factor de riesgo para la intolerancia a la glucosa. Se ha encontrado un aumento en la secreción de insulina y una mejora importante en la tolerancia a la glucosa en pacientes que reciben tratamiento con suplementos de VD, lo que ha llevado a establecer una asociación inversa entre la concentración sérica de 25-OH-D y riesgo de desarrollo de DMII11.

 

Aunque la hipovitaminosis D es más común en la DMII que en la diabetes mellitus tipo I (DMI), también parece ejercer un rol en la génesis de esta última, probablemente debido a su papel como potente modulador de las citoquinas inflamatorias que lesionan las células beta. Se pudo comprobar en un estudio realizado en niños que una suplementación diaria con 2000 UI durante el primer año de vida, reducía en un 80% la posibilidad de desarrollar DMI. En cambio, aquellos niños con sospecha de raquitismo presentaron tres veces más posibilidades de padecerla1, 11.

 

Síndrome metabólico

Diversos estudios sugieren una posible asociación inversa entre la concentración sérica de 25-OH-D y la presencia de síndrome metabólico (SM), reportando una probabilidad un 54% más baja de padecer esta patología en individuos con unos niveles adecuados de VD y un incremento de aproximadamente tres veces la prevalencia en individuos con hipovitaminosis. No obstante, existen otros estudios en los que no se encontró asociación inversa, como los llevados a cabo por Reis et al y por Hjelmesaeth et al. Sin embargo, sí encontraron asociación del incremento de la probabilidad de SM con un aumento de los niveles de la hormona paratiroidea (PTH). De igual forma, Liu et al, además de no encontrar la asociación inversa entre VD y SM, pudo ratificar el papel esencial del calcio en la prevención de dicho síndrome. Por tanto, aún es necesaria una mayor evidencia que demuestre la relación SM-déficit de VD11.

 

INMUNIDAD Y VITAMINA D:

Existe un interés creciente en los últimos años por el potente efecto inmunomodulador que presenta la VD sobre el sistema inmune. Este interés se ha hecho aún más evidente con la crisis sanitaria por COVID-19, siendo numerosos los estudios sobre el rol que podría jugar esta vitamina en la respuesta inmunitaria frente al virus1.

 

Se ha comprobado la vasta expresión del VDR en las diferentes células inmunes (células presentadoras de antígenos, monocitos, macrófagos, células dendríticas, células NK, linfocitos T y B) y los efectos de la 1,25-(OH)2-D en modelos experimentales de diversas enfermedades tanto infecciosas como autoinmunes4.

 

En estudios realizados sobre el Mycobacterium tuberculosis, se ha evidenciado la relación entre VD y la infección por dicha bacteria. Ha podido ser observado cómo los monocitos y macrófagos expuestos a la infección fueron capaces de inducir la expresión del VDR y de la enzima 1α-hidroxilasa cuando las concentraciones séricas de 25-OH-D eran mayores de 30 ng/ml, produciéndose así un aumento de la 1,25-(OH)2-D. Ésta a su vez es capaz de promover la síntesis de proteínas antibacterianas como la catelicidina, capaz de destruir micobacterias. Por tanto, la eficacia de la respuesta ante estos microorganismos puede depender, entre otras cosas, del estatus de VD del huésped1, 4.

 

También es conocido que en niños con raquitismo son más frecuentes las infecciones, especialmente la neumonía. En un estudio realizado en niños turcos con raquitismo se pudo observar que la deficiencia de VD llevaba a la depleción de linfocitos B y células NK, resultando por tanto más predispuestos a infecciones1.

 

Se ha comprobado en estudios experimentales el efecto supresor de la 1,25-(OH)2-D de enfermedades autoinmunes como artritis, DMI, lupus eritematoso sistémico, enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y esclerosis múltiple (EM). Su acción se basa en su capacidad de inducir la proliferación de linfocitos T reguladores y las NK, y de inhibir a las células Th1, suprimiendo así los fenómenos de autoinmunidad4.

 

En modelos experimentales de EII y EM se ha podido observar cómo ante la ausencia de VD se desarrollan células T autorreactivas, mientras que en presencia de 1,25-(OH)2-D con su VDR funcional se restauraba el equilibrio en la respuesta de los linfocitos T, evitándose así los fenómenos de autoinmunidad4.

 

Un estudio realizado en militares de EEUU mostró una reducción de un 40% de EM por cada incremento de 25-OH-D de 20 ng/ml. Esta reducción fue aún más marcada (91%) en los individuos menores de 20 años cuando estos niveles eran mayores de 40 ng/ml. Otro estudio llevado a cabo en enfermeras reportó una relación inversa entre suplementación con VD y EM, produciéndose una reducción del 41% de probabilidad de padecer esta patología en aquellas mujeres que consumían 400 UI/día comparadas con las que no consumían1.

 

También es de interés el papel de la VD en pacientes asmáticos. Se ha podido comprobar que influye sobre la inmunidad innata y adaptativa, sobre la respuesta a los corticoides y sobre la reducción del músculo liso de las vías respiratorias en estos pacientes. Sin embargo, los escasos estudios realizados sobre la relación de los niveles de VD y la incidencia o prevalencia de asma no han mostrado ninguna asociación estadísticamente significativa, siendo necesarios nuevos estudios estandarizados que puedan extraer una evidencia más sólida respecto a esta enfermedad12.

 

Cabe destacar el creciente interés que ha despertado la pandemia por COVID-19 y su posible relación con la VD. En los últimos meses han sido publicados diversos estudios observacionales sobre los niveles de 25-OH-D en pacientes con COVID-19. En un estudio realizado sobre 202 pacientes con COVID-19, se observó que, en el grupo de pacientes con síntomas severos, el 29% tuvo niveles de insuficiencia y el 40% niveles de deficiencia, mientras que en el grupo con síntomas críticos, el 26% tuvo niveles de insuficiencia y el 33% niveles de deficiencia. En otro estudio retrospectivo sobre 780 pacientes infectados, se obtuvo que aquellos pacientes con insuficiencia y deficiencia de VD, tuvieron 7 y 20 veces mayor riesgo de mortalidad, respectivamente. Otros autores también analizaron la correlación negativa entre niveles de VD y el número de casos de COVID-19, comprobando que había una mayor tasa de ingreso hospitalario y de mortalidad en aquellos países en los que se había descrito una alta prevalencia de déficit de VD, y observando un mayor número de positivos en los individuos con deficiencia de VD. Por otro lado, aunque aún es necesaria mayor evidencia sobre la suplementación con VD en la pandemia por COVID-19, parece ser que dosis adecuadas para alcanzar niveles séricos superiores a 40-50 ng/ml podría ser una medida coadyuvante y/o preventiva13.

 

CÁNCER Y VITAMINA D:

La evidencia experimental sugiere que el 1,25-(OH)2-D puede reducir el riesgo de cáncer mediante la regulación de la proliferación, la diferenciación y la apoptosis celular, así como de la inhibición de la angiogénesis. Los efectos antineoplásicos están relacionados con la capacidad de la célula para expresar 1α-hidroxilasa, produciéndose así la activación intracelular del 25-OH-D en la célula diana. La unión del 1,25-(OH)2-D al VDR regula la expresión de más de 60 genes que ejercen efecto pro-diferenciativos, antiproliferativos y antimetastásicos en las células1 ,2, 4.

 

Por otro lado, la evidencia epidemiológica también indica que una deficiencia de VD está asociada con un mayor riesgo de padecer diversos tipos de cáncer como los de colon, próstata, mama y ovario, responsables de gran parte de la mortalidad por cáncer en el mundo industrializado. Existe una asociación favorable al relacionar los niveles plasmáticos de 25-OH-D, ya sea el origen de la VD la conversión cutánea o el aporte dietético. El uso de análogos sintéticos de VD también parece mostrar efectos positivos en la actividad antineoplásica, presentando además la ventaja de que previenen la toxicidad al tener menos efectos sobre el metabolismo del calcio4, 5.

 

Existen diferentes estudios que muestran la asociación entre exposición solar y el riesgo de presentar cáncer de diferentes estirpes, presentándose un incremento de la prevalencia en aquellas latitudes más altas:

 

Cáncer colorrectal: los niveles de 25-OH-D en suero se correlacionan inversamente con el riesgo de padecer cáncer de este tipo. Un estudio pudo estimar que una concentración de 25-OH-D sobre 34 ng/ml se asocia a una reducción del 50% en la incidencia de esta neoplasia1, 7.

 

Cáncer de mama: en este tipo de neoplasia también ha sido estudiada la relación entre unos niveles séricos bajos de 25-OH-D y el riesgo de padecerla, viéndose como una concentración de 25-OH-D sobre 52 ng/ml reduce la incidencia en un 50%. Esta asociación también podría ser extrapolada a mujeres posmenopáusicas con cáncer de mama. Sin embargo, la heterogeneidad que caracteriza a esta enfermedad hace que sea posible que la VD sólo afecte a ciertos tipos de cáncer de mama1, 4, 9.

 

– Cáncer de ovario: datos procedentes de 172 países han mostrado que la incidencia de este tipo de cáncer es también mayor en aquellos países situados a mayor latitud. Sin embargo, dicha causalidad no está aún bien establecida2.

 

Cáncer de próstata: diversos estudios han informado que existe un mayor riesgo de este tipo de neoplasia en aquellos hombres que viven en latitudes más al norte del ecuador, viéndose incluso como concentraciones bajas de 25-OH-D se relacionan con un peor pronóstico de la enfermedad. A pesar de que esta relación ha sido descrita muchas veces, los mecanismos moleculares implicados aún no están claros10.

 

Es importante también remarcar que se ha podido observar que existe un mejor pronóstico para aquellos casos de cáncer diagnosticados en verano y otoño que para aquellos diagnosticados en invierno y primavera, lo cual es atribuible a la variación estacional que se produce en los niveles séricos de 25-OH-D debido a la exposición solar2.

 

LONGEVIDAD Y VITAMINA D:

En el anciano es habitual la deficiencia de VD debida tanto a razones fisiopatológicas como a hábitos sociales y culturales. Las causas de esta hipovitaminosis pueden resumirse de la siguiente forma1:

  • Falta de exposición a la luz solar, ya que los mayores suelen pasar más tiempo dentro de la vivienda.
  • Los alimentos ricos en VD capaces de suplir las carencias de la exposición solar son escasos.
  • El envejecimiento disminuye la capacidad de sintetizar VD en la piel debido a la alteración del mecanismo de fotoconversión y a la disminución del 7-deshidrocolesterol dérmico.
  • Falta de cumplimiento con la toma diaria de suplementos.

 

Un estudio prospectivo realizado en 686 individuos con una edad promedio de 62 años, observó que los participantes con unos niveles de 25-OH-D menores de 20 ng/ml presentaban valores significativamente más bajos de masa muscular, fortaleza, calidad muscular y actividad física. Por tanto, se pudo hallar una asociación entre la concentración de VD y la progresión de la sarcopenia y la actividad física4.

 

En cuanto a términos de mortalidad global, hay que destacar que un metanálisis en el que se analizó a 57311 participantes de distintos estudios randomizados mostró una menor mortalidad en el grupo que consumió VD (400-2000 UI/día) frente a los grupos que no se suplementaron1.

 

Importante mencionar un estudio realizado en 2160 gemelas sobre la asociación entre los niveles de VD y la longitud de los telómeros de los leucocitos. Se cree que dicha longitud puede ser predictora de condiciones patológicas relacionadas con el envejecimiento, donde cada ciclo celular y la presencia de eventos inflamatorios se asocian con un acortamiento de la longitud de estos telómeros. Se encontró que la concentración sérica de 25-OH-D se correlaciona significativamente en forma positiva con la longitud de los telómeros, hallazgo que evidencia los potenciales efectos de la VD en las enfermedades relacionadas con la edad1, 4.

 

CONCLUSIONES

La deficiencia de vitamina D constituye actualmente un problema de salud pública que está presente en una gran parte de la población mundial debido fundamentalmente a la baja exposición solar, especialmente en aquellos países situados en latitudes elevadas. No obstante, otros factores implicados serían una baja ingesta dietética, la obesidad, la edad avanzada, la raza negra y el uso de cremas fotoprotectoras en verano, además de enfermedades como la renal y la hepática. Está justificado el interés creciente que se viene generando respecto a esta vitamina, ya que cada vez son más las investigaciones que ponen de manifiesto el posible rol que podría jugar sobre diversos aspectos de la salud. Sin embargo, la mayoría de los datos de los que disponemos hasta el momento, provienen de estudios observacionales y epidemiológicos, los cuales son adecuados para generar hipótesis, pero no son indicativos de causalidad. Por tanto, sería interesante la realización de ensayos clínicos correctamente diseñados que permitan comprobar que una modificación en sangre de los valores de vitamina D repercuten favorablemente tanto en la prevención como el pronóstico de aquellas enfermedades en las que parece estar implicada, entre ellas, cáncer, diabetes, hipertensión arterial o enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple.

 

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